Agravio comparativo de género en el mundo profesional


Un buen dato. El 61% de los que alcanzan en España la titulación universitaria, son mujeres. Un 40% obtienen el doctorado. Las mujeres acceden a la universidad configuran el 56% de nuestras aulas y aumenta ligeramente en los posgrados y masters.

Parecería como si hubiéramos alcanzado la igualdad social entre las mujeres y los hombres pero no… todo es pura fantasía creada alrededor de las estadísticas mismas.

No sucede lo mismo en todas las carreras, según si son más técnicas o menos. Hasta aquí todo normal. Las mujeres siguen afectadas por las tendencias que ha desarrollado nuestra sociedad en los últimos siglos, si bien con alguna excepción. En enfermería o magisterio, aplastan; en medicina son mayoría, en ingeniería son minoría, etcétera.

Sólo un 19% llegan a ser catedráticas y el 8% rectores de universidad.

¿Qué sucede? Permitan que me extienda y extraiga un fragmento de mi libro San Benito y el Management en el cual hacía referencia a este delicado tema:

En España disponemos de unas diferencias salariales entre hombres y mujeres, por grupos principales de ocupación, que oscilan entre el 8 y el 31% para todas las bandas salariales, en perjuicio de ellas, excepto para la correspondiente a la letra L (Trabajadores cualificados en la agricultura y en la pesca), en la que la remuneración de la mujer supera en un 3% a la de los hombres (ver cuadro a continuación de la Encuesta Anual de Estructura Salarial. 2009).

Fíjense en el siguiente cuadro y, mientras la diferencia en los puestos de gerencia se aproximan mucho al 25% en el grupo A (el grupo B no se puede establecer la comparación por falta de una muestra significativa), las Profesiones asociadas a titulaciones de 2º y 3er ciclo universitario (grupo D) y las Profesiones asociadas a primer ciclo universitario (grupo E) oscilan entre el 12 y el 19%.

Encuesta anual de estructura salarial (CNAE-2009). Año 2008
Resultados Nacionales: Ganancia media anual por trabajador           
Sexo y Grupos principales de ocupación Unidades: euros %
  Mujeres   Varones  
A Dirección de las administraciones públicas y de empresas de 10 o más asalariados 49.481,63 65.611,82 -24,58
B Gerencia de empresas con menos de 10 asalariados .. 2 42.325,98 1
D Profesiones asociadas a titulaciones de 2º y 3er ciclo universitario y afines 31.863,45 39.108,31 -18,53
E Profesiones asociadas a una titulación de 1er ciclo universitario y afines 28.040,03 31.736,83 -11,65
F Técnicos profesionales de apoyo 23.914,38 30.844,56 -22,47
G Empleados de tipo administrativo 17.004,40 22.790,90 -25,39
H Trabajadores de los servicios de restauración y de servicios personales 13.554,17 16.174,82 -16,20
J Trabajadores de los servicios de protección y seguridad 24.310,03 1 28.409,87 -14,43
K Dependientes de comercio y asimilados 13.293,08 17.261,14 -22,99
L Trabajadores cualificados en la agricultura y en la pesca 18.541,07 1 17.997,10 3,02
M Trabajadores cualificados de la construcción, excepto los operadores de… 18.376,70 20.124,79 -8,69
N Trabajadores cualificados de las industrias extractivas, de la metalurgia, la construcción de maquinaria y asimilados 21.387,61 23.803,51 -10,15
P Trabajadores cualificados de industrias de artes graficas, textil y de la confección, de la elaboración de alimentos, ebanistas, artesanos y otros asimilados 13.405,35 18.628,63 -28,04
Q Operadores de instalaciones industriales, de maquinaria fija montadores y ensambladores 15.985,56 23.185,39 -31,05
R Conductores y operadores de maquinaria móvil 15.129,51 19.885,81 -23,92
S Trabajadores no cualificados en servicios (excepto transportes) 11.939,04 16.545,78 -27,84
T Peones de la agricultura, pesca, construcción, industrias manufactureras y trasportes 12.893,16 15.914,17 -18,98
  Notas:           
  1) Indica que el número de observaciones muestrales está comprendido entre 100 y 500, por lo que la cifra es poco significativa. 
  2) No se facilita el dato correspondiente por ser el número de observaciones muestrales inferior a 100. 

