Siete recomendaciones prácticas para salir de la crisis


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El Profesor Domènec Melé, profesor titular de Ética en los Negocios, nos regaló esta artículo en su Blog, semanas atrás, que por su transcendencia reproduzco íntegro para que podáis debatirlo o reflexionar sobre su contenido.

La crisis en la que nos encontramos se deja notar cada vez más y, lo que es peor, se está haciendo larga. Los expertos auguran que saldremos de ella, pero lentamente. Es una previsión, pero su realización tendrá lugar, como la entera historia humana, con actos de libertad. La solución a la crisis no depende sólo de la ahora famosa “troika”: Banco Central Europeo, Unión Europea y Fondo Monetario Internacional. Depende también de todos nosotros. No debemos esperar pasivamente soluciones venidas de “arriba” o “logros sociales” por repetidas y molestas huelgas o por sonadas manifestaciones.

Creo que es importante tomar conciencia de que debemos poner algo de nuestra parte; cada uno lo que tenga a su alcance. Puede contribuir a ello asumir y difundir buenos valores; ya sean valores contrarios a aquello que está en el origen moral de la crisis, ya sean valores refrescantes y animosos que puedan ayudar a superar la situación actual. Una reflexión sobre esta base me lleva a recomendar siete valores. Puede haber más, pero me parece que los que siguen no deberían faltar.

1. Ver el mundo con objetividad y no dejarse hundir por las dificultades. En la crisis faltó objetividad en las posibilidades de endeudarse y un optimismo ilusorio. Ahora se trata de no quedarse con ver el vaso medio vacío, ni tampoco medio lleno, aunque esto último es preferible. Más bien ver lo que hay dentro del vaso y tomar conciencia de su valor. Se puede haber perdido el trabajo, los ahorros, la casa… o quizá no tanto, pero puede seguir habiendo familia, amigos de verdad, sentido de la vida e incluso de eternidad. Valorar lo que se tiene es capital. Los recursos materiales son necesarios, pero insuficientes para una vida buena.

2. Aprender a vivir con austeridad y laboriosidad. Hay gran consenso en que, por lo general, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, influidos por una sociedad consumista en la que se incita a disfrutar de todo tipo de bienes aun cayendo en el despilfarro. Al mismo tiempo, se ha fomentado poco una cultura del esfuerzo y del trabajo o se ha visto únicamente como un medio para el consumo y no en su valor personal y social.

3. Compartir deberes más que reivindicar derechos. Muchos tiene plena conciencia de sus derechos subjetivos y quizá no tanto de sus deberes. El estado del bienestar, junto a grandes logros, puede haber contribuido a crearla. Durante la crisis, nadie se quejó ni se preocupó demasiado de que los políticos se endeudaran hasta extremos insospechados. Derecho a recibir, sí, pero también deber de contribuir y controlar. También ahora, cada grupo se queja de los recortes que le afectan; cada quien busca su interés, sin reconocer el deber de todos de asumir la situación y ayudar a superarla.

4. Actuar con magnanimidad y espíritu emprendedor. Lo contrario a esperar pasivamente o resignarse a situaciones insostenibles es tener “grandeza de ánimo”, proporcionado por la virtud de la magnanimidad, y espíritu emprendedor. La magnanimidad no es soñadora sino realista, pero con sentido positivo, altura de miras y creatividad. No se queda en la queja sino que mira cómo afrontar la situación y, si puede, mejorar su entorno y el de otros. Una persona magnánima reacciona así: si no encentro trabajo en mi oficio, voy a ir pensando en otro; si me falta preparación, me dispongo a conseguirla; si no hay trabajo aquí, trato de crearlo o me voy a otro país.

5. Ser solidarios con los más necesitados. Mientras salimos de la crisis, existe el riesgo que muchos se queden en la cuneta. Probablemente, todos saldremos económicamente más empobrecidos de la crisis, pero estas pérdidas pueden llevar a necesidades extremadamente básicas. Es necesario considerar que otros pueden estar peor que nosotros y necesitar nuestra generosidad. Las necesidades pueden ser perentorias: alimentación, servicios básicos, vivienda,… pero no es sólo eso: también hay personas pobres en afecto, en bienes culturales, en esperanza, en confianza y otros valores espirituales que llenen sus vidas.

6. Fomentar una cultura de cooperación. Entre las causas morales de la crisis, subyacía un marcado individualismo egoísta y una despreocupación por las consecuencias sociales de la búsqueda desenfrenada del propio interés. Ahora se trata de superar esta visión fomentando una cultura de cooperación, generadora de capital social. Estamos en el mismo barco y las acciones de uno repercuten en otros. Nadie es independiente de los demás; de algún modo, todos somos interdependientes. En la crisis, hubo “contagio” de uno sector a otro y entre países. La voluntad de cooperación ha de ser también contagiosa; y todo es empezar.

7. Gobernar con sabiduría y coraje y contribuir a conseguirlo. No se ha hecho durante la crisis. Ha habido irresponsabilidad por parte de la banca, de los supervisores y reguladores y de los gobiernos. Ha faltado prudencia y han sobrado deseos de ganar dinero o votos, y de no complicarse la vida buscando lo más ético. Ahora, más que nunca, se requiere sabiduría práctica para acertar en las medidas oportunas y coraje para aplicarlas. Esto parece que sólo afecta a quines gobiernan instituciones, públicas y privadas, pero no es así. También los gobernados deben participar y contribuir al buen gobierno. Con su voz, su voto y otras acciones pueden influir en gran manera sobre los que están al frente de las instituciones.

Ya sé que a muchos no les va a gustar ésta receta… Siete ingredientes, pero que siete ingredientes. Algunos, para localizarlos tendremos que esforzarnos bastante en encontrarlos. No basta con la lista del supermercado… más bien me recuerda la odiesa de En Busca del Arca Perdida, pero bueno, ahí están. Pruébenlo ¡¡¡

Entrevista a D. Miguel Ángel Revilla en Societat de Consum de Radio Martorell


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Miguel Ángel Revilla es uno de los mejores y más honrados políticos de éste país. Ex presidente de Cantabria, cántabro de pura cepa que ejerce fuera de su comunidad. Odiado y reverenciado por igual en toda España. Para unos no es más que un populista patán y para otros la viva imagen del hombre llano del pueblo, eficaz en su gestión y honrado y cabal hasta las cejas.

No tenemos palabras para expresar nuestro agradecimiento a D. Miguel Ángel por su predisposición a ponerse ante los micrófonos del Societat de Consum de Radio Martorell, priorizándolo por delante de cadenas radiofónicas nacionales de primer orden (COPE, por ejemplo).

Todo lo que dijo es rigurosa actualidad y todavía, entonces, no habían explotado gran parte de los estrafalarios casos de presunto espionaje; ni sabíamos que habían unos cuadernos azules en la Catedral de Santiago; no habían detenido imputados en Catalunya como consecuencia del caso Blanco en Galicia; ni tan siquiera el feo asunto del marido de la Ministra; ni tampoco habían indultado a Emilia por la que él y nosotros estábamos dispuestos a hacer lo que fuera necesario para evitar su entrada en prisión… Es un documento de rigurosa actualidad.

Gracias D. Miguel Ángel Revilla.