Disfrutar trabajando en lo que te gusta


Hace un par de meses que voy buscando el tiempo para escribir y subir un nuevo post a mi blog. Es difícil encontrarlo cuando las horas están más comprometidas que las promesas de un político antes de llegar a la Moncloa, y que nadie quiera ver en ello ningún sarcasmo más o menos simpático, es la cruda realidad.

No obstante, recientemente, he tenido la visita de mi buen amigo Carlos Díaz, del que ya he escrito en este espacio en alguna ocasión. Como siempre, a la primera de cambio, nos hemos visto enfrascados en un intenso intercambio de conocimientos y material para aprovechar en nuestras clases, que nos enriquece cada vez más, sobre todo a mí, que disfruto de la experiencia del maestro Carlos. Esta vez me sorprendió con una aportación maravillosa que me servirá para ilustrar esta pequeña reflexión empresarial. Sí, pequeña porque no me voy a extender mucho, bastante menos de lo habitual, pero grande en su contenido, inmensa, brillante como pocas.

Les voy a hablar de la necesidad de convertir el trabajo en una afición en lugar de una obligación. Siempre he planteado a los asistentes a cursos y conferencias la misma cuestión, pero nunca había tenido la oportunidad de plasmarlo con unas imágenes tan evidentes y elocuentes. Se trata de ver como conseguimos disfrutar con nuestro trabajo. Sí, he dicho disfrutar y, claro, que además nos paguen. No hace mucho, dictando una conferencia en Panamá, invitado por el Centro de Capacitación Integral dirigido por mi amiga y colega Teresita González, hacía referencia a la necesidad de contratar por ACTITUD más que por APTITUD. Al principio les sonó muy extraño, pero luego pude mostrarles unos vídeos en los que se podía ver como unos directores de orquesta disfrutaban y eran capaces de transmitírselo, tanto a sus músicos –trabajadores empleados-, como al público –cliente final- y, además, de manera remunerada.

Ahora he descubierto a alguien todavía más genial e innovador. Reconozco que, pese a mi gusto por determinada música clásica, no conocía este director hispano que no sólo me ha sorprendido muy gratamente, sino que también me ha maravillado. Se llama Gustavo Dudamel y seguramente a muchos de ustedes no les resultará tan desconocido como a este inculto musical que les escribe. Dudamel es increíble dirigiendo a la Orquesta Juvenil Simón Bolivar, aunque también lo sea con la Filarmónica de Los Ángeles. Creo que lo van disfrutar cuando lo vean. Pero lo más extraordinario de todo esto, es como alcanza la cuadratura del círculo al conseguir, esta vez sí, que no sólo disfrute él, con su dirección y trabajo, y por descontado el público que asiste, sino que consigue asimismo que disfruten todos los músicos que trabajan bajo su dirección, alcanzando la perfección absoluta de una actividad profesional: que todos gocen con lo que hacen.

Dudamel, consigue romper la estética encorsetada que nos posiciona la música clásica como algo reservado a los puristas y a una minoría de eruditos y snobs junto a unos pocos que verdaderamente disfrutan de este género, y destruye cuantos paradigmas la han limitado a una minoría, ceñidos a unos cánones y reglas elitistas y no sólo en el sentido social de la palabra.

Podrán comprobar también, como todo esto no está reñido con la venta de su producto y de la marca: Venezuela. De que manera lo revoluciona haciendo que sus músicos sustituyan, en medio de su actuación, los clásicos vestidos negros por una cómoda chaqueta con los colores de su país y el nombre estampado en la espalda.

Probablemente, desde un punto de vista técnico, no suene la orquesta como la Filarmónica de Vienna, no se lo sabría decir, no tengo ese oído afinado y exquisito, pero les aseguro que yo quisiera estar ahí como trabajador o como acomodador en el teatro, me da lo mismo. Y también, desde luego, yo, después de verle en esa actuación, “le compro” ese producto nacido de la ilusión, de la innovación, de la alegría, de hacer las cosas disfrutando con ellas, de hacerlas y presentarlas diferentes, ampliando límites y rompiendo moldes. Ojala sirviera de ejemplo en muchas organizaciones empresariales.

En cuanto al vídeo, que podrán encontrar en You Tube, les he incluido dos piezas, recortando todos los espacios superfluos que he considerado menos trascendentes, en aras de que resultara lo más corto posible el visionado, pero creo que vale la pena verlo todo, ya que en cada una de las dos interpretaciones aparecen innovaciones interesantes. Descúbranlas.

En un próximo post hablaremos de cómo conseguir ese ambiente en nuestra organización. Es posible.

Un abrazo y que lo disfruten.