Es más elevada la diferencia de remuneración para las mujeres que ocupan altas responsabilidades que en aquellas que desarrollan profesiones derivadas de una titulación universitaria, posiblemente porque muchas se corresponden a profesiones liberales. En cambio, cuando se habla de Técnicos profesionales de apoyo (grupo F) la diferencia salarial percibida de las mujeres frente a los hombres vuelve a aumentar hasta más del 22% y en los Empleados de tipo administrativo (grupo G) seguimos moviéndonos en la banda del 25-26%.

Las Dependientes de comercio y asimilados (grupo K), también se hallan discriminadas en un 23% respecto de los varones y en donde se alcanzan las cotas más elevadas es en los Trabajadores no cualificados, excepto transportes (grupo S), los Trabajadores cualificados de industrias de artes graficas, textil y de la confección, de la elaboración de alimentos, ebanistas, artesanos y otros asimilados (grupo P) y los Operadores de instalaciones industriales, de maquinaria fija montadores y ensambladores (grupo Q) que se mueven alrededor del 28% los dos primeros y supera el 31% el tercero.

Existen pues diferencias difícilmente explicables en este sentido, pero hay más a nivel profesional, como las siguientes que surgen de la diferencia, igualmente, de género y también de edad en la que, como se puede ver a continuación, a igualdad de edad se cobra bastante menos (el 23% es casi una constante), con las excepciones de los 25 a los 34 años y la banda de los 60 a los 64 años.

Encuesta anual de estructura salarial (CNAE-2009). Año 2008
Resultados Nacionales: Ganancia media anual por trabajador
Sexo y Edad Unidades: euros %
  Mujeres   Varones  
Menos de 20 años 8.130,68 1 11.039,25 -26,35
De 20 a 24 años 11.663,96 14.711,90 -20,72
De 25 a 29 años 16.005,30 18.739,58 -14,59
De 30 a 34 años 18.371,69 22.488,18 -18,31
De 35 a 39 años 19.526,68 24.758,37 -21,13
De 40 a 44 años 20.268,85 26.242,01 -22,76
De 45 a 49 años 20.842,75 27.015,59 -22,85
De 50 a 54 años 22.010,70 28.531,80 -22,86
De 55 a 59 años 22.666,51 29.393,28 -22,89
De 60 a 64 años 19.003,09 23.647,89 -19,64
65 y más años 20.430,39 1 30.532,19 -33,09
Notas:
1) Indica que el número de observaciones muestrales está comprendido entre 100 y 500, por lo que la cifra es poco significativa. 

No entraré en un análisis de los motivos que generan estas desigualdades que aquí se evidencian y no son exclusivas de nuestro país aunque sí más acentuadas, tal vez, que en otros países de Europa pero, desgraciadamente, con muchos de ellos compartimos sensaciones.

Veamos algunos agravios comparativos clásicos en nuestra sociedad:

  1. a.        Agravio comparativo de género

A nivel general, existe una tendencia natural a preferir a los varones que a las mujeres por cuestiones naturales como es la probabilidad, hasta ahora exclusiva, de que éstas queden más embarazadas que nosotros, afortunadamente para el desarrollo de nuestra civilización que de ser al revés correría un serio riesgo de desaparecer. Bien, es una causa relativamente lógica ya que afecta directamente a la productividad, como también lo es el hecho de que las empresas invierten importantes cantidades económicas en la formación de su personal: en tiempo, errores durante el período de aprendizaje, adecuación al puesto de trabajo que verán diluirse en caso de una prolongada interrupción de la productividad de un empleado de sexo femenino o de varias consecutivas.

Pero no son las organizaciones las únicas responsables de este delicado agravio que se comete con las mujeres ya que la Administración, muchas veces encorsetada por posturas políticas de los sindicatos, no anda acertada tampoco en sus decisiones y se necesitan respuestas políticas en forma de disposiciones y reformas que permitan garantizar todos los puestos de trabajo latentes, por cuestiones de baja médica o permisos, en tanto no regrese el interesado y sin que ello le suponga un coste que deba soportar el empresario, como ahora mismo viene sucediendo.

