Pobre no es el que tiene poco…


Cuando escuchas o lees discursos, explicaciones, escritos y pensamientos como el de D. José Mujica, presidente de Uruguay, y, además, alguien como él, en su situación de status quo político, social y presidencial, se atreve a exponerlo públicamente ante todos los grandes mandatarios del Planeta, se expone a dos cosas: que le traten de excéntrico o que se le tome como modelo a seguir.

No conocía este discurso del Presidente de la Nación Uruguaya hasta esta mañana. Táchenme de ignorante si quieren pero trato de seguir lo menos posible a políticos, chorizos y mangantes del Planeta, sean de donde sean. Hasta ahora reconocía abiertamente mi admiración sólo por uno y no le podía votar porque estaba en otra comunidad autónoma, se trata de D. Miguel Ángel Revilla, ex presidente de Cantabria. Ahora declaro públicamente mi admiración por este presidente – D. José Mújica-, en este caso de una pequeña nación, por tamaño, como es Uruguay pero de una grandeza sólo al nivel de su máximo mandatario.

Tampoco quiero decir que todos sean iguales en su condición de chorizos y mangantes, que Dios y la justicia me libren de ello, obviamente no los conozco a todos y las generalizaciones nunca fueron buenas, pero sí que he acabado desconfiando de casi todos, como casi todos los españoles ahora mismo al ver como su Gobierno, y el anterior también, incumple todas y cada una de sus promesas electorales; excepto, claro, aquellos que siguen manteniendo algún cargo de confianza o puesto dentro del aparato. Sólo digo que con líderes así, los países, las naciones, los ciudadanos, pueden ir con la cabeza muy alta por todo el mundo diciendo con legítimo orgullo, como en este caso: soy uruguayo. Qué envidia siento y cuanta vergüenza ajena hemos de seguir soportando. Suerte que el noble deporte del balón lo salva todo (es una ironía, por si no había quedado suficientemente claro).

Disfrútenlo, es una lección de economía, de humanismo, de civilización, de cordura y de ética universal.

“Autoridades presentes de todas las latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias, nuestro agradecimiento al pueblo de Brasil y a su señora Presidenta. Y Muchas gracias a la buena fe que seguramente han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de acompañar todos los acuerdos que, ésta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir. Sin embargo, permítasenos hacernos algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha estado hablado del desarrollo sustentable, de sacar a inmensas masas de la pobreza ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo es el actual de las sociedades ricas?

Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

Más claro, ¿el mundo tiene los elementos hoy, materiales, como para hacer posible que siete mil u ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible?

¿O tendremos que darnos un día otro tipo de discusión? Porque hemos creado una  civilización en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia, que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.

Pero lo que fue economía de mercado, ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización que significa mirar, por todo el ¡planeta!

¿Y estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros?

¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

Nada de esto lo digo para negar la importancia de este evento. No, es por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es ¡política!

El hombre no gobierna, hoy, las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre. Y la vida, porque no venimos al planeta para desarrollarnos en términos generales, venimos a la vida intentando ser ¡felices! Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es elemental.

Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un plus y la sociedad de consumo es el motor porque, en definitiva, si se paraliza el consumo o si se detiene, se detiene la economía y si se detiene la economía, es el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese híper consumo, a su vez, es el que está agrediendo al ¡planeta!

Y tiene que generar ese híper consumo cosas que duren poco, porque hay que vender ¡mucho! y una lamparita eléctrica, no puede durar más de mil horas prendida ¡Pero hay lamparitas eléctricas que pueden durar cien mil… doscientas mil horas! Pero esas no se pueden hacer, porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que tener una civilización de “uso y tire” y estamos en un círculo vicioso.

¡Estos son problemas de carácter político! que nos están diciendo la necesidad de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos volver al hombre de las cavernas, ni de tener un monumento del atraso. Que no podemos, indefinidamente, continuar gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado.

Por ello digo que el problema es de carácter político… en mi humilde manera de pensar. Porque… los viejos pensadores definían, Epicúreo, Séneca, los Aymaras: pobre no es el que tiene poco sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea, y desea… y desea más y más. Esta es una clave de carácter cultural

Entonces… voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen. Y lo voy acompañar, como gobernante. Porque sé que algunas cosas de las que estoy diciendo rechinan.
Pero tenemos que darnos cuenta… que la crisis del agua… que la crisis de la agresión al medio ambiente,  no es una causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay tres millones de habitantes, poco más… tres millones doscientos pero hay unos trece millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos ocho o diez millones de ovejas estupendas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura, casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las ocho horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo seis horas. Pero el que se consigue seis horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la motito que compró, el autito que compró, y pague cuotas, y pague cuotas y cuando  quiere acordar, es un viejo reumático como yo y ¡se le fue la vida!

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?

Estas cosas son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad.
¡Tiene que ser a favor de la felicidad humana! ¡Del amor…arriba de la tierra! ¡De las relaciones humanas! ¡De cuidar a los hijos! ¡De tener amigos! ¡De tener lo elemental!

Precisamente, porque eso es el tesoro más importante que tienen. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana.

Gracias

Rio de Janeiro (Brasil). 26 Junio 2012 Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible

Cuando sólo necesitamos amor


Quién no habrá oído hablar, a estas alturas, de Nick Vijucic. Un auténtico fenómeno de masas en la red. Sus vídeos han sido disfrutados por miles de personas. Su presencia ha sido llevada a millones de seguidores en más de veinticuatro países. Estuvo también en Barcelona, dando conferencias a directivos y ejecutivos de empresas.

Su vida es el resumen de la superación llevada a los últimos extremos. Cuando todo falla; cuando tratar de marcharte y dejar este mundo absurdo y mercantilista basado en lo que aparentas más que en lo que eres, es lo más fácil; cuando las incapacidades físicas o psíquicas de las personas se acaban convirtiendo en un continuo agravio comparativo; cuando los estándares de belleza superan a la intelectualidad, alguien nacido sin brazos, sin piernas… decidió desafiar al mundo y al mismísimo Dios para que le respondiera… ¿por qué? Por qué él tenía menos que los demás. Por qué no tenía algo tan esencial como sus extremidades. Por qué no podía nadar, correr, saltar, escalar, abrazar, vivir…

Es la primera vez que Vijucic explica con tanta claridad de dónde obtuvo las fuerzas para conseguir superar todos los retos que la vida le había impuesto y cómo lo fue logrando, de uno en uno. Creo que es una buena lección para todos aquellos que, teniendo todo lo que él anhelaba, somos tan poco humildes que nos quejamos por no poder adquirir bienes de consumo superfluos; que suspiramos, estas Navidades, por una mesa repleta de manjares y bebidas con los que se alimentaría un mes una familia desahuciada; que pretendemos adquirir un coche de mayor cilindrada, cuando al nuestro le quedan varios miles de kilómetros por recorrer y que con esa cuota de renting alguien pagaría una vivienda digna mes a mes; que aspiramos a viajar a países lejanos, donde poder disfrutar de unos beneficios temporales, que mañana tal vez no nos podamos ya pagar. Conviene recordar que los apuros de verdad, en España, sólo los sufre el 25% de la población.

Nick Vijucic nos muestra el camino para quienes están presa de la desesperación y no encuentran otra salida a su situación que la de tomar carrerilla para iniciar un salto al vacío y acabar con todo el dolor al que esta sociedad, a la que llamábamos en el pasado del bienestar, nos ha acabado conduciendo. Cuando todos hablan de crisis, de recesión, y cuando todos tratan de luchar con sus propios argumentos y medios para superarla, yo les recordaría lo que está escrito en la Biblia, Proverbios 14:31, “El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra“.

Y no cito esto porque yo sea ni un erudito ni un profundo cristiano, tal vez sería el menos apropiado en ambos casos, sino por cuanto es a lo que aduce Nick. Donde él encontró la esperanza. Probablemente dé lo mismo que seas cristiano, musulmán, hebreo, budista que agnóstico… todos tenemos una referencia con la que entroncamos. Muchos encuentran su esperanza en los libros sagrados así como las respuestas a todas sus preguntas. Nick Vijucic lo encontró en Jesucristo y en todo lo que Él comportaba.

Ya sé que, ahora mismo, esto que explico es muy poco popular. Hablar de religión, de cristianismo, de valores, de la Biblia, de todas esas cosas desfasadas para muchos, no es lo que va a conseguir que me lean muchos de ustedes a partir de ahora. Algunos, incluso piensen que puedo haber caído en un estado de misticismo propio de la época. Otros que enloquecí, directamente. Tampoco. Es que, ante tanta injusticia social, ante tanto mangoneo político, ante tanta desidia institucional, ante tanta avaricia por parte de unos pocos, ante tanto chalanismo* ideológico y al no encontrar respuestas que apacigüen mi espíritu, encontrar a alguien que tiene una respuesta, me llena de esperanza.

Y sí, no puedo dejar de recordar que en las próximas fechas lo que vamos a celebrar no son unas comilonas en familia, con árboles repletos de obsequios envueltos en papeles brillantes de colores chillones verdes, rojos y oro. Más allá del necesario e imprescindible consumismo para mantener el círculo de la economía mundial, este año vamos a conmemorar el 2013 aniversario del nacimiento de alguien que nos enseñó otra manera de hacer las cosas. Lo seguimos celebrando, sí, pero olvidamos el mensaje y hasta al mensajero que vive y se refleja en cada uno de los que sufren la ignominia que les inflinge el poder de una minoría dominante e insensible a los aconteceres de este principio de siglo.

Les invito a verlo y a disfrutarlo.

*Chalanismo. Licencia literaria que me he permitido a partir del verbo ‘Chalar’

Cambia tus palabras, cambia tu mundo


Hace días que ando bien corto de inspiración. No encuentras ni el momento, ni la temática oportuna para atreverme a molestar a quienes de forma habitual me acompañan en el Blog o en el Fb. Es bien verdad aquello de que si con lo que quieres explicar no vas a mejorar nada, mejor permaneces en silencio.

Ayer por la tarde, una buena amiga y clienta, Mª Ángels Faneca, excelente diseñadora de arte floral de Martorell, me quería mostrar una entrada en su Fb (https://www.facebook.com/angels.fanecanovales) que le había entusiasmado. Como era tanta la pasión que ponía en ello, me iba adelantando todo el guión del vídeo subido hasta que le dije que ya lo conocía pero en otra versión. Este es un viejo cuento que ha corrido muchas veces por Internet y que, luego, fue pasado a archivo power point. Muchos van pasando si más pena ni gloria pero, éste en concreto, lo adapté a una versión en la que los hechos acontecían en mi ciudad natal, Barcelona, tal fue el impacto que me causó.

Ahora, por fin, alguien lo ha convertido en un video muy corto (purplefeather.co.uk) y alguien también –en Internet está lleno de alguienes maravillosos (Ana Hache Subtitulos)-, lo ha subtitulado en castellano. Es una historia muy breve pero con mucho contenido y mucho mensaje. De hecho, más de uno.

Yo, por lo menos, le encuentro el principal que viene explícito en la propia historia: la importancia de las palabras. Sabemos hablar pero comunicamos torpemente, todos. ¿Cuántas batallas nos ahorraríamos si dispusiéramos siempre de las palabras adecuadas en cada momento?¿cuantos errores no se llegarían a dar, ni malos entendidos, ni disputas iniciadas sin fundamento? Ahora que está de moda inscribirse en cursos de todo tipo, para mejorar profesionalmente y a nivel interior, sólo una minoría es capaz de comprender la importancia de una comunicación eficaz. La mayoría, con saber hablar se conforma. Craso error que todos –me incluyo el primero- cometemos. La comunicación eficaz es lo que permite que realmente nos diferenciemos de nuestros ancestros más remotos. Por eso nuestro cerebro va dotado de materia gris. “Cambia tus palabras, cambia tu mundo

La siguiente conclusión que extraigo es preciosa en sí misma: “Hoy es un hermoso día y yo no puedo verlo” Esto es lo que cambia la percepción de las personas al pasar por delante del cartel. Caen en la cuenta de lo afortunados que son por poder disfrutar de su día sin, tan siquiera, haberlo pensado y reaccionan. Pero, no sólo los ciegos no ven cuan bello es este día. Hay ciegos que ven mucho más allá que muchos otros que no perdieron la fuerza del poder de la visión. Hay más ciegos que caminan y vagan por nuestras ciudades, deprisa, sin tiempo para nada, corriendo en sus vehículos, pisando a quien convenga y se interponga en su camino, que no aquellos que usan el bastón blanco para protegerse.  Y es que hay que estar muy ciego, y vivimos rodeados de ellos, para no darse cuenta de que hoy, hoy mismo ahora que me estás leyendo, es un día maravilloso más allá de la climatología, de las adversidades, de los problemas y de todas las circunstancias que podamos alegar. Incluso para aquellos que hayan perdido cualquier ser estimado o cualquier cosa valiosa. Es un día que nos han regalado de vida, con sus penas, con sus tristezas, con sus alegrías, con sus éxitos y con sus fracasos, con sus risas y con sus lágrimas. Y, es que, eso es la vida, un compendio de circunstancias en las que nosotros elegimos continuamente y una de nuestras elecciones es disfrutar o no de la vida que vivimos.

Me queda aún una tercera enseñanza: la generosidad. Otro ‘alguien’ que pasando por delante del ciego, se toma su tiempo y aparca su vida por un instante, sus urgencias, y se detiene para tratar de ayudar a cambiar la vida de alguien a quien no conoce. Se le supone una excelente profesional en el video que ilustra este caso. De hecho, en el cuento original, es un publicista (varón) que, por su trabajo, por sus ideas, por una simple frase como esa, factura importantes cifras a sus clientes y, en el caso que nos ocupa lo hace desinteresadamente, sin más… y debe de ser, repito, una excelente profesional porque se vuelve a tomar la molestia, ahora, de comprobar el resultado de su aportación. No ha arrojado ninguna moneda pero, con su actitud, ha dado mucho más de lo que necesitaba el ciego. Necesitamos muchas personas altruistas, como esa de ficción, para que nos guíen a cuantos estamos ciegos.

Que cada cual extraiga sus conclusiones y, si hay más subyacentes o interpretables, que nos ilustre con ellas en este espacio con sus comentarios.