Menos salvapatrias y más coherencia política y social


Publicado en http://www.apascual.net el 3 de Febrero de 2010
La semana pasada les escribía desde nuestra sede en Romania, un tanto ajeno a novedades que iban surgiendo en el devenir cotidiano, civil y social, más prosaico de la sociedad catalana.

Los que hayan leído algunas de mis reflexiones, que no tratan en absoluto de pontificar y si así alguien lo pensare que lo erradique porque no es mi intención, sabrán que éstas sólo tratan de exponer mi particular forma de vivir y entender lo que sucede a mi alrededor en el que interactúo permanente con otras personas, como quienes las reciben de forma más que paciente e incluso se molestan en leerlas. Jamás hubiera pensado, y créanme cuando se lo digo, que alguien se alcanzara a tomar esa molestia y menos a contestarme y establecer una relación epistolar que agradezco más que nada en el mundo pese a que no alcanzo a responder con la celeridad que quisiera y ustedes se merecen. Digo esto antes de sacar a colación la siguiente reflexión que nace de la indignación personal que no necesariamente debe ser compartida pero me gustaría que, cuando menos, se entendiera, máxime cuando la propia reflexión incumple uno de mis preceptos en todas las anteriores: hablar exclusivamente de aquello que pueda significar alguna aportación dentro del mundo, extraño mundo, empresarial que andamos viviendo. Con todo, pienso que, de alguna manera, si que tienen mucho que ver las relaciones y los negocios, al menos bajo mi especial forma de entender éstas, siempre a partir del mutuo respeto. Comienzo pues.

De regreso a mi domicilio, mi esposa tiene por costumbre guardarme ordenadamente la prensa deportiva que ha ido apareciendo en mi ausencia especialmente cuando visito países en los que no tengo acceso a mi diario por excelencia –El Mundo Deportivo-, la verdad es que uno ya tiene suficiente con las noticias que escucha y ve, los debates que sigue de mayor o menor grado y algunos programas basura televisivos que se intercalan para mantener un grado de satisfacción general doméstico y, porqué no aceptarlo, seguirlos de forma desenfadada, puntual y limitada, ora preguntado quién es este, ora que tiene que ver aquella en esta historia.

Releyéndolos, por un momento, tuve la sensación de que la política había invadido también mi único espacio vital de distracción, la prensa deportiva. Mi diario se hacía eco en titulares, portadas y comentarios de fondo de determinadas frases, declaraciones y apologías narcisistas con trasfondo de caricatura política del presidente del Club del que soy socio desde hace cerca de cuarenta años, así como de un personaje de opereta de tres al cuarto, empeñado en molestar el buen gusto comúnmente aceptado con sus americanas de colores chillones que justifica haciéndonos pensar que se trata de una aportación al desarrollo de la economía global, a través del pago a su sastre radicado en no se que país. Bien, vamos por partes, como decía Jack el Destripador.

Ya no me parece lícito, y así lo han reflejado todos los comentarios que he leído, que el Presidente de un Club de Futbol del que no es propietario, como sucede con los demás presidentes de otras sociedades anónimas deportivas -todas excepto el R. Madrid, Osasuna y el propio Barcelona-, utilice una plataforma que le han dado los votos de unos socios –el mío nunca fue para él- y se los han quitado también, para promover su próxima campaña política, sea de la ideología y/o tendencia que sea. Pero, más allá de este hecho político puntual que éticamente es tan cuestionable como tantas actuaciones de esta misma persona y, en cuestión de ética, hay tantos puntos de vista como seres humanos en el universo, está el poner, una vez más, en el disparadero las relaciones que cotidianamente venimos manteniendo los catalanes con el resto de ciudadanos de otras comunidades españolas.

Ya es suficientemente delicado el equilibrio que se da habitualmente entre los ciudadanos de este país para que venga un personaje con trascendencia mediática y comprometa aún más la estabilidad que entre ciudadanos, empresarios y comerciantes de Catalunya se vienen dando con los de otras comunidades próximas. Y es que, uno puede ser tan catalanista como españolista, tan independentista como centralista; de hecho cada cual puede ser lo que le parezca porque en eso consiste la democracia, pero lo que debería estar prohibida es la memez en personas cuyas palabras y acciones transcienden de lo meramente privado a lo público creando opinión y actitudes entre la gente corriente, y por decreto ley a ser posible.

Un personaje público que representa el sentir de cientos de miles de catalanes, españoles, tanto como extranjeros que se asocian alrededor de un proyecto con objetivos deportivos en común, no puede aparecer en la prensa descalificando al resto de una comunidad que se merece el mismo respeto que la que el pretende defender más y mejor que ningún otro catalán con su fácil verborrea lerrouxista.

Un personaje público trascendente por el lugar que ocupa, que no por su insignificante trayectoria profesional y personal, respetable pero del montón, no puede permitirse insultar y descalificar a presidentes autonómicos que ejercen la representación de sus comunidades a nivel social y político (Cantabria y Extremadura) y encima hacerlo con un Presidente (Extremadura) que siempre se ha identificado con el proyecto que él mismo preside. Kafkiano.

Estos mismos personajes públicos, uno de ellos con aureola académica doctoral (que pregunten en USA quien es ese de la americana de colores y verán que les responden) y futuro presidencialista que no presidencial, no pueden tildar de paletos al resto de una nación a la que no sólo nos unen relaciones comerciales, empresariales y profesionales si no también personales y familiares muy arraigadas, respetadas y queridas cuando no de ascendencia-descendencia. ¿Acaso muchos catalanes, la mayoría, seremos también igualmente paletos? Eso es lo que tiene no haber podido asistir a colegios de pago como ellos. La propia Wikipedia considera su currículo académico y de investigación “bajo sospecha”: La versión actual de este artículo o sección parece estar escrita a modo de publicidad (textualmente).

