Reflexiones desde la 26 de Bogotá


Cada vez que viajas a un país distinto al tuyo te enfrentas a circunstancias que continuamente te mueven a efectuar comparaciones por lo general odiosas y a menudo injustas, tanto para el de origen, como para el que visitas.

En España hemos disfrutado en ocasiones y sufrido en unas pocas, la llegada de personas procedentes de tierras de habla hispana como Ecuador, Perú, Argentina, Chile y como no Colombia. Estas personas que han ido a trabajar, a labrarse un futuro mejor, al país que hace seiscientos años marcó para siempre su destino, nos van dejando una impronta y una imagen estereotipada de lo que es este país. A nivel europeo lo hemos vivido con Rumania, un lugar maravilloso como ya expliqué en un post anterior y no sólo por su paisaje, que también, sino por sus gentes y sus costumbres tan próximas a las nuestras como país europeo por mucho que nos parezcan de otro planeta o, al menos, así actuamos en ocasiones con ellos.

Colombia es un lugar de contrastes sumido en interminables obras civiles. Desde zonas cálidas, te sumerges en valles fríos; de lugares llanos y despejados pasas a bosques frondosos y ricos en flora y fauna; del mar del Caribe al del Pacífico; comparte fronteras con Perú, Ecuador, Panamá, Venezuela y Brasil; une a Centroamérica con el Sur; pero, sobre todo, lo que la hacer única son sus gentes. Los colombianos me han resultado unas personas que viven para los demás; que dan, no piden; que ofrecen, no toman; trabajadores y humildes. Tal vez sean estas cualidades, tan extrañas en nuestro tiempo y en nuestra sociedad europea estridente y competitiva, y que he tomado como referente en mi último trabajo a partir de la obra de San Benito y su orden benedictina, no publicado todavía y corregido precisamente por una excelente profesora colombiana, las que más me han llamado la atención.

Una buena amiga y colega de Panamá que tanto me ha ayudado en el buen fin de mi viaje a ese país caribeño, la doctora Teresita González, me preguntó mientras cenábamos una tarde: “Si tuvieras una hada madrina que te garantizara resolverte las cosas tal y como las tienes en España, ¿a qué país te gustaría irte a vivir?”  Le respondí que no existía el país perfecto, que lo que uno tiene, al otro le falta. Pero, las decisiones personales, tanto como las empresariales, siempre me gusta tomarlas teniendo en cuenta el factor diferencial más importante en cualquier emprendimiento o proyecto, el factor humano. Así que, si yo tuviera que instalarme o hacerlo con una empresa en Latinoamérica atendiendo exclusivamente a preceptos personales, que no empresariales ya que ahí intervienen muchos aspectos a considerar, probablemente me quedaría en Colombia.

Además, el potencial de futuro de Colombia no creo que lo atesore ningún otro país de la región especialmente en lo que hace referencia al turismo. Cierto que deben resolver problemas de violencia, con las FARC y con la corrupción, además de mejorar en otros aspectos como pueda ser el lobby del transporte terrestre (carecen de transporte férreo serio). Pero, ¿acaso en España podemos jactarnos de una mejor perspectiva?. ¿No tenemos violencia y muertos en las calles además de la violencia de género y otras?¿No hemos tenido ETA hasta hace escasamente un mes y ya veremos?¿Podemos tirar la primera piedra de la corrupción política sin golpearnos también la cabeza con ella?¿Los sindicatos y los bancos no se han convertido en un lobby que atenaza tanto la economía como el futuro de nuestra nación extorsionando al gobierno de turno? Oigan, vamos a ser serios y prudentes a la hora de estigmatizar y demonizar a los demás y tratemos de ver lo positivo que emana de cada persona, de cada origen y de cada lugar.

Colombia es un destino increíble para el empresariado español. Nos necesitan bastante más que cuando les enviamos nuestra “ayuda” por primera vez hace unos cientos de años pero, lo más importante, desde mi humilde punto de vista, es que nosotros también les necesitamos a ellos como al resto de países de habla hispana. Parece lógico que ahora nos reciban con orgullo e, incluso, algo de despecho por todo lo que han pasado y sufrido a cambio del nulo apoyo que les hemos prestado y cuando lo hicimos siempre fue a cambio de importantes recompensas económicas, pero no, no ha sido eso lo que yo he percibido del pueblo, de sus gentes, en la calle, al contrario, admiración, cariño, proximidad, etc. Esto empieza a recordarme el ya clásico conflicto entre españoles y catalanes, que tampoco he percibido muchas de las cosas que oigo de tertulianos y políticos vividores cuando visito tierras de España a las que me siento tan unido como a Latinoamérica sin necesidad de renunciar a mi catalanidad que vivo de manera universal.

Gracias Colombia y gracias a los colombianos. Los propios colombianos me lo han peguntado hasta la saciedad. Sí, ustedes me han tratado como pocas veces lo hicieron; me han hecho sentir como en mi casa; he disfrutado de mi estancia que, además, ha resultado fructífera desde el punto de vista empresarial que fue lo que motivó mi viaje. Espero, deseo, volver y compartir mucho más tiempo con ustedes. Gracias por ser como son y que un futuro próspero no les haga cambiar a las personas como hemos hecho en España en nuestro afán de ser y parecer más europeos.

Me regreso a España, a mi Rambla de Sabadell desde donde comenzaré a enviar los nuevos post que ya tengo preparados y expondré mi visión sobre otro maravilloso lugar, Panamá, pero me los llevo a ustedes los colombianos y a su maravilloso país en el corazón para siempre.

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Acerca de pascualpicarin
Formador, capacitador, conferencista. Interim Manager. Consultor. Empresario. Emprendedor.

4 Responses to Reflexiones desde la 26 de Bogotá

  1. lujurial says:

    Wouu este artículo me lleno de alegría como no lo vi antes. Hoy 2015 aún sigue vigente. Soy Colombino y fusagasugueño y más aún mi familia esta en España. Y se como se derraman lágrimas cuando pisas esta tierra. Pero que bueno leer aún amigo escribir estas palabras.

    • Colombia, tierra de hombres y mujeres llenas de sentimientos, que se ven obligados a desplazarse pero que nunca olvidan sus orígenes y siempre regresan a ella. Colombia, enamora, embriaga y atrae al extranjero; al foráneo le rapta el alma y nunca se olvida. Colombia, se enriquece con las lágrimas de unos y otros. Un fuerte abrazo.

  2. Muchas gracias.

    Un fuerte abrazo desde Barcelona

  3. FANNY DE LA BARRERA says:

    Gracias por tan bonitas y amables palabras para mi Paìs y sus gentes, ahí vamos.. poco a poco…ya nuestro heroico ejercito colombiano acabò con el jefe maximo de las Farc, triste porque era un hermano de raza, pero de los que nos han hecho la vida imposible y la corrupción también está siendo atacada fuertemente por el actual gobierno, pues lamentablemente la ciudad de Bogotà fue una de las más afectadas por este flagelo durante la administración del Alcalde saliente… ahí vamos y lo de hace seiscientos años muy bien dicho nos marcó para siempre es imposible decir que Latino America està completa sin España o que España està completa sin latino America. BIENVENIDO A COLOMBIA POR SIEMPRE…TU TIERRA! Un abrazo.

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