Función de un directivo…


En la Santa Regla, origen e inspiración de mi recién publicado libro San Benito y el Management, se hace un exhaustivo repaso a las obligaciones y deberes del Abad como figura ‘gerencial’ de los monasterios benedictinos. Es realmente interesante ver detalles, como el que he traído hoy aquí, en los que demuestra que hace mil quinientos años ya se tenían más en consideración a las personas que conforman nuestra organizaciones que hoy mismo.

Y créanme que lamento mucho utilizar a modo de ejemplo a un gurú que tanto nos ha enseñado a lo largo de su carrera profesional y con el que disiento profundamente en muchos aspectos, alguno incluso recogido en le propio libro. Se trata de Peter Drucker que en Septiembre de 1986 publicaba en Financial Times que: ‘La tarea básica de un buen director consiste en hacer que la gente produzca’. Esto es algo que, al final, todos nos hemos acabado creyendo igual que la compañía está compuesta de recursos humanos.

Vamos a ver, y estoy abierto a que todo el que quiera me desmonte mi teoría y mi lógica y, por duros que sean, lo publicaré en el mismo Blog, disiento completamente de que dispongamos de recursos humanos, en todo caso de personas que ejercen y desempeñan funciones de una forma ordenada, organizada y dirigida hacia unos objetivos comunes. Pero por lo que, de ninguna manera, puedo pasar es porque la función de un directivo consista en hacer que la gente produzca. Lo directivos tienen objetivos que cumplir y para ello deben valerse de sus equipos de colaboradores y su verdadera función debería ser ponerse al servicio de su propio equipo para ayudar a facilitarles el trabajo y, por ende, la consecución del objetivo común de la organización, no hacer que produzcan.

Los colaboradores ya producen habitualmente, bien, mal, con mayores dificultades, con inconvenientes, con travas, con mejores o peores condiciones, esas sí son cuestiones que los dirigentes deben de resolver. Para eso están ahí. Para eso y para entender el mensaje que nos lega San Benito: ‘Dirigir personas y acomodarse a tantas maneras diferentes de ser’ porque tal y como explica luego ‘Se ha de adaptar a los temperamentos y caracteres de todo ellos para que, no sólo no tenga que lamentar ninguna pérdida en la grey, sino que pueda alegrarse con el aumento del buen rebaño’. Finalidad última, ésta sí, de cualquier dirigente.

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En búsqueda de la excelencia…


Aristóteles, infatigable pensador y suministrador sin igual de acertados aforismos de aplicación personal y empresarial, nos obsequió con éste que viene como anillo al dedo para mi Reflexión Despeinada de esta mañana: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito

A lo largo de mis años impartiendo cursos y conferencias a empresarios y comerciantes no me he encontrado nunca, todavía, con ninguno que haya sido auto crítico y me haya reconocido que, tal vez, no estuviera haciendo bien las cosas o no atendiendo adecuadamente a sus clientes. Y es que todos pensamos que hacemos las cosas bien.

De hecho sólo hay tres maneras de hacer las cosas: Bien, Mal y Excelente, algo que pocos se plantean. La inmensa mayoría cree que las hace bien y no escucha las alarmas que le indican que es así pero sólo bajo su perspectiva, cuando la que verdaderamente importa es la del cliente. Como ya he explicado no conozco a nadie que abiertamente reconozca que lo hace mal. Pero, lo que de verdad me sorprende, es que nadie se plantee hacerlas de modo Excelente.

Tiene su cierta parte de lógica. Hacerlo implica mantenernos en un continuo estado de auto revisión, lo cual se nos hace difícil. Es algo así como imaginarte siempre que vas segundo –aunque vayas el primero y destacado- en persecución de un primero que va delante de ti. Implica un gran esfuerzo personal, de análisis, de crítica, de escuchar, de analizar pero, aplicado cada día, como nos decía Aristóteles, se acaba convirtiendo en un hábito que nos conduce a la diferenciación con la gran mayoría que ‘sólo’ lo hace bien.

¿Qué obtengo haciéndolo bien? Nada. No hay diferenciación. Es lo que nuestros clientes, las personas con las que nos relacionamos esperan. Forma parte del acuerdo y/o contrato. Pero muchos esperan ver y encontrar la excelencia para quedarse con quién es capaz de ofrecerla. Mientras, aquellos que creen hacerlo bien, se justifican, se excusan, alegan que lo hacían bien pero que el mercado…, los clientes…, los grandes grupos…, y un largo etcétera de lamentaciones que precede al cierre de operaciones de negocios, comercios, relaciones, etc.

¿Está usted satisfecho? Pues tiene un problema… importante.

La Excelencia es la única salida que nos queda en este mundo de competencia.

 

 

Respeto, por favor ¡¡¡


Sin palabras… A ver si nos ponemos las pilas. Si queremos entrar en el mercado colombiano, seamos coherentes.
antonio.pascual@pascualcomenares.com

Por qué Apple es diferente?


