La Lealtad


¿Qué es la Lealtad en realidad? ¿Está sobrevalorada?

Este es uno de los valores que más demandan las organizaciones y las personas a sus colaboradores, pero ¿Qué es la Lealtad en realidad? ¿Está sobrevalorada?

Una recomendación antes de comenzar la lectura. Si no le interesan los aspectos más filosóficos que ayudan a entender los significados y el porqué de las cosas, y sólo se muestra interesado en la parte más pragmática del asunto que nos ocupa, le recomiendo que se salte el preámbulo y demás, hasta llegar al punto LA LEALTAD PRÁCTICA. Podía haber confeccionado un post de ‘estar por casa’ y de fácil lectura, pero todas las cosas tienen sus argumentos y sus porqués y a mi, me gusta desarrollarlos lo más prolijamente que puedo y sé.

Preámbulo

Vamos a ir por orden porque esto va a resultar con más entresijos de los esperados a simple vista. De entrada, es un tema poco analizado por filósofos y pensadores por diversas razones que ahora no vienen al caso y, en consecuencia, hay bastante menos literatura de la deseada. Por eso, prefiero comenzar con unas pocas definiciones (piezas) que luego trataré de unir para un total entendimiento de mi exposición:

  • Concepto ¿De qué se trata? Derivado del latín concipere (contener, concebir), conceptus abarca la acción de contener. La RAE lo define como: Idea que concibe o forma el entendimiento. Dicho de otra manera, cuando nuestro cerebro recibe cualquier información, la procesa, la identifica, la clasifica y la integra, desarrollando un Concepto sobre esta información percibida, que le servirá de referencia para próximas ocasiones.
  • Creencia. Del latín credere, hacía referencia a ‘poner’ el ‘corazón’. La RAE la define como: Firme asentimiento y conformidad con algo. Que el individuo cree en ello, lo que sea, con todo el ‘corazón’ y convencimiento; puede ser de tipo religioso, político, social o personal, es algo de lo que estamos muy convencidos en sentido positivo o negativo, por supuesto. Una vez hemos asimilado un Concepto a una Creencia y estos han sido asociados en nuestro cerebro a nivel neuronal, pasan a conformar parte de nuestra forma de ser y de pensar mediante el trazado de un paradigma, hasta cierto punto, encorsetante.

  • Valor. Esta entrada se deriva del latín valere, valor, que significa fortaleza, ser fuerte, tener tal o cual valor, etcétera, y del que procede, a su vez, el verbo castellano Valer. Cuando le preguntamos a la RAE, esta responde, entre otras entradas, con una muy significativa para lo que nos ocupa: Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y arrostrar los peligros. De hecho, según la propia Academia, se considera, un ‘valor’ a aquella persona que posee o a la que se le atribuyen cualidades positivas para desarrollar una determinada actividad. En resumen, vemos que aquí nos hablan de Cualidades personales positivas.

Simon L. Dolan[1] lo define como: Aprendizajes estratégicos relativamente estables en el tiempo de que una forma de actuar es mejor que su opuesta para conseguir nuestros fines. En conclusión, los valores son una consecuencia estable derivada de nuestro aprendizaje y experiencia, a partir de nuestros ‘conceptos+creencias’, orientado a una acción determinada.

Estos apuntes, nos permiten determinar que los valores no son otra cosa que cualidades positivas que se le atribuyen a una persona o cosa.

  • Actitud. Vocablo asociado a la forma latina actitudo, actitudinis. Nuestra RAE la define como: Disposición de ánimo manifestada de algún modo. Allport lo definió como: Un estado de disposición mental, organizado, que ejerce una influencia directa en el comportamiento de una persona en su día a día. Por su parte, Miguel Ángel V. Ferreira[2] indica que: Una actitud es una tendencia a la acción adquirida en el ambiente en que se vive y derivada de experiencias personales. Es un estado de disposición psicológica, pero adquirido y organizado a través de la propia experiencia y añade que: Las actitudes no son conductas sino predisposiciones adquiridas, por lo que considera que la Actitud es un estado de ánimo aprendido.