También subyace una cuestión puramente social en forma de aceptación de responsabilidad sobre los hijos que, por lo general, acaba soportando la madre más que el padre entre otras cosas –pescadilla que se muerde la cola– porque éste ingresa una mayor aportación económica en el hogar, producto de la diferenciación antes apuntada. Por otra parte, cuando una organización contrata a una mujer sabemos que estamos asumiendo la condición de madre inherente a su género y a la posibilidad de engendrar hijos que ello conlleva. No valen pues lamentos posteriores ya que, al contratarla, esperamos que nos aporte unos valores distintos a los que nos presenta el mejor candidato masculino o, simple y llanamente, es mejor profesional que el resto de candidatos que respondieron a nuestra solicitud y, por tanto, esperamos de ella un rendimiento determinado que se verá interrumpido, si llegado el momento se diera la circunstancia, por un embarazo y sus consecuencias legalmente reguladas. Aceptar lo bueno del candidato y su aportación para luego lamentarnos de algo que sabíamos con anterioridad, me parece poco ético y muy aprovechado por nuestra parte, aunque sigo reivindicando una solución política que libere al empresario del coste que ésta sustitución va a suponerle a cambio de las contrapartidas que sean y se establezcan.

No contratar mujeres para evitar esta circunstancia sería una solemne tontería ya que muchas de las candidatas que se nos presentan, en ocasiones mayoritariamente, disponen de una mejor preparación para el puesto y, en cualquier caso, están a un 50% de posibilidades en comparación con los candidatos masculinos. Además, sucede que la mujer, debido a la diferencia de la composición cerebral que distingue entre el masculino y el femenino, dispone de unas características que la convierten en mucho más efectiva que al hombre en determinados puestos y frente a determinadas circunstancias y situaciones.

Tampoco estoy, en absoluto, de acuerdo con algunos estudios que han caído en mis manos y que informan de que las empresas prefieren a los hombres porque aportan una mayor disposición a la movilidad, a la realización de horas extraordinarias, mayor continuidad en el trabajo u otras causas; me resultan excusas poco fundamentadas y análisis poco profesionales de una cuestión muy seria como lo es la composición de los integrantes de nuestro equipo humano. Es más, estoy convencido que una mujer nos aporta más seguridad de continuidad y mayor compromiso profesional que un hombre, pero da lo mismo, la cuestión aquí es que el agravio comparativo de género no se sostiene de ningún modo y no puede continuar siendo una realidad comúnmente aceptada en el mundo laboral actual que, además, se ve reflejado en las compensaciones remuneratorias percibidas por unos con respecto a las de las otras.

Si finalmente se acaba conviniendo que se da este agravio a la hora de la contratación, deberemos reconocer que los españoles y las empresas españolas tienen un serio problema de competitividad y que tenemos bien merecido el lugar que ocupamos dentro del concierto económico mundial, bastante insignificante por cierto si lo comparamos con otras potencias europeas a las que tratamos de asemejarnos. Hombres y mujeres aportan distintas características como ya he dicho, además de las intrínsecas personales de cada uno de ellos, por cuestiones propias de género estudiadas y analizadas por los mejores expertos mundiales. A partir de aquí, la única acción que cabría esperar de unos buenos seleccionadores y/o contratantes debería ser la de elegir aquel perfil que mejor se ajuste para obtener los mejores resultados en el puesto de trabajo en liza, dejando a un lado cualquier otra consideración.

Sigamos sin resolver todo esto, para lo que habrán muchos factores que por cuestiones de espacio obvié, y seguiremos dictando falacias cuando hablemos de igualdad de oportunidades y de género.

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Déjame, Señor, morir enamorado.


Hace años (falleció el 26 de Julio del 70), un brillante periodista, además de ensayista, crítico y literato, llamado Luis Marsillach escribía en la Hoja del Lunes que, además, dirigía un artículo de fondo con el mismo encabezado que he querido respetar en este post. Mi padre, lector y seguidor de tan insigne pluma, guardó el recorte entre sus más preciados tesoros. Hoy, hojeando y recordando en medio de un innecesario acto de nostalgia, recuperé este tesoro, nunca mejor dicho, y me propuse compartirlo con todos porque sigue vigente después de más de cuarenta años. Sea este, un homenaje a Don Luis, a mi padre, a una generación impagable y a todos los que aman la vida y las circunstancias que ésta encierra.

Muchos lectores se me quejan por la tristeza que rezuman mis artículos desde hace algún tiempo. Lo atribuyen a mi enfermedad. Y no falta quien me proponga no escribir hasta que, vencida la dolencia, recupere la serenidad de espíritu. Bueno, la idea no deja de ser tentadora. No creo, sin embargo, que sea lo más conveniente. Para mí, claro. Abandonar el trabajo sería renunciar a la lucha, entregarse al dolor. Y la renunciación está muy lejos de mi ánimo. No renuncio a nada. No renuncio ni siquiera al dolor.

