Valores


Domènec Melé (IESE)

El 25 de Enero de 2013, publicaba una entrada del profesor del IESE, Domènec Melé, a quien tuve la posibilidad de entrevistar a través de los micrófonos de Radio Martorell, dentro del programa Societat de Consum que, por aquel entonces dirigía. Todo lo que diga Melé es, necesariamente, motivo de gran reflexión y digno de ser escuchado. Por eso, dada la crisis que estamos comenzando a vivir, y más en los próximos meses (y años) a raíz de la Pandemia de la que habremos acabado saliendo, pero que nos habrá dejado un rastro de miseria económica y social descomunal, es necesario comenzar a hacernos una idea de lo que deberemos hacer para superar a esta también.

Cuando Domènec Melé escribía estas directrices y consejos, pensaba en una crisis que ahora vemos y entendemos como mucho menor a la que vamos a atravesar. Poco se podía imaginar que en ocho años tendríamos que enfrentarnos a una situación mucho más desproporcionada.

Valores para salir de la crisis: siete recomendaciones prácticas

La crisis en la que nos encontramos se deja notar cada vez más y, lo que es peor, se está haciendo larga. Los expertos auguran que saldremos de ella, pero lentamente. Es una previsión, pero su realización tendrá lugar, como la entera historia humana, con actos de libertad. La solución a la crisis no depende sólo de la ahora famosa “troika”: Banco Central Europeo, Unión Europea y Fondo Monetario Internacional. Depende también de todos nosotros. No debemos esperar pasivamente soluciones venidas de “arriba” o “logros sociales” por repetidas y molestas huelgas o por sonadas manifestaciones.

Creo que es importante tomar conciencia de que debemos poner algo de nuestra parte; cada uno lo que tenga a su alcance. Puede contribuir a ello asumir y difundir buenos valores; ya sean valores contrarios a aquello que está en el origen moral de la crisis, ya sean valores refrescantes y animosos que puedan ayudar a superar la situación actual. Una reflexión sobre esta base me lleva a recomendar siete valores. Puede haber más, pero me parece que los que siguen no deberían faltar.

1. Ver el mundo con objetividad y no dejarse hundir por las dificultades. En la crisis faltó objetividad en las posibilidades de endeudarse y un optimismo ilusorio. Ahora se trata de no quedarse con ver el vaso medio vacío, ni tampoco medio lleno, aunque esto último es preferible. Más bien ver lo que hay dentro del vaso y tomar conciencia de su valor. Se puede haber perdido el trabajo, los ahorros, la casa… o quizá no tanto, pero puede seguir habiendo familia, amigos de verdad, sentido de la vida e incluso de eternidad. Valorar lo que se tiene es capital. Los recursos materiales son necesarios, pero insuficientes para una vida buena.

2. Aprender a vivir con austeridad y laboriosidad. Hay gran consenso en que, por lo general, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, influidos por una sociedad consumista en la que se incita a disfrutar de todo tipo de bienes aun cayendo en el despilfarro. Al mismo tiempo, se ha fomentado poco una cultura del esfuerzo y del trabajo o se ha visto únicamente como un medio para el consumo y no en su valor personal y social.

La crisis en la que nos encontramos se deja notar cada vez más y, lo que es peor, se está haciendo larga. Los expertos auguran que saldremos de ella, pero lentamente. Es una previsión, pero su realización tendrá lugar, como la entera historia humana, con actos de libertad.

Domènec Melé

3. Compartir deberes más que reivindicar derechos. Muchos tiene plena conciencia de sus derechos subjetivos y quizá no tanto de sus deberes. El estado del bienestar, junto a grandes logros, puede haber contribuido a crearla. Durante la crisis, nadie se quejó ni se preocupó demasiado de que los políticos se endeudaran hasta extremos insospechados. Derecho a recibir, sí, pero también deber de contribuir y controlar. También ahora, cada grupo se queja de los recortes que le afectan; cada quien busca su interés, sin reconocer el deber de todos de asumir la situación y ayudar a superarla.

4. Actuar con magnanimidad y espíritu emprendedor. Lo contrario a esperar pasivamente o resignarse a situaciones insostenibles es tener “grandeza de ánimo”, proporcionado por la virtud de la magnanimidad, y espíritu emprendedor. La magnanimidad no es soñadora sino realista, pero con sentido positivo, altura de miras y creatividad. No se queda en la queja sino que mira cómo afrontar la situación y, si puede, mejorar su entorno y el de otros. Una persona magnánima reacciona así: si no encentro trabajo en mi oficio, voy a ir pensando en otro; si me falta preparación, me dispongo a conseguirla; si no hay trabajo aquí, trato de crearlo o me voy a otro país.

5. Ser solidarios con los más necesitados. Mientras salimos de la crisis, existe el riesgo que muchos se queden en la cuneta. Probablemente, todos saldremos económicamente más empobrecidos de la crisis, pero estas pérdidas pueden llevar a necesidades extremadamente básicas. Es necesario considerar que otros pueden estar peor que nosotros y necesitar nuestra generosidad. Las necesidades pueden ser perentorias: alimentación, servicios básicos, vivienda,… pero no es sólo eso: también hay personas pobres en afecto, en bienes culturales, en esperanza, en confianza y otros valores espirituales que llenen sus vidas.

6. Fomentar una cultura de cooperación. Entre las causas morales de la crisis, subyacía un marcado individualismo egoísta y una despreocupación por las consecuencias sociales de la búsqueda desenfrenada del propio interés. Ahora se trata de superar esta visión fomentando una cultura de cooperación, generadora de capital social. Estamos en el mismo barco y las acciones de uno repercuten en otros. Nadie es independiente de los demás; de algún modo, todos somos interdependientes. En la crisis, hubo “contagio” de uno sector a otro y entre países. La voluntad de cooperación ha de ser también contagiosa; y todo es empezar.

7. Gobernar con sabiduría y coraje y contribuir a conseguirlo. No se ha hecho durante la crisis. Ha habido irresponsabilidad por parte de la banca, de los supervisores y reguladores y de los gobiernos. Ha faltado prudencia y han sobrado deseos de ganar dinero o votos, y de no complicarse la vida buscando lo más ético. Ahora, más que nunca, se requiere sabiduría práctica para acertar en las medidas oportunas y coraje para aplicarlas. Esto parece que sólo afecta a quines gobiernan instituciones, públicas y privadas, pero no es así. También los gobernados deben participar y contribuir al buen gobierno. Con su voz, su voto y otras acciones pueden influir en gran manera sobre los que están al frente de las instituciones.

Siete valores para reflexionar… todos.

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