¿Pero qué narices van a resolver las pensiones ahora mismo?


Publicado en http://www.apascual.net el 24 de Febrero de 2010

Mientras las protestas ya han saltado a la calle y ya muchos participan de manifestaciones jolgórico festivas no exentas de significación política en Barcelona, Madrid y otros puntos de España aquí nadie habla de lo consustancial de la crisis que padecemos todos, especialmente más de cuatro millones de españoles. Padecemos, entrecomillado.

España está en crisis. No parece cierta tal afirmación a juzgar por las ventas de televisiones de plasma, durante las rebajas, la cesta de la compra de cada día o los coches que salen aún de los concesionarios. Sí, es cierto que muchas empresas, comercios y autónomos van cerrando sus puertas. Sí, es cierto que llevamos más de cuatro millones de parados y se esperan de forma inmediata hasta trescientos mil más, lo que nos permitirá llegar a los cuatro y medio. Sí, es cierto que algunas familias empiezan a pasarlo auténticamente mal, aunque antes lo estuvieran pasando sólo mal. Sí, es cierto que las instituciones europeas nos tienen en la mira de su mayor preocupación, después de Grecia. Todo eso es cierto pero el país no pasa hambre sólo vicisitudes para llegar a final de mes sin renunciar, eso nunca, a salir el viernes y el sábado noche; a los viajes y períodos vacacionales; a renovar –más austeramente que antes pero sin renunciar a nada- el fondo de armario; a los consabidos regalos navideños o para la celebración de cualquier circunstancia; a acudir al gimnasio para mantener la forma; a acudir al salón de belleza y al masajista; a llenar el depósito de gasolina no sólo para ir a trabajar, etc. Es decir, pasarlo mal, aquí, es no poder mantener un nivel de vida absolutamente en desacuerdo con la realidad que es España respecto a otras potencias comunitarias.

Y es cierto que pasar de ser millonarios, aunque fuera en pesetas -que el euro da para menos-, a no tener casi nada (pérdida del valor inmobiliario por debajo de la hipoteca suscrita con el banco/caja de turno) y vernos obligados a reducir y, por ende, a renunciar, es duro para cualquiera. Pero el mayor problema de España, hoy, es que no estamos tan mal. ¿Verdad señor Laporta? Sólo falta escuchar al señor Rodríguez (discúlpenme que siga citando por su apellido paterno que para eso tuvo padre también) aquella expresión grandiosa, que todavía me parece vibrar en el silencio de la sala, al loro. Pero es verdad, no estamos tan mal aunque no es menos cierto que lo estaremos, no se preocupen, todo llega. ¿Catastrofismo? Pura lógica deductiva.

Sí hemos destruido el principal motor económico del país, el sector de la construcción; sí nos hemos convertido en improductivos industrialmente por bajo rendimiento y alto absentismo, además de costes absolutamente poco competitivos; sí hemos dado prioridad a los más jóvenes e inexpertos para que sustituyeran a los que acumulaban el conocimiento a la experiencia, en puesto clave en atención a un menor costo salarial; sí no hemos sido capaces en los últimos treinta años, ni veinte, ni diez, de poner en marcha planes de desarrollo de las nuevas tecnologías y de la innovación que no sirvieran sólo para salir en la foto antes de unas elecciones a cargo del político de turno; sí no hemos sido capaces de aunar esfuerzos cuando el momento lo requería, soslayando consignas partidistas; vamos a ser ahora capaces de levantar el país a base de un crecimiento del 3% necesario para la creación de empleo, teniendo en cuenta que se pretende recortar el déficit público de 11,5 al 3% en tres años, pensando que una de las medidas para conseguirlo debiera pasar inexcusablemente por los ajustes entre el funcionariado público, auténtico bastión de las fuerzas sindicalistas. ¿Lo cree alguien en su sano juicio?¿A quién quieren engañar?.

Seamos claros, las manifestaciones de ayer contra los ajustes de las pensiones es importante, urgente pero no inminente. Prioricen por favor. El país se va a la mierda y hablamos de ampliar la edad de la jubilación que se deberá hacer, sí o sí, y mientras escurrimos el bulto de lo esencial, ¿cómo vamos a conseguir que nuestro tejido empresarial vuelva a generar puestos de trabajo y confianza en los mercados?¿cómo ponemos en pie a esa legión de emprendedores, empresarios y autónomos absolutamente desengañados, sin fuerzas y sin acceso a la financiación corriente en manos de especuladores históricos, sujetos al rendimiento de beneficios en la Bolsa?.

Disponemos de una banca poderosa, dentro y fuera, pero que depende de sus accionistas que detentan el capital anónimamente. También de mentes privilegiadas que de ponerse a trabajar codo contra codo, serían capaces de encontrar las soluciones para poner esta máquina sobre las vías de la recuperación a cinco años vista y de una forma creíble para nuestros socios europeos y, lo más importante, para nosotros mismos, si bien muchos están a sueldo privado y muy bien cotizados. Un tejido empresarial dispuesto a soportar las mil y una, como viene demostrando decenio tras decenio, sin capacidad de más endeudamiento, al límite y esperando que alguien le de la mano para asirse y salir para seguir luchando diez años más. Y, sobre todo, una masa de recursos humanos impresionante cuando se encuentra felizmente motivada, orgullosa y sabiendo el porqué hace las cosas. Eso sí, faltan los líderes que, cada vez, se van marchando más hastiados de los que dirigen el gobierno y, unos, temen perderlo y, los otros, aspiran de detentarlo.

Decía Xavier Sala i Martín, tecnócrata donde los hubiere, que la diferencia entre sus alumnos de la universidad americana y los de la universidad de Barcelona en las que da clases, es que, mientras los primeros sólo piensan en montar negocios para ganar dinero, entre los segundos predominan los que aspiran a obtener una plaza en la administración pública. Seguramente será verdad, pero lo que no dice, porque como tecnócrata con aureola académica no sabe porque no se ha movido de ese entorno y desconoce la esencia de lo que enseña, los españoles, cuando sus empresas van mal, se empeñan, se arruinan y, en ocasiones, hasta se suicidan; en Estados Unidos, y eso es lo que se enseña en las Escuelas de Negocios aquí y allí, cuando las cosas van mal, desaparecen y no han arriesgado ninguna propiedad. Eso es lo que nos hace diferentes a la raza de empresarios españoles, que morimos por nuestro sueño, por nuestra idea, por nuestra ilusión. Y eso, un Gobierno tan insensible como el Sala i Martín de turno, lo ignoran.

Ah¡ Y por favor, que alguien imponga la formación obligatoria (sí, sí, he dicho impongan) a todos los parados de este país. Que ningún parado más tenga acceso a la prestación del subsidio por desempleo si no le dedica un cupo de horas semanales obligatorias a una formación que le permita mejorar sus aportaciones al mundo laboral en general y al sector en el que se ocupaba en particular. Habrán pasado los 24 meses de desempleo de muchas personas que no sólo no habrán servido para nada (el tiempo transcurrido) si no que además les habrá deteriorado psicológicamente de una manera difícil de recuperar a medio plazo. Los parados, más que nadie, precisan de sentirse útiles para la sociedad y están acostumbrados a un ritmo de trabajo y responsabilidades como los demás; quedarse en casa buscando trabajo, veinticuatro meses, o laborando en negro, no es la mejor forma para que su incorporación permita mejorar su rendimiento en la empresa. Una medida similar debiera ser prioritaria.

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Acerca de pascualpicarin
Formador, capacitador, conferencista. Interim Manager. Consultor. Empresario. Emprendedor.

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