Siempre desee infundir ánimos a mis lectores. Tremendo fracaso si ahora fallasen los míos. No lo quiera Dios. La enfermedad, que tampoco es tan grave, no me tiene vencido. Pero uno está muy lejos de la santidad, y se deja ganar por el desaliento muchos combates del alma ¿Por qué ocultarlo cuando uno vive en espiritual diálogo con los demás? Hay que aprender a llorar en sociedad. Pero ¡qué alivio llorar sobre el hombro de un hermano!

Es injusto acusarme de llevar tristuras y desaliento a quienes hasta ahora hablé de la alegría de vivir. Nunca presenté la vida de color de rosa. Menguado optimismo el que ha de apoyarse en falsedades. Que sintamos la alegría de vivir no significa que la vida sea alegre. Significa que la aceptamos gozosos y agradecidos en la dicha que nos da y en el sufrimiento que nos aporta. Por amor a la vida amo el dolor que me aflige. Por amor a la vida, amo también a la muerte.

No estoy desesperado. Sigo creyendo en el amor, en la bondad natural de la mayoría de los hombres, en el triunfo de la causa del bien, en un futuro sin guerras, injusticias ni discriminaciones. Sigo creyendo que la vida es maravillosa.

Sólo hace falta amarla. Amarla en todo lo creado. Sentir, en todo lo que existe, el soplo de Dios. Y esperar, esperar siempre. Con fe, con ilusión, con ardoroso anhelo. El esperado está llamando a nuestra puerta. Abrámosle tranquilos y confiados. Él tiene para nosotros una mejor morada.

Mientras, siempre habrá motivos para desear vivir. Todos los que merecen nuestro amor, merecen también que vivamos por ellos. Si mi vida eres tú, ¿cómo no amar esa vida que en ti alienta y es razón y gloria de la mía? Si en algún momento la voluntad se quiebra y el llanto acude a mis ojos, recostaré mi cabeza sobre tu hombro y el consuelo volverá a calentar mi corazón.

Déjame, Señor, morir enamorado.”

Que cada cual concluya  su reflexión. Yo me quedé con la mía y, una vez más, doy gracias a mi padre por la ‘casualidad’ de haber encontrado este recorte amarillento, tantos y tantos años después de haber sido guardado. Una lección más en el momento oportuno.

Nunca estamos satisfechos…


 

Me habrán de disculpar los que viene siguiendo el Blog pero una serie de cuestiones personales y profesionales no me han permitido seguir subiendo las entradas con la frecuencia acostumbrada. De todas maneras, ésta semana voy a tomar prestada una reflexión que me resulta bien interesante y que ya publiqué en su día en mi auto clausurado Facebook.

Esta reflexión que es punzante por cuanto implica la imagen de niños y refleja un hecho cotidiano y tan real como la vida misma, no deja de ser la antesala de cómo vamos a comportarnos nosotros mañana. El egoísmo humano no es, en absoluto, patrimonio de los más pequeños a modo de espíritu de supervivencia. Los mayores, los adultos, los que se supone que disponemos del conocimiento necesario, también lo practicamos diariamente y sin ningún recato.

De hecho, es nuestra ambición lo que nos acaba moviendo, continuamente, como si se tratara del combustible de mayor octanaje disponible en la gasolinera donde llenamos los tanques de nuestros automóviles. Es más, creo que Repsol no debería llorar tanto por el petróleo argentino perdido y le propondría al ínclito Brufau que dispusiera, en toda la red de gasolineras de la enseña española repartidas por el mundo, un cubículo en el que los individuos, mientras se llena el depósito de sus vehículos, recargaran sus dosis neuronales de ambición desmedida y egoísmo exacerbado para afrontar sus jornadas laborales con la mejor de las disposiciones y ánimos, dispuestos a pisar, maltratar, ofender y vituperar a cuantos se opongan a sus intereses, legítimos, por trepar la montaña de la sociedad pisando cabezas, cuantas convengan y sean necesarias, amén.

