Seleccionando por criterios personales (House)


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El video no existe

La serie House es, como siempre, una fuente continua de situaciones demostrativas de lo que sucede en el mundo empresarial en general. Hoy he traído un ejemplo más de los muchos con los que nos encontramos, en este caso a la hora de contratar al personal.

Motivaciones subjetivas y  no profesionales interfieren en el buen juicio de los que deciden a quién deben incorporar en el equipo de trabajo obviando, en muchos casos, las consecuencias que ello pueda conllevar de cara a alcanzar los objetivos previstos. Yo sé, soy consciente, de que ninguno de los que vean este montaje creerán ser uno de ellos, probablemente si se trata de mujeres sea así, pero en el caso de los hombres, créanme si les digo que en más de una ocasión se ven situaciones muy parecidas, si no en las formas, sí en el fondo, sin descartar del todo las formas tampoco.

Tal vez resulte algo exagerado en la manera que se presenta, pero nuestras actuaciones y decisiones adoptan diferentes formas a cual más extraña. En el capítulo del que hemos extraído el ejemplo, el séptimo de la cuarta temporada de House, un auténtico regalo todo él por lo mucho que podemos llegar a encontrar en cuanto a comportamientos habituales poco deseables o viciados, se está tratando el caso de una deformidad craneal en un muchacho joven.

Como algunos habituales de la serie recordarán, en esa temporada, la cuarta, el Dr. House cuenta con un grupo de aspirantes a formar su equipo que compiten por obtener las tres únicas plazas que al final van a quedar libres. House, decide, tras una experiencia en capítulo anterior colaborando con la CIA, traerse consigo para ocupar una de esas tres plazas a la doctora que colabora con la Agencia de Inteligencia.

En la práctica no parece ser la decisión más acertada y acaba llegando a la conclusión que no se rigió por motivos estrictamente profesionales, sino que, tal vez, se dejó llevar por otras cuestiones más personales, algo que su amigo el doctor James Wilson, le hace finalmente aceptar. Como la sutileza no forma parte de sus habilidades y precisa, por otra parte, demostrar su ecuanimidad aceptando su error públicamente, allí donde lo había cometido, despide a la doctora de una forma poco recomendable. Desde luego, en España, no lo propondríamos ni por los sindicatos, ni desde el punto de vista personal y humano pero, afortunadamente, se trata de una ficción.

Cuan bueno sería para los resultados de las compañías que los candidatos a cualquier puesto no fueran elegidos teniendo en cuenta criterios estéticos y sí, exclusivamente, de idoneidad profesional, con nuestros errores, que duda cabe, pero estrictamente profesionales.

Acepto todo tipo de críticas al vídeo, a mi interpretación de lo que en él aparece, a mí mismo… todo es bienvenido. Y, cómo no, aportaciones interesantes que enriquezcan lo que presentamos.

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No hay cama pa’ tanta gente


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El video no existe

Ahora que el drama social se va acentuando en nuestro país al hilo del paro, de la crisis, del fracaso político, económico y financiero de bancos, políticos, creadores de opinión, contertulios radiofónicos con intenciones aviesas, etc. he recibido un enlace que me sorprendió no tanto por su música, viva y alegre, como por su letra irónica y desnuda que refleja, involuntariamente bien seguro, la realidad que están viviendo en nuestro país miles de extranjeros que llegaron a trabajar a él, pensando en una vida mejor para los suyos allá, de donde vinieran, Perú, Colombia, Ecuador, Argentina, Uruguay… qué más da.

La inmensa mayoría buscaba ganarse la vida haciendo lo que nosotros, los españoles, los europeos, los colonizadores de siglos pasados, ya no queríamos hacer. Labores de limpieza, cuidado de ancianos y enfermos, los peores trabajos en la construcción, camareros perfectamente retratados en la serie Aida de Telecinco, les esperaba a los inmigrantes recién llegados. Daba lo mismo que fueran ingenieros, arquitectos, médicos, administrativos, maestros o sencillamente gente del campo, a todos les esperaba la misma fortuna. He conocido ingenieras aeronáuticas rusas trabajando en las labores de limpieza de la Clínica Dexeus de Barcelona, en la UCI; directores financieros montando ordenadores o sirviendo cervezas; arqueólogos peruanos cuidando niños; médicos cubanos de auxiliares de enfermería; y a directores de banca argentinos ganándose la vida con cualquier trabajo y aceptando cualquier sueldo que despreciaba un estudiante que aún no había acabado la carrera. Bueno, suponíamos, era el precio de habernos convertido en una economía poderosa, emergente y que trataba de convertirse en uno más de la mesa de los diez, los veinte o los que fuera en la organización mundial de turno más en boga.

Pero llegó un día en que nos despertamos y descubrimos que todo había sido un sueño. No había dinero para la hipoteca y menos para mantener a una persona en el servicio de la casa. Tendríamos que volver a trabajar en labores denostadas y, lo peor, pasados dos años aprovechando un subsidio de desempleo que parecía no tener fin, comenzamos a presentar nuestras opciones para ocupar esos puestos que ellos mantenían por su buen quehacer, su humildad y su buen sentido común que les obligaba a seguir en él, si querían continuar enviando dinero a sus familias, allende los mares, para que sus hijos estudiaran en la universidad, tener una casa propia en unos años, vivir algo más desahogadamente o pagar un seguro médico.