Por todo eso, como barcelonista confeso, me avergüenzo y declaro formalmente que la mayoría de barcelonistas y catalanes, más allá de nuestras propias ideas políticas y sociales, no compartimos para nada las ideas de ese personaje que preside nuestro Club ni las expresadas por su delfín. A mayor abundamiento, a través de un referéndum democrático y avalado por un juzgado, mayoritariamente aunque de forma insuficiente –faltó muy poco-, le retiramos nuestra confianza. En esa mayoría –¿debería decir de paletos?- en la que yo me incluía, votamos que se fueran antes de alcanzar el nivel de sin razón al que están llegando.

Mientras Catalunya mantiene una relación económica, empresarial, social y familiar con el resto de las comunidades españolas sana y próspera, muchos contertulios radiofónicos; políticos de tres al cuarto, es decir de fondo de lista; representantes de entidades como la que da pie a esta reflexión; y algunos descerebrados sueltos, se empeñan en demostrar lo contrario; en enfrentarnos públicamente siguiendo turbios o torticeros intereses políticos (hay algunos que suman así los votos); en conseguir que algunos catalanes acaben extremando más sus posiciones ante el rechazo percibido del resto de la Península; en alcanzar una idea equívoca de insolidaridad catalana para con el resto de España. Al final, todo esto no son más que cortinas de humo que tratan de desviar la atención de lo fundamental: el bienestar de un país, su economía, su desarrollo social y personal de cada uno de sus integrantes, la competitividad de sus empresas.

Que nadie se engañe, el Estatut de Catalunya no es más que un documento desbravado ya antes de su aprobación en las propias Cortes que sólo trata de recoger el sentimiento de una parte difícilmente separable de España. Cualquier referéndum convocado en Catalunya o en Euskadi está avocado al fracaso independentista, lo saben los unos y los otros pero, curiosamente, a nadie le interesa que esto se lleve a término porque si no se les acabaría el tema de fondo. A todos les conviene mantener ese documento eternizándose en un Tribunal Constitucional. A todos les conviene que se recorte. A todos les conviene mantener un clima de enfrentamiento y crispación social. En Argentina también les convenía a los generales una Guerra de las Malvinas y fíjense como acabo perdiendo la posibilidad de convertirse en una gran nación como lo está alcanzando ahora el Brasil del Presidente Lula.

Que tampoco nadie se llame a engaño por mis palabras, soy y me siento catalanista como el que más. Es una cuestión de interpretación de modelos de país, de vida, de relación con los más próximos. No es incompatible el sentimiento por lo que sientes con el sentimiento por lo que eres. El Estatut de Catalunya no es más que un compendio de normas que trata de regularizar las relaciones entre dos comunidades, la catalana y la española. No es, ni será nunca, un elemento de separación, de división, antes al contrario es una herramienta reguladora de unión de esfuerzos como lo sería cualquier otro que se firme entre el Gobierno de España y cualquier otra comunidad autónoma, Comunidad Europea u otro país, y cuanto antes se apruebe y se acabe, antes podremos todos movernos dentro de un marco que nos permita progresar. Lo que es bueno para Catalunya, socialmente, es bueno para España y viceversa. No hace falta que nadie venga a meter cizaña y a emponzoñar con ideas trasnochadas y frases grandilocuentes, de fácil eco periodístico, a los que estamos dentro, españoles o catalanes. De esto o se sale juntos o no se sale, todas las comunidades, todos los españoles, más allá de que nos sintamos cada uno de nosotros.

No nos dejemos mezclar en sus tejemanejes. Queremos soluciones económicas y sociales. No queremos seguir siendo la nación europea con mayor índice de paro. Nuestras empresas requieren financiación y no sólo las grandes, el IBEX 35 ya está muy bien servido. Nuestras PYMES requieren soluciones y ayudas. Nuestra sociedad requiere, necesita y exige una planificación a largo plazo, nacida de un consenso similar al de los Pactos de la Moncloa, renunciando a posicionamientos políticos maximalistas orientados a la captación del voto perdido. Si somos capaces, en Catalunya, de presentar las firmas necesarias a través de una plataforma ad hoc para que se debata una Ley que prohíba las corridas de toros (esta semana mismo, 180.000 firmas) ¿no vamos a ser capaces de poner contra las cuerdas a un gobierno y a una oposición apostados en sus escaños sólo para ver quien la dice más gorda entre reproches y veladas amenazas e insinuaciones de dudosamente demostrables?.

Que los echen por favor y los personajes como el señor Laporta que se vayan también y que presenten su mejor opción política para que podamos no votarla.

Ahora les pido que piensen sólo en una cosa: ¿que sucedería si a través de una red como XING, nos empeñáramos en demostrar como funcionan las redes sociales y todos remitiéramos un documento solicitando a nuestros contactos su firma para exigir al Gobierno y a la Oposición un debate que tratara exclusivamente sobre el paro y sus posibles soluciones? Si una plataforma social es capaz de recoger 180.000 firmas con un objetivo más que respetable pero indudablemente de menos trascendencia que el que nos ocupa ¿no seríamos nosotros capaces de hacer lo mismo o algo muy superior? La teoría está ahí, para ser comprobada.

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Acerca de pascualpicarin
Formador, capacitador, conferencista. Interim Manager. Consultor. Empresario. Emprendedor.

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