¿Ironía? Miren a su alrededor y, en algunos casos, miremos a nuestro interior y veremos que poco felices somos con lo que tenemos y cuánto ambicionamos lo que tienen los demás. Como diría el profesor Eduard Punset, sólo se es feliz mientras deseamos una cosa; una vez conseguida desaparece la felicidad. No es que esté muy de acuerdo con la síntesis basada en su experiencia con su perra, si bien reconozco que es así con los animales, pero creo que la racionalidad humana debería, precisamente, servir para que gestionáramos mejor estas circunstancias.

Feliz semana a tod@s

No nos merecemos estos políticos…


Para los que no le recuerden existió un Castelao, político español insigne y de reconocido prestigio, coruñés él y considerado uno de los padres del nacionalismo gallego. También escritor y agudo caricaturista, además de médico de formación.

Una frase suya caracteriza su sabiduría y su agudeza mental: ‘Me hice médico por amor a mi padre, no ejerzo la profesión por amor a la humanidad

Créanme si les digo que, ahora mismo, desconozco completamente la relación o el parentesco que pueda existir entre  D. Alfonso Rodríguez Castelao, de quien acabo de hacer la introducción, y el recién y fulminantemente dimitido presidente del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, José Manuel Castelao Bragaña –ya sin el Don porque eso hay que merecérselo-, pero me da lo mismo. Alguien de su posición  que se atreve a decir en su primera reunión del consejo, dos días después de su designación, que ‘las leyes son como las mujeres, están para violarlas’ es que un descerebrado o tonto integral. No hay más.

Sé que es muy fácil ahora apuntarse al carro de las críticas y la dilapidación pública, pero hay cosas que no dejan de sorprendernos por más que avanzamos. Seguramente no pretendía José Manuel Castelao (sin el Don) dar la dimensión que le dio a sus palabras y también, seguramente, será un acérrimo defensor de las mujeres, pero hay cosas que no se pueden decir ni en broma, ni entre amigos. Son simplemente intolerables.

Por amor a la humanidad, como dijera el otro, este sí insigne personaje, Castelao no vuelva usted a ejercer nunca más un puesto en la política de España. Vamos sobrados de individuos como usted y así nos luce el pelo.

¿Éxito o valor?


A menudo caemos en el error de querer emular a personas que han triunfado en sus vidas profesionales, ejemplos de éxito. Eso me hace recordar una frase de Einstein en la que valoraba esta circunstancia de la siguiente manera: ‘Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor’

Sé que para muchos no dejará de ser otro aforismo más dentro de los muchos que recorren las múltiples páginas de Internet pero, si lo analizamos con un poco de perspectiva, nos podremos dar cuenta de lo mucho de cierto que encierra la frase en sí misma.

El éxito no es más que el resultado del trabajo bien hecho, del esfuerzo cotidiano de cada uno de nosotros y, así y todo, nadie nos lo garantiza. Aún más, alcanzar el éxito sólo te garantiza envidias, sospechas, recelos. Christopher Moran, presidente de Moran Group, corredor de seguro afirmaba que: “Nadie te querrá por tu éxito; les hace daño”. Incluso recuerdo un proverbio anónimo que dice: “Lo peor del éxito es encontrar alguien que se alegre por ti”. Siendo así ¿por qué las personas nos empeñamos en alcanzarlo?

Digamos que es el reto que permanentemente nos mantiene vivos a muchos. El afán de superación personal que conlleva implícito. El sustituto del golpe en la espalda que muchos esperan durante su vida profesional y que, a determinados niveles, ya nadie te da ni puede hacerlo. Pero, con todo, ¿acaso no será mucho más importante en la vida, como nos decía Einstein, convertirnos en personas de valor?

¿Hay alguien que piense que es más fácil alcanzar el éxito profesional que el personal? ¿A cuantos no habremos alcanzado a conocer, desaparecidos en el anonimato destrás de una vida de éxitos y fortuna? El legado que dejaremos al partir, no será otro que el de nuestras obras, de nuestros hechos. El dinero lo heredarán o se perderá en impuestos y otros aconteceres, pero de nosotros sólo quedará lo que hicimos, lo que dijimos, lo que enseñamos, lo que recuerdan, en definitiva, quienes nos conocieran.

Trabajar buscando el éxito, sí, por descontado. Necesitamos auto imponernos barreras para superar, pero sin perder nunca de vista lo más importante: conseguirlo siempre con valores y conseguir que se nos acabe recordando como personas de valor.