Y tú, que eres ¿zanahoria, huevo o café?


cafe

Ésta fábula, se la dedico a mis amigas y colaboradoras de OD (Haidé, Lluisa, Nuri, Laura, etcétera), que están atravesando un momento de dificultades importantes en el cotidiano navegar por las tormentas propias de los mares empresariales de nuestro país.

Que la mar brava no les atormente, que las olas no les espanten, que las rocas que acechan no sean causa de desesperanza… todo acaba pasando y tras la tormenta siempre llegó la calma, aunque tardare cuarenta días con sus cuarenta noches.

Quisiera que la entendieran, no en un contexto crítico del que no serían merecedoras, sino que fuera la reflexión necesaria para comprender cuál es nuestra labor dentro de una empresa, de una compañía, que lucha por su supervivencia y que son ejemplo para todos sus compañeros/as

“Una hija se quejaba con su padre acerca de la vida. No sabía cómo seguir adelante y, cansada de luchar, estaba a punto de darse por vencida. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

El padre, un reconocido chef, la llevó a la cocina. Llenó tres ollas con agua y las puso sobre fuego fuerte. Cuando el líquido estaba hirviendo, echó zanahorias en la primera olla, un par de huevos en la segunda, y algunos granos de café en la tercera.

La hija esperó con impaciencia, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos él apagó el fuego, puso las zanahorias en un recipiente y los huevos en otro, coló el café y lo sirvió en una jarra. Mirando a su hija, le preguntó:

—Querida, ¿qué ves?
—Zanahorias, huevos y café —fue la respuesta.

Le pidió que tocara las zanahorias: estaban blandas. Luego le dijo que rompiera un huevo: estaba duro. Por último, le pidió que probara el café. Ella sonrió, mientras disfrutaba el rico aroma de la bebida. Humildemente, la joven preguntó:

— ¿Qué significa esto, papá?
—Estos tres elementos —explicó él— se han enfrentado a la misma adversidad, el agua hirviendo, y cada uno ha reaccionado en forma diferente. La zanahoria, fuerte y dura, se tornó débil, fácil de deshacer. El huevo era frágil; la cáscara fina protegía su interior líquido, que después de estar en el agua hirviendo se endureció. Los granos de café transformaron al agua, convirtiéndola en la rica bebida que te reconforta y calienta.

¿Qué eres tú? —le preguntó el cocinero a su hija—. Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿eres zanahoria, huevo o grano de café?”

Yo, como amante enamorado de la Colombia cafetera, les digo a mis amigas, vosotras sois para mí, cada mañana, cuando me vuelvo a reencontrar con la cotidianeidad de la adversidad, café del bueno, café del mejor, café colombiano puro.