Todas estas definiciones, nos llevan a determinar dos aspectos importantes:

  1. Que la Actitud es, finalmente, una disposición o tendencia mental adquirida y organizada, tal y como vemos en la definición anterior de esta pieza, pero no una Conducta.
  2. No nacemos con actitudes, sino que las vestimos a partir de nuestra propia experiencia y del entorno.

  • Conducta. Procedente de latín conducta (conducida, guiada), la RAE la define, entre otras, de dos maneras oportunas para este artículo: Manera con que las personas se comportan en su vida y acciones y, desde el punto de vista psicológico, como el Conjunto de las acciones con que un ser vivo responde a una situación.

La Conducta, al hilo de lo expuesto, se distingue de la Actitud en que esta última es una disposición o tendencia del ánimo y la primera es un conjunto de acciones visibles, o lo que es lo mismo, la Conducta es la exteriorización visible de la Actitud de la que dispone cualquier individuo.

  • Cualidad. Del latín qualitas que significa conjunto de propiedades que se consideran particulares y distintivas. La RAE, va por el mismo camino en sus tres acepciones e este vocablo: 1Elemento o carácter distintivo de la naturaleza de alguien o algo, 2 Cualidad positiva, especialmente de una persona y 3Calidad, condición o naturaleza de algo o de alguien. Tan importante como delicada era la comprensión de esta expresión entre los filósofos griegos y romanos que, el propio Marco Tulio Cicerón, la expresó de esta manera en su obra Academica: “He dado el nombre de cualidades a lo que los Griegos llaman poiótetes (ποιότητες). Incluso entre los Griegos no es una palabra de uso ordinario, sino que es usada por los filósofos, como pasa con muchas expresiones.” Cicerón, no consideraba la expresión apta para personas no muy letradas, tanta complejidad se le otorgaba.

Análisis de la Lealtad

Cuando preguntamos por Lealtad a la RAE, nos responde que estamos hablando de una Cualidad, en este caso, de ser Leal.

  1. f. Cualidad de leal.

Si seguimos indagando, el siguiente paso será escudriñar que significa ser Leal y, ahora, nos ofrece tres especificaciones concretas:

  1. adj. Que guarda a alguien o algo la debida fidelidad
  2. adj. Fidedigno, verídico y fiel, en el trato o en el desempeño de un oficio o cargo.
  3. adj. Dicho de una acción: Propia de una persona fiel[3].

Si hemos entendido bien, cuando explicábamos la definición de Cualidad, veremos que, en principio, no necesariamente debería tratarse de algo positivo en el individuo, sólo habla de elemento distintivo, eso puede ser que alguien esté muy grueso, sea muy alto o sea muy sucio, son elementos distintivos que permiten diferenciarlo de otros individuos, ni mejores ni peores. Una persona muy reflexiva no puede ser mejor ni peor que otra más decidida, no obstante, esas cualidades sí que los pueden convertir en más adecuados para un puesto de trabajo que para otro. Sólo identifica un elemento distintivo.

Estamos refiriéndonos a algo (elemento o carácter) que sale de dentro de una persona y que la singulariza (distintivo), en principio, pero que no tiene que darse en todas por igual; luego entonces, se trata de una disposición manifiesta y eso responde a la esencia de una Actitud personal (disposición de ánimo o mental), que encaja a la perfección con una de las dos definiciones de la entrada Actitud en el Diccionario Castellano: Disposición de ánimo manifestada de algún modo, y se entiende que esa disposición de ánimo se observa hacia algo o hacia alguien.

Floyd y Gordon Allport[4] decían que: La Actitud es un estado mental y nervioso de disposición adquirido a través de la experiencia que ejerce una influencia directiva o dinámica sobre las respuestas del individuo a toda clase de objetos y situaciones con las cuales se relaciona. Esto implica la composición de tres factores: cognitivo, emocional y de acción. Cognitivo, por cuanto el sujeto debe de tener un conocimiento muy exacto de hacia qué o hacia quién va a trasladar su disposición. Emotivo, por la influencia que va a ejercer sobre el propio sujeto para que aplique la Acción, que es el tercer factor a comprender. Importante a tener en cuenta la Experiencia, que forma parte muy directa en el proceso de cognición, es decir, no se trata sólo de una decisión espontánea del sujeto, sino que viene precedido de una experiencia, o varias, que le ayudan a discernir y adoptar una actitud determinada.