¿Qué hacemos entonces con los inmigrantes¿ ¡Que se vuelvan para sus países de origen, ya no los necesitamos! Gritaron, al unísono, políticos y ciudadanos. Y lo primero fue sacarles el derecho a la asistencia médica a los ‘sin papeles’. ¿Cuántos políticos hipócritas habrán mantenido a su servicio a inmigrantes sin papeles?

Pues, como les decía al principio de mi perorata, he recibido un enlace para disfrutar del Gran Combo interpretando: ‘No hay cama pa tanta gente’. La letra, no tiene desperdicio y dice así:

 No Hay Cama Pa Tanta Gente

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En Navidad fui invitado 

a la casa de Tavín para un tremendo festín

que dijo había preparado.

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Allí llegó Pérez Prado, oiga.

Los Guaracheros de Oriente.

La fiesta estaba caliente.

Johny “El Men” casi dormía y Eddie Miró le decía:

No hay cama pa’ tanta gente.

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Vi el Gran Combo que llegaba

y a Ramito el de la altura,

más atrás Johnny Ventura

con Yayo “el indio” charlaba.

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Roberto Torres estaba

con Javier Vázquez y su gente

y Ralph Mercado de repente

intentó apagar la luz

pero gritó Celia Cruz:

no hay cama pa’ tanta gente.

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Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

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Willie Rosario y su orquesta,

la salsa quería empezar

y Héctor Lavoe al llegar “tarde”

encontró que la selecta ya se encontraba dispuesta

para alegrar el ambiente.

Y en una esquina Tito Puente

empezaba a pestañear y volvió Celia a gritar:

azúcar, no hay cama pa’ tanta gente.

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Odilio junto al Gallito

los vi en la mesa sentaos.

Y Daniel Santos guillao de ron se daba un traguito.

Tavín taba jalaito y así dijo prontamente

oye Machuchal démele a esta gente

de café negro una taza

y todo el mundo pa’ su casa

no hay cama pa’ tanta gente.

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Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

Pa fuera, Pa la calle

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Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

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Se llenan las manos de lechón

después se limpian con la cortina, y por eso.

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Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

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Allá, allá se meten en el baño

y te lo dejan como piscina tú ves.

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Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

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Se jartan y beben y se enferman.

Después te dicen “Señora tiene aspirinas?”

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Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

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Esa trulla, Heeeeeeeeeeeeee!

Es peligrosa, Heeeeeeeeeeeeeee!

Pa fuera, pa la calle.

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Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

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Oye, la verdad es que con esta gente 

no hay quien pueda, oye, son una amenaza.

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El estribillo, pegadizo él, ‘Pa fuera, pa la calle’ y, por si fuera poco, el final es delirante:

Esa trulla, Heeeeeeeeeeeeee!

Es peligrosa, Heeeeeeeeeeeeeee!

Pa fuera, pa la calle.

Tírenlos pa’ bajo que son un peligro arriba.

Oye, la verdad es que con esta gente 

no hay quien pueda, oye, son una amenaza.

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En eso estamos ahora mismo en nuestra querida España, tierra de acogida, pueblo colonizador, que olvida pronto, no repara en dolores y que, encima, coloniza de nuevo aunque ahora sólo sea bajo fórmulas financieras cuando los mercados latinos se han convertido en ‘oportunidades de negocio emergentes’; viajando en avión en lugar de hacerlo en carabelas; armados con portátiles, iPod, iPad y otros artilugios en lugar de hacerlo con lanzas y espadas; y con la señal del Euro en lugar de la Cruz de Cristo. Seguro que con todo eso les convenceremos de que somos sus mayores protectores. Ya nos vale.

Si quieres ir a sus países con enseñas, banderas y estandartes de Telefónica, Repsol, Santander, BBVA y demás, sé por lo menos coherente y honesto con sus gentes y trátalos con el mismo respeto que ellos tienen por nosotros o será difícil mantener una relación ‘inter pares’ de la que no salgamos escaldados al modo peronista de la diablesa vestida de Prada. Respeto, esa es la palabra mágica, respeto por los demás. Allí y aquí.

Agradezco el envío que me hizo Alessandra desde Colombia y aprovecho la ocasión para asegurarle que la culpa no es de los emigrantes colombianos, ecuatorianos, peruanos o bolivianos, es de todos aquellos que se aprovechan, sin el más pequeño remordimiento, de quienes atravesando una situación compleja y complicada, salen de su país en busca de soluciones. España es un país de emigrantes luchadores y si algo deberíamos haber aprendido a estas alturas de la historia es que la innovación y la renovación se dará de manos de los emigrantes que son los que se atreven a cambiar, a salir, a hacer las cosas de otra manera, Los inmovilistas, los cómodos, los apoltronados, los que defienden su statu quo, tienen la batalla del futuro económico perdida. Por eso, en Latinoamérica se esconde uno de los más brillantes futuros de nuestras venideras generaciones. No lo desaprovechen y muchas gracias Aless por tu regalo en forma de vídeo.