Más allá de lo simpática e imaginativa que nos pueda resultar la fotografía superior, no nos dejemos engañar por lo que nos pueda sugerir y centrémonos en la realidad que subyace y sobre la que versa la reflexión despeinada de hoy.

En 1988, la revista International Management reflejaba una declaración del Doctor Edward de Bono, prolífico escritor, en la que afirmaba que: “En general, nuestra cultura es una cultura de cadáveres, de muertos. Toda la fuerza de nuestra interconexión con el pensamiento está planteada en términos históricos” Posiblemente, hoy en día, con Internet en el espacio su afirmación iría acompañada de matices pero no seré yo quien vaya a rectificarle ni quitarle un ápice de razón en los fundamentos de su aforismo.  De ello, la imagen que ilustra este post es una buena prueba.

No ha habido, no han existido, dos Steve Jobs o, por lo menos, sólo existe un Apple. ¿Por qué?

Siendo tantas las compañías que tratan de hacerse con el mercado, porqué sólo una ha sido capaz de absorber el alma de sus clientes. La única capaz de hacer que les compres un teléfono o un tablet, que una computadora o un portátil. La única capaz de congregar a cientos de miles de personas pendientes de la salida al mercado de un nuevo producto de su factoría, sea cual fuere.

¿Qué como lo hacen? Pensando en el cliente en lugar de hacerlo en el producto. Como decía E. de Bono, todos lo sabemos pero, en el fondo, no dejamos de ser unos cadáveres sujetos a los dictámenes de la historia. Y es que, el tren del éxito, si lo reconoces cuando pasa, es que has hecho tarde para tomarlo. Nuestros líderes son cadáveres con más miedo a perder que deseosos de ganar, sujetos siempre al status quo que les mantiene ahí, en sus despachos de cristal. Así no se avanza y, en este mundo que vuela tan deprisa, el que no avanza, retrocede y se queda atrás.

También les dejo un link muy interesante en el que se explica con bastante detalle la gran diferencia entre Appel y otras compañías del mercado informático. Para aprender. El ponente es Simon Sinek, popularizador del Círculo de Oro. El escenario TED. A fecha de hoy, sólo lo había visionado unos 6,978,483 de personas.

Clicar encima del enlace Simon Sinek y accederán a la página de TED. A continuación, posicionando el cursor sobre la pantalla que les aparecerá, podrán acceder a la barra de control que les permitirá elegir el idioma en el que quieran ver los subtítulos (de entre 39 diferentes), si el inglés se les resiste como a mí.

Simon Sinek

Ahora o nunca ¡¡¡


Don King, un estrafalario y exitoso promotor de boxeo dejó ir de su boca una perla que recogió el The Daily Telegraph el 7 de Septiembre de 1977: “Hay que creer en lo increíble y sacar una oportunidad de lo imposible

Ahora, hoy, más que nunca los españoles, como media Europa, nos enfrentamos a una situación que nadie nos ha acabado de explicar en toda su dimensión por miedo a lo que pudiera suceder a continuación. Nuestros políticos se muestran tan cautos como los empresarios de mayor influencia, todos, unos y otros están atemorizados. Saben que la verdad es muy dura, muy cruda y nos van dando la información con cuenta gotas. Tienen miedo, en realidad, de perder sus prebendas, sus privilegios, sus puestos prominentes que les permite mantener un status quo ventajista. Pero eso ya no es nada nuevo para nadie y si no que se lo pregunten a griegos, portugueses e irlandeses.

Pero la buena noticia es que dependemos de nosotros mismos para revertir esta situación y no estoy llamando a nadie a una revolución, que con la corriente independista que estamos viviendo en Catalunya ya tenemos suficiente. Solamente estoy exponiendo algo que todos sabemos y no nos atrevemos a poner en marcha: Creer en lo increíble y sacar una oportunidad de esta situación.

Necesitamos a gente con vocación de cambio, con ilusiones y anhelos que ya lo no tengan miedo a perder nada. Necesitamos a gente joven, a gente con experiencia, dispuestos a hacer cosas nuevas, imaginativas, originales, distintas, que saquen provecho de la inmensidad de oportunidades que se generan en nuestro entorno porque, a veces no hay próxima vez, no hay una segunda oportunidad, no hay tiempo de espera. A veces, es ahora o nunca. Ésta es una de ellas.

En una pequeña población catalana, Martorell, un grupo de emprendedores están haciendo el cambio al amparo de un proyecto llamado VilaEmprèn y donde habían tiendas cerradas, están abriendo nuevos proyectos con resultados interesantes, demostrando que, a partir de la Sociedad Civil, con el apoyo más moral que económico que les presta el Ayuntamiento, la Diputación, la Cámara de Comercio y el Consorcio de Comercio, Artesanía y Moda, se pueden hacer cosas increíbles como revertir una tendencia de cierre y darle la vuelta a la situación como a un calcetín. Gente joven, negocios diferentes, oportunidades y el público responde. Martorell puede. Catalunya puede. España puede.

Hemos de aprender a leer las situaciones, las circunstancias, y ellos han sabido hacerlo. A veces, es ahora o nunca. En todos los órdenes de la vida.