Dios bendiga a la burocracia


Hoy, a instancias de mi buen amigo cubano, Carlos Díaz Llorca, os quiero hablar de la burocracia, y de cómo la entiendo desde el punto de vista del Management. Imagino que, de entrada, el título ya habrá asombrado a más de uno. Cierto, la burocracia es para muchos de nosotros una pesada carga evitable, según el común pensar de la mayoría, Creo que las personas que piensan así, teniendo razón por la aplicación que de ella se hace, se están equivocando por la necesidad que supone para el bien hacer de las organizaciones, y voy a tratar de exponer mi particular punto de vista.

Sin la burocracia no podríamos disponer de una mínima organización, los procedimientos no se ejecutarían, los resultados no serían evaluables y la calidad no existiría. Y todo eso, así, sólo para empezar. Las personas, los productores, los ejecutivos, en organizaciones civiles o estatales, precisan de normas y pautas a seguir que sin la burocracia les resultaría imposible hacerlo. Equivale, aunque pueda parecer una mala comparación, a los mapas de carreteras, ahora ya los GPS, que nos guían en nuestra ruta. Sabes que no puedes llegar, desde Barcelona, hasta Madrid, sin pasar por Zaragoza, salvo que quieras dar una circunvalación importante, de la misma manera que no se pueden ejecutar determinados actos documentales, como una hipoteca, si previamente no dispones de un Certificado del Registro de la Propiedad. Perdón ¿he dicho no puedes?, disculpen, quería decir no debes porque poder, es evidente que si puedes. La burocracia sólo controla el cumplimiento de un proceso para que alcancemos el resultado esperado.

House, en el breve vídeo que incorporamos, se limita a recordarle a la doctora Caddy, las consecuencias de cumplir estrictamente con la burocracia, en su caso en forma de Consentimiento Informado, una figura jurídica relativamente reciente en las jurisprudencias de los países más avanzados, que lo que pretende es proteger el derecho del enfermo a elegir su propio destino y a que se respete su voluntad por encima de la del médico, lo contrario de lo que venía sucediendo hasta ahora. Una mínima muestra de que la burocracia protege a ese paciente ante la amenaza de que su médico decida actuar sin su consentimiento; sino hay documento firmado, no existe autorización, ergo el médico no puede intervenir. De ahí la bondad que esgrimo de la burocracia. Otra cosa sea lo que hacemos los productores con ella frente a clientes, pacientes, proveedores, etc. Utilizando el mismo ejemplo anterior, ¿será capaz el hospital de dejar morir a un paciente que no controla sus emociones o que no dispone de sus facultades, temporalmente, por falta del documento firmado?

Y eso entronca con algo mucho más sutil y filosófico: la virtud moral y la habilidad moral de las personas. Para hablar de ello me habré de remontar a Aristóteles que nos legó una frase sensacional que todos deberíamos llevar grabada a fuego en la frente: Las normas están para que las cumplan los necios y las observen los sabios.

Aristóteles explica que la sabiduría práctica es la combinación de virtud moral y habilidad moral. Esta última se corroe a través de la propia dependencia de las reglas, toda vez que nos limita la improvisación y el aprendizaje consecuente de los resultados de la misma. Por otro lado, la virtud moral queda socavada por los argumentos que destruyen el deseo de hacer lo correcto sustituyéndolo por hacer lo que nos han mandado. De hecho nos enfrentamos a un complejo dilema para cuya resolución tendremos que echar mano a toda nuestra sabiduría, fruto de la experiencia adquirida.

En otras palabras, la habilidad moral es aquella que nos capacita o invalida para adoptar decisiones que escapen al control de las ordenanzas (burocracia), en la medida que esa salida del camino señalado lo sea en beneficio de nuestro cliente. De las experiencias adquiridas en nuestras actuaciones cotidianas dependerá la ampliación de esta habilidad. Y la validación o invalidación de dicha capacidad viene determinada por las instancias superiores que cuidan de que se ejecuten las directrices que podrán motivarla o desincentivarla, paradójicamente, a través de la incentivación del escrupuloso cumplimiento de las normas. A más control y exigencia o estímulo de que se cumpla, menos habilidad moral dispondrá el productor. En cuanto a la virtud moral, no es otra cosa que el discurrir del individuo, a partir de sus conocimientos, su experiencia, su entorno, sus creencias, etc., frente a las circunstancias que se le presentan; la distinción que es capaz de realizar entre lo que está bien o está mal; la capacidad que éste tiene de entender cómo actuar de una manera atípica según las directrices, de forma que se favorezca al cliente y a la propia organización pero, en ningún caso y bajo ningún pretexto, para beneficio propio.

Eso es lo que no queda nada claro en las actuaciones de House, de quien se acaba intuyendo que lo hace todo a mayor beneficio propio, llámenle ego, háganlo descubrimiento, etc., pero cuyos resultados le avalan. ¿Qué hacer ante estas situaciones? En los mercados, lo que siempre manda son los objetivos alcanzados. ¿A dónde nos lleva esto? A ningún sitio, hoy ya vemos que el mercado es sólo uno y es a repartir, por lo que, cuando unos comen más, los otros tocan a menos. Los objetivos, eufemismo con el que nos referenciamos a los resultados económicos, deberán cambiar y ampliarse si queremos seguir en el mercado. El público nos demanda otros comportamientos, ya no les basta con la calidad, que se le supone; ni con el precio que lo acaban regulando los clientes; ni con esos excesos de comunicación que en muchas ocasiones, más de las que creemos, se giran en contra del emisor. El público soberano nos exige valores con los que sentirse identificado, principios como la humildad, la caridad (no la de la limosna), la humanidad. Ahí radica el Management del futuro y si no lo alcanzamos a entender a tiempo, acabaremos fuera del mercado porque mandan ellos. La suerte de los fabricantes y distribuidores es que todavía no han adquirido completa consciencia de esa fuerza.

House lo sabe, como nos ha demostrado en algunos capítulos en los que fuerza las situaciones, sabiendo que el enfermo o su familia claudicarán (‘se han rajado’ dice él), pero, como en la serie,  llegará el día en que sus ayudantes actuarán conforme a su virtud moral, después de desprenderse de las cadenas que amordazan su habilidad moral (motivados por el conocimiento que adquieren a su lado como autoridad referencia), y crearán su propia Escuela ofertando al cliente lo que este les demanda: humildad, caridad y humanidad.

Pensemos en ello y analicemos si estamos impidiendo que se desarrolle la habilidad moral de nuestra gente. Si es así, planteémonos cambios con urgencia. Ese modelo es caduco y está obsoleto. De veras, no tiene futuro a medio plazo. ¿La burocracia? Dios la bendiga y los hombres seamos capaces de mejorarla y aplicarla adecuadamente.

Les dejo con el vídeo

Doctor House. Una serie didáctica para Directivos y Funcionarios


Hoy, con algún retraso sobre mi intención inicial, voy a presentarles un trabajo de los profesores titulares del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección (CETED) de la Universidad de la Habana, Doctores Carlos Díaz Llorca y Lázaro J. Blanco Encinosa.

Dicho trabajo, que me llega a través de la amistad que me une con Carlos Díaz y la profunda admiración que siento por él, creo que es del máximo interés para ser incluido dentro de mi blog, entre otras muchas razones pedagógicas, por cuanto entronca con una serie de televisión, y más concretamente con su personaje central –Doctor House-, en la que vengo centrando muchos de los temas que en referencia al liderazgo estoy tratando.

El estudio de ambos profesores es muy prolijo y nos permite adentrarnos un poco más en la lógica que se aplica en la serie, que da mucho más de sí de lo que a simple vista pueda parecernos. Doctor House, no es una serie de médicos al uso, ni mucho menos. Encierra una importante disección de perfiles y actitudes filosóficas que, a primera vista, pasan completamente desapercibidas y que disponen de claras concomitancias con el ámbito empresarial y gerencial.

Carlos Díaz y Lázaro J. Blanco, han confeccionado un resumido y excelente trabajo de exposición de cuantos aspectos valen la pena ser entendidos para un segundo visionado de la serie y así poder extraerle toda la información que contiene.

Para disfrutarlo, sólo tendrán que lincar el siguiente enlace y podrán descargarse el documento completo.

Doctor House, una serie didáctica para directivos y funcionarios

Que lo disfruten.

Management. La superación y el trabajo en equipo


Publicado en http://www.apascual.net el 4 de Marzo de 2011

Hoy quisiera, para recuperar el pulso a este Blog que he tenido abandonado los últimos  meses por razones profesionales que no vienen al caso, traer un vídeo que está adquiriendo mucha fuerza en la red con sobrados motivos. Es una historia breve, de superación personal sobre la que muchos habremos oído hablar, encontrado frases célebres y visionado películas. Tal vez, éste caso, sea algo más atípico porque trata de un grupo de personas que forman un auténtico equipo pero que no son héroes, ni deportistas de élite, ni alcanzan grandes proezas de resonancia mundial, son gente como usted y como yo que creen en lo que hacen y luchan por conseguir lo que creen.

En Catalunya (Comunidad Autónoma de España, para los que seáis de fuera, y País con una larga historia y cultura muy enraizada a sus costumbres), es típico levantar castillos humanos –Castellers– aprovechando cualquier fiesta o celebración, forma parte de nuestro entorno festivo junto con la Sardana, baile así mismo propio de nuestra tierra. Curiosamente, en ambos casos una persona no puede hacerlo sola, ni dos tampoco, se necesita un grupo y adquiere toda su belleza y plasticidad en cuanto actúan como tal al unísono.

Los castellers, requieren de una previa formación y entreno muy trabajado, siguiendo unos esquemas que permiten la competición entre los grupos –colles– de distintas ciudades cuando no incluso de la misma. Lo que le podría parecer a alguien que no conozca el esfuerzo que hay detrás de cada torre humana –castell– se aleja mucho de la realidad, nada es casual, la gente no se aglomera porque sí y todo tiene un porqué y un sentido que es lo que les permite mantenerlo hasta el final evitando al máximo su desmoronamiento con el consecuente riesgo de sufrir lesiones, algunas importantes, incluso defunciones.

La historia de los Castellers, recientemente proclamados Patrimonio de la Humanidad, es una historia de esfuerzo, de tesón, de caerse y volverse a levantar, de marcar unos objetivos y luchar por conseguirlos y de tratar de superar siempre a la competencia. Por eso me gustaría que lo vieran con calma y que se dieran cuenta de que, aunque no siempre conseguimos lo que nos proponemos a la primera, siempre tenemos más oportunidades para lograrlo. Y que ya no es sólo cuestión de hacerlo todo perfecto a la primera, lo importante es conseguir alcanzar nuestro objetivo y sentirnos satisfechos por haberlo llegado o haberlo hecho.

Además, un objetivo que tenga el listón bajo no nos sirve, porque corremos el riesgo de superarlo con facilidad; necesitamos objetivos asumibles pero con el rigor de sus dificultades para que se conviertan en un auténtico reto para que nuestro espíritu de superación tenga dificultades para poderlo alcanzarlo.

Y cuando caigamos, que caeremos, saber que nos hemos de volver a levantar para seguir el camino, como el grupo de castellers del vídeo, que nos llevará a alcanzar la gloria del triunfo que, a veces, sólo consiste en unos pocos aplausos o unas palmadas en la espalda.

Pero, saben, me quedo con la expresión de la chica que al bajarse del castell hace un gesto con la mano como diciendo, “lo hemos conseguido“; y, a continuación, el chico del primer piso haciendo un gesto con sus dedos índices y señalando a la base del castell, sin la que nada de lo que acabamos de ver hubiera sido posible. Esa es la esencia del equipo, de la superación, del esfuerzo y de la ilusión por conseguir algo… no remunerado en este caso.

Que lo disfruten

Liderazgo. Instruir a los estúpidos y prepotentes


Publicado en http://www.apascual.net el 11 de Septiembre de 2010

Creo que con el título de este post será más que suficiente para haber llamado alguna atención, si más no, por lo grosero del enunciado pero es que, en ocasiones, hasta la grosería está justificada.

Sé que ya no viene siendo habitual encontrarnos con situaciones como la descrita en el vídeo que podréis ver al final de éste post, pero no por ello dejan de existir demasiadas. Muchos jefecillos, carguillos o como les queráis llamar –recordar que la categoría se gana, no se obtiene; te la conceden, no te la ceden- siguen cambiando sus actitudes al obtener el nombramiento y pasan a convertirse en déspotas, machistas, prepotentes y estúpidos. ¿Será cosa de la juventud? En verdad quiero decir que, ¿será cosa de que al obtener los primeros logros profesionales se es demasiado joven para asimilarlo de golpe?.

Es cierto que la mayoría de nosotros obtuvimos nuestras primeras responsabilidades a tempranas edades, yo mismo lograba mi primer nombramiento importante con 25 años, una jefatura como interventor en una destacada oficina de La Caixa. No querría ahora enumerar el seguido de barbaridades que llegué a cometer en aquel período y de las que, de alguna, no me siento especialmente satisfecho ni orgulloso. Los años enseñan y la propia vida te muestra el camino a seguir, sino tienes la suerte de encontrarte con buenos profesionales que te corrijan y ayuden a aprenderlo más rápidamente.

Quiero decir con todo esto que muchos hemos cometido errores de bisoñez pero hay algunos tics que van con el carácter del individuo y esos son ya más difícilmente corregibles. Pete Campbell, el de la foto superior, es un tipo de esos, machista, arrivista, despótico, insultante… forma parte de su perfil personal y, aunque en lo profesional pueda resultar brillante, alguien debería haberse tomado la molestia de no permitirle ascender en esa ficción, caso de haberse tratado de la realidad. Lo malo es que, hoy y en la realidad, siguen ascendiendo tipos como ese. Por fortuna, Don Draper, le pone en su lugar de una manera clara e inequívoca, lejos de encontrarse con alguien que le acabe riendo la gracia que hubiera sido lo más común y habitual en nuestro tiempo.

Recuerdo de mis años de profesional adolescente dentro del sector bancario que, cuando apenas había cumplido los diecisiete, me topé en una oficina con un joven, bien vestido, con un coche deportivo de la época y un buen salario con sus incentivos por pertenecer al equipo de Suplencias. Me trató con cierta deferencia por tratarse de un recién llegado a aquella oficina, incluso establecimos una cierta relación personal. A los pocos meses de estar allí, hubieron unos cambios forzados por circunstancias profesionales y pasó a ocupar la dirección de la sucursal provisionalmente. Su comportamiento varió en 180º hasta convertirse con todos los compañeros en lo que realmente era, un prepotente. Dicen el sur que cuando quieres saber cómo es fulanillo, dale un carguillo. Hoy, ese personaje, es director de estudios de una importante escuela de negocios. Miedo me da que no haya cambiado su talante.

Amo a los tipos como Don Draper capaces de poner a cada cual donde se merece respetando a quienes le rodean y forman parte de su equipo.  Espero que les guste el vídeo sugerido para esta ocasión.

Se que muchos que lo lean, discreparán. Háganlo, por favor. Quedo, como siempre, a la espera de sus comentarios y dispuesto a colgar en el Blog cualquier otra reflexión que crean pueda ayudar a nuestros seguidores.

Error
El video no existe

Liderazgo. Delegación de funciones


Publicado en http://www.apascual.net el 28 de Agosto de 2010

Hoy voy a presentar una nueva reflexión contenida en mis cursos relativos a las Habilidades Directivas y que tiene que ver con la delegación de funciones, tan exigida siempre a los directivos de las compañías que acusan una suerte de síndrome de Estocolmo, en el que acaban dependiendo del convencimiento de su imprescindibilidad profesional.  Siempre hemos oído decir aquello de que ‘nadie es imprescindible’ pero no sé porqué no nos lo acabamos de creer y, lo que es peor, los hechos vienen en muchas ocasiones a demostrar lo contrario. La cuestión es, ¿quién tiene la culpa de que esto sea así más de lo debido?
En el corte de video de la serie House que hoy da luz a esta reflexión con una duración aproximada de catorce minutos, nos vamos a encontrar con hechos absolutamente extremos pero que vienen a reflejar las distintas caras que toma la situación una vez consumada la delegación de funciones por un líder de prestigio (por conocimiento y experiencia) dejando el poder en manos de su segundo, el doctor Eric Formean, persona con amplios conocimientos médicos y un currículo intachable, pero sin las dotes de liderazgo necesarias para dirigir un equipo tan complejo como el conformado por los médicos que están luchando por la obtención de dos plazas permanentes al lado de House.

De hecho, Foreman, dispone de un estilo de dirección completamente opuesto al de su mentor, mucho más relajado, más respetuoso pero, no por ello, menos impositivo y egocéntrico, de hecho hay muchas maneras de ocultar nuestra verdadera tendencia interior a imponer nuestra voluntad. House no engaña, Foreman trata de simular su verdadera tendencia bajo unas formas mucho más suaves, elegantes y participativas. Y es que, realmente, una de las cosas que más se esperan de un líder es que sepa resolver las situaciones que se presentan. Ser líder no es sólo detentar el poder otorgado por la organización, ni ser el más simpático -popular- del grupo, ni el más querido -notoriedad- tampoco; ser líder implica ser, por encima de todo, resolutivo y que los demás confíen en ti y en tus dotes y conocimientos para sacarlos del atolladero. Estamos cansados de ver películas bélicas en las que, los dispuestos a morir, confían más en su sargento que en el teniente del equipo y mientras a uno le obedecen por obligación, al otro le siguen con devoción.

Bajo estas circunstancias, la delegación de funciones se torna compleja y difícil de acometer con el convencimiento de que, a nuestra marcha, todo va a seguir igual que si estuviéramos nosotros presentes, por lo menos en cuanto a los resultados. Nadie habla aquí de los estilos que cualquiera es bueno si los resultados responden a las expectativas esperadas.

A pesar de ello, hemos de seguir delegando y, lo más importante, desarrollar, desde los primeros momentos en los que somos merecedores de una responsabilidad, una labor pedagógica entre nuestros más directos colaboradores y muy especialmente con nuestros segundos respecto al significado de lo que es y representa un equipo y cada uno de sus componentes. Las cosas no giran alrededor de los líderes si no de los objetivos de la organización. Los líderes como el resto de componentes de cualquier organización son actores principales de una función no la función en sí misma. Todos trabajan al servicio de unos resultados y la obligación de todos es aportar la parte de su rol a favor del beneficio colectivo: el líder, el de dirigente comprometido, experto conocedor y exento de egocentrismo, abierto a todas las aportaciones y generoso en el reconocimiento; el de los componentes del equipo, el de colaboradores honestos, profesionales y dispuestos a realizar cuantas aportaciones e ideas sean necesarias en aras del bien común y el buen resultado del proyecto que les une.

El caso que hoy propongo se encuentra perfectamente reflejado en el corto dispuesto en el siguiente vídeo

Error
El video no existe

Quedo, como siempre, a la espera de sus comentarios y dispuesto a que cuelguen en el Blog cualquier otra reflexión que crean pueda ayudar a nuestros seguidores.