La política y la crisis


Publicado en http://www.apascual.net el 3 de Febrero de 2010

El ser humano es genial. Somos únicos para autodistraernos (perdonarme la licencia literaria) la atención de lo esencial, lo verdaderamente importante, para sustituirlo por lo urgente aunque se trate de una estupidez supina. Y es que de eso se trata precisamente, de distraernos en cosas menores, estúpidas y mediocres, para que no nos centremos más en aquello que verdaderamente nos debería ocupar.

Nuestro país, nuestras comunidades autónomas –unas más, otras menos-, nuestros municipios y nuestras empresas están, en su mayor parte, destilando números rojos por todos los poros de sus balances y cuentas de resultados y explotación. Los clientes rebajan sus compras o, directamente cierran sus puertas y tratan de encontrar otras salidas. Reestructuramos nuestras plantillas cuando no nos las deslocalizan directamente y se las llevan a otra parte, otro país, otras gentes. El paro supera lo insuperable desde hace meses, tanto que, si esto hubiera sucedido diez años atrás, habríamos solicitado la reincorporación del garrote vil al mobiliario urbano con carácter de urgencia para comenzar a ejecutar a políticos en medio de la plaza pública. La cesta de la compra no es que baje de precio, no, es que estamos sustituyendo carne por acelgas, con todos los respetos hacia esa inestimable planta herbácea de la familia -¿premonitorio?- Quenopodiáceas sin la que muchas familias españolas acabarían cenando agua caliente. Cada vez, los ricos no sólo siguen siéndolo, si no que además hacen más uso del más grotesco de los poderes que dispone el individuo en su peor faceta de ese poliedro que conformamos cada uno de nosotros, el de la ostentación estúpida de poder asociado a la riqueza, con ánimo de señalar aún más las diferencias clasistas; las clases medias se convierten en más pobres, más endeudadas, más obligadas a sufrir más para obtener menos; y los pobres, ahora, ya se han convertido en un problema social de magnitudes insospechadas que ha comenzado por el desalojo progresivo e indisimulado (otra licencia literaria) de llegados de otras riberas que, durante algún tiempo de bonanza, nos resultaron provechosos, divertidos y exóticos, ¿quién no iba a querer tener a una ecuatoriana en su casa por cuatro euros y sin papeles si son tan cariñosas?, ahora sobran porque sus puestos de trabajo hacen falta para aquellos que antes no querían hacer ese trabajo.

Pues con este panorama, nos dedicamos a los casos Gürtel, Esperanza Aguirre, Palma Arena, Millet y, ahora, Macià & Prenafeta y esfera socialista catalana y ya tenemos la verbena organizada, con castillo de fuegos artificiales y como decimos en Catalunya: quien días pasa, años empuja. Es vergonzoso comprobar lo poco que le importa a nuestros políticos que no hayamos sido capaces de elaborar disposiciones y legislación orientada a sacar al país de la crisis y, sobre todo, a reorientar el sector empresarial hacia unos cauces que lo vayan a convertir en más competitivo en los años venideros. Tampoco han sido capaces de estructurar un gobierno provisional de unidad con una única misión:sacar al país de la crisis; no es rentable electoralmente, ya lo utilizaron en su momento Aznar con ETA en el 94 y Zapatero con el atentado de Atocha más recientemente; saben lo que es rentable electoralmente y lo que no, lo saben muy bien.

Cierto es que la crisis es ahora, hoy, y los principales problemas a resolver se deberían centrar en dar de comer a todos hoy, pero no menos cierto es que, según y como se haga, va a resultar pan para hoy y más hambre para mañana. No sólo es cuestión de legislar pensando en las capas sociales menos favorecidas y en como les facilitamos la supervivencia que ya debería estar garantizada en la España del Siglo XXI. ¿En dónde estamos tecnológicamente? ¿Cual es la España de la Innovación? ¿Qué desarrollos somos capaces de tirar adelante sin necesidad de que vengan de fuera, países que deberían estar a nuestra misma altura/nivel del tipo Italia, Francia, Alemania o Inglaterra por no ahondar en la herida e incluir a Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica? ¿Qué industria autóctona es la que nos puede permitir generar puestos de trabajo y ser competitivos, la de la SEAT de los alemanes, la de la Lear o la Dow Chemical estadounidenses, la de la Honda y la Nissan japonesas?¿Por qué no se han establecido acuerdos de doble recorrido con los países emergentes de Latinoamérica?¿Por qué hemos sido los últimos de Europa en llegar a Rumania y a Bulgaria, por no hablar de Polonia, Chequia o Hungría?¿A quién ayudan las subvenciones que para el desarrollo empresarial van llegando desde la Comunidad Europea? Si decimos que el entramado de las Pymes sustenta el país ¿por qué esos fondos van a parar a las manos de siempre?¿Por qué las reglas del juego son distintas según las comunidades que las gestionan cuando la crisis la soportamos entre todos?

Pero el lío y entramado político al amparo de una financiación ilegal de los partidos más que demostrada y de la ineptitud y descaro de nuestro políticos sólo comparable al latrocinio argentino –y que me perdonen mis buenos amigos y familia argentina a la que adoro, recuerden que mi mujer es de esa nacionalidad- y bananero es la mejor cortina de humo para ocultar todas esas cuestiones, al parecer, menores.

Señoras y señores, que tienen la paciencia, si todavía siguen haciéndolo, de llegar hasta aquí en su lectura cuando a buen seguro tendrán cosas mejor que hacer; esto no es sólo una reflexión en voz alta que, como todos vosotros os habréis hecho, yo también me hago. Es un ruego dirigido a todos para que giremos la cara a lo que quieren que veamos, a lo que nos muestran para entretenernos; para que nos centremos en la cotidianeidad de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo; en la excelencia de nuestros desempeños profesionales y/o personales; a que la inspiración nos alcance con el lápiz entre los dedos, trabajando, para poder aprovecharla; a que sigamos dando lo mejor de cada uno de nosotros porque un país, una nación, un futuro y un destino no han sido nunca y no podrán ser jamás una bandera, siglas que identifican a partidos, comunidades administrativas políticamente aceptadas que separan más que unen, ni culturas y lenguas diferentes que sólo tratan de expresar lo mejor de cada uno de nosotros, para que llegue al máximo de personas posibles. Si queremos llegar a algún destino habremos de ponernos a trabajar, a innovar, a crear, a imaginar, a soñar con todas nuestras fuerzas y nuestras ilusiones, prescindiendo de todos aquellos burócratas y polítiquillos que gestionan nuestros esfuerzos y nuestros recursos para despilfarrarlos y expoliarnos y ser un poco más grandes sí, pero también más miserables. Como decía el general Patton: Sangre, sudor y lágrimas. Nuestra sangre, nuestro sudor y sus lágrimas.

Pero ya se sabe, la lengua castellana, la más rica en matices, define político, entre otras entradas, como: astuto, diplomático, hábil, cortés y genera los antónimos de torpe y zafio. Nacha Guevara, la cantante argentina, afirma en un CD muy recomendable que en Argentina le añaden otra más: ladrón. Pues eso, a nosotros nos tocaron nuestra importante cuota de torpes, zafios y ladrones, pena de país. Pero esa es otra historia que no nos interesa lo más mínimo, vayamos a lo que vamos, y lo vamos a levantar entre todos.

Pongámonos ahora mismo.

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Acerca de pascualpicarin
Formador, capacitador, conferencista. Interim Manager. Consultor. Empresario. Emprendedor.

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