Pero resulta que la Actitud, per se, no es observable en sí misma, salvo que se manifieste de una forma expresa, aunque pasiva, o directa a través de una Conducta del individuo. Gregory R. Maio[5] y James M. Olson[6], determinaron que la Actitud se conforma a partir de factores como los valores, las creencias, la cultura, las ideas… y definían los propios valores como ideales rectores de la vida de las personas, que conformaban sus actitudes demostradas, a posteriori, a través de sus comportamientos. De hecho, mediante tres experimentos -realizados en 1998- concluyeron como cierta la hipótesis general de que los valores son obviedades culturales, es decir, creencias que son ampliamente compartidas (paradigmas) y rara vez cuestionadas

“Todo esto nos lleva a poder relacionar a la Cualidad de un individuo con su expresión, por cualquier medio, como una Actitud que se conformará a partir de las creencias, cultura, ideas y valores y que se manifestará, o no, a través de su Conducta.” 

¿Qué es la Lealtad en realidad?

Como recordará el lector, en la segunda acepción sobre Cualidad (Cualidad positiva, especialmente de una persona), ya se habla de cualidad positiva y la identifica, específicamente, sobre personas. La propia RAE, siguiendo este hilo argumental convierte, de facto, la Lealtad en una Cualidad de Leal. Es decir, pasa a considerar una Cualidad positiva la Fidelidad y, por ende, la Lealtad también lo será. Más allá de lo discutible del tema, sobre todo en entornos políticos extremistas próximos durante el pasado siglo, nos deja claro que la Lealtad es una Cualidad positiva del individuo, luego entonces, estamos hablando de un Valor, quedando resuelta la primera pregunta del enunciado:

¿Qué es la Lealtad en realidad? Un Valor personal e individual de quienes la profesan

Otras consideraciones históricas respecto a la Lealtad

Curiosamente, la Lealtad, no ha sido objeto de mucho estudio en épocas pretéritas por los grandes clásicos. De hecho, nada se encuentra hasta llegar al griego Esquilo, célebre dramaturgo griego predecesor de Sófocles y Eurípides, que introdujo este concepto en su obra de teatro Agamenón. Muchos siglos pasaron hasta que llegara Josiah Royce[7] con su trabajo The Philosophy of Loyalty (La filosofía de la lealtad) publicado en 1908.

Royce, nos presentó su concepto de la Lealtad como una virtud primaria, El centro de todas las virtudes, el deber central entre todos los deberes. Incluso nos presenta una definición más concreta: La devoción consciente y práctica y amplia de una persona a una causa. De esto se desprende, conciencia (participa la cognición, no se nace con ello), devoción (participa la emotividad), práctica (acción, implica Conducta para exteriorizar la Actitud, lo que determina que no hablamos ni de un sentimiento ni de la propia Actitud, que no precisaríamos expresar explícitamente) y amplia (sin límites y absolutamente comprometido).

Finalmente, en esta reflexión, no puede faltar un estudio de lo que entiende por Lealtad la Biblia, que sí la valoraba en gran medida otorgándole diferentes orientaciones, por ejemplo: Cuando Hiram de Tiro amó (ahab’) a David en el sentido de serle totalmente leal (1R; 5.1). En ese sentido Amar (ahab’) se usaba políticamente para describir la lealtad de un vasallo o subordinado hacia su señor, algo que en la Edad Media se daba frecuentemente hacia el Rey o Señor de cada lugar de la Vieja Europa.

Fidelidad (munalf’) se traduce por Lealtad en 1S; 26.23, cuando indica que <Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad>, convirtiendo Fidelidad en sinónimo de Lealtad cuando se trata de los pactos con el Señor. El vocablo Jesed (amor) cobra mayor importancia a partir de aquí, por cuanto pasa a describir en uno de sus sentidos (Amor, Lealtad), con mayor exactitud, y establece la esencia de la relación entre Dios e Israel:

<Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y derecho, en lealtad y compasión. Yo te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehovah> (Os 2.19–20 RVA).

Posteriormente, Dios cede ante los deseos de su pueblo de Israel y les concede la posibilidad de tener un Rey para asimilarse a los demás pueblos que le rodean, pero pone una condición que señala un antes y un después en la Lealtad entendida como tal: que Él sería el Rey supremo y que la Lealtad se la deberían a Él en primer lugar (Dt 17;15: <ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere>), que sería quién eligiera al Rey y pondría normas muy concretas para su nombramiento.

Al hacer esto, Dios divide la Lealtad en dos, la terrenal y la celestial, pero se reserva la prioritaria en cualquier caso. Por eso Jesús aclara en su momento, ya en el Nuevo Testamento que: <Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios>. Con todo, lo de las dobles lealtades, el ser humano no lo lleva muy bien (y lo sigue sin llevar ni entender) y Jesús vuelve sobre el mismo tema y lo deja mucho más claro en M6:24, cuando el Mesías lo explicita taxativamente: <Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.>

LA LEALTAD PRÁCTICA

Aclarados todos los aspectos a los que se refiere la Lealtad y de que queda bajo la consideración de ser:

Una Cualidad personal, meditada y sospesada en base a razonamientos (conceptos, creencias, valores, etc.) y experiencias que, el sujeto que la sostiene en el tiempo, ejerce a través, primero de su Actitud y, tal vez, después con su Conducta, prestándola activamente en favor de otras personas o cosas de forma explícita y manifiesta”

Ahora vamos a establecer la importancia de ésta en el contexto social y más pragmático. Para aclarar todo esto mejor, lo haremos a través de un ejemplo práctico que nos regala Carlos Díaz Llorca[8], a quien profeso una gran estima por su persona y conocimientos, en su libro “Hacia una Estrategia de Valores en las Organizaciones”:

Logramos una nueva forma de desarrollar un trabajo (resultado) porque nos dedicamos con entusiasmo (conducta) a él, dado que valoramos positivamente (actitud) que no tenemos barreras burocráticas (norma) y esto nos proporciona la posibilidad de poner en práctica la creatividad (valor), lo que se sustenta en la necesidad de ser creativos para continuar en el mercado (creencia)

Podemos extrapolar este modelo a cualquier otro ejemplo dentro del mundo empresarial que incluya la Lealtad como valor referencial, por ejemplo

Vamos a conformar un equipo para desarrollar un software de gestión de proyectos (resultado), para lo que necesitamos personas muy decididas y orientadas al objetivo y al cumplimiento de los plazos establecidos en el timeline (conducta), convencidas de la necesidad de este nuevo producto en el mercado y para nuestra organización (actitud), que sean leales y estén comprometidos con la empresa (valores-cualidades) y que piensen que esto les va suponer unas ventajas importantes a nivel curricular (creencia)

¿Está sobrevalorada la Lealtad?

Es la segunda cuestión que nos quedaba por resolver del encabezamiento. Digamos que depende de a quién se la otorguemos. Muchos piensan que la Lealtad se le debe a una organización (sea una nación, un ejército, una empresa, una creencia religiosa…) y otros la relacionan más respecto a la figura del Líder o de otra persona, en el caso de las relaciones personales.

No está muy claro todo esto, pero si tomamos como referencia las primeras piezas del puzzle, durante la exposición del preámbulo, es más fácil desarrollar lealtades alrededor de conceptos religiosos (por descontado, ya que se basan en esa Lealtad a la deidad o factor referencial y en la Fe, dos conceptos que asociados mueven fortalezas), conceptos nacionales (de muy jóvenes ya hemos sido sometidos directa o indirectamente a mensajes orientados en ese sentido, a través del deporte, de la lengua, de la cultura… hasta de la bandera), y/o conceptos afectos a organizaciones con un gran ascendente jerárquico militarizado (que se basan exclusivamente en el cumplimiento, sin respuesta negativa posible, de las órdenes recibidas a costa de la propia vida; si cumples, te podrán matar ellos, si no cumples tienes muchas posibilidades de que te matemos nosotros), que hacerlo hacia las personas. De hecho, se dan casos en los que la política, la religión y las fuerzas de orden militar, se estructuran a partir de un personaje, caso de los fascismos de cualquier signo e índole, y entonces la línea que separa unos de otros tiende a difuminarse.

Ahora bien, cuando nos referimos a lealtades orientadas a organizaciones privadas de tipo empresarial, por ejemplo, estas tienden a alterarse sobre todo a nivel Conceptual y de Creencia, perdiendo mucho el interés por parte de los individuos y convirtiéndose en un Valor muy estimado entre los pocos que lo atesoran. Pocas personas son las que creen que le deban Lealtad a una organización a la que están ligada a partir de una relación contractual con intereses distintos y, en ocasiones, contrapuestos.

Menos son, aún, las que consideran que le deban Lealtad a un Líder dentro de una organización, salvo que se den consideraciones personales muy fuertes a nivel Conceptual y de Creencia, como podría ser en el caso de que alguien hubiera alcanzado cotas importantes de conocimientos, responsabilidades o monetarias, gracias a su colaboración trabajando para un Líder. Todo y así, las posibilidades de ‘traicionar’ a esos líderes son muchas según la compensación que estimen puedan alcanzar al hacerlo (ascensos, mayores responsabilidades, mejorar sus ingresos económicos).

Explicado esto, La Lealtad no es un Valor nada fácil de obtener dentro de una sociedad competitiva como la nuestra y, por eso, se cotiza muy alto. El contrapeso lo pone el hecho de que muchos líderes tienden a rodearse de personas leales, despreciando otros valores mucho más interesantes a cambio de asegurarse una buena cuota de, la tan complicada de obtener, fidelidad por parte de sus propios colaboradores. Eso convierte a los equipos, en los que su Líder prima la Lealtad, en menos competitivos que los que priman otras cualidades y circunstancias. Esto sucede básicamente, porque muchos Líderes acaban confundiendo Lealtad con servilismo y sumisión que, desde luego, serán cualquier cosa menos valores; sí cualidades, pero nunca valores.

Algo que deben aprender nuestros Líderes es que la Lealtad radica también en aquellos colaboradores que nos dicen lo que no queremos escuchar o que no nos gusta, pasando a convertirse en Leales Críticos, impagables cuando se guían exclusivamente por criterios profesionales desprovistos de cualquier interés personal y de egos mal entendidos. Negarse a hacer una cosa, porque se infringen normas, tampoco es una falta de Lealtad, es una postura de Lealtad Ética, en este caso hacia la organización o la sociedad. Y disentir en la mejor manera de llevar a cabo las acciones propias del desarrollo de los procesos, tampoco tiene porque considerarse como una deslealtad en sí misma, ni hacia la organización ni hacia la persona del Líder; si se hace de forma positiva con aportación de argumentos y ganas de mejorar hacia la obtención de la Excelencia, estaremos frente a una Lealtad Constructiva.

En resumen, ni todos los colaboradores que practican la Lealtad son, en cierta forma tan leales como parece (podríamos estar tratando con oportunistas o con profesionales mediocres), ni todos los que calificamos de desleales, porque no son de nuestra cuerda y están decididos a realizar sus aportaciones orientadas a la mejora y a la persecución de la Excelencia, dejan de ser auténticos y Leales Colaboradores, a nosotros mismos, como líderes, y a la propia organización que es la que paga sus salarios.

Y sí, la Lealtad está sobrevalorada porque ni todos los leales lo son tanto en verdad, ni los ‘desleales’ tampoco son tantos ni tan malos.


[1] Simon L. Dolan es doctor en recursos humanos y psicología del trabajo en ESADE​ presidente de la Global Future of Work Foundation (GFWF), escritor, empresario y profesor universitario.

[2] Miguel Ángel Vazquez Ferreira, es Profesor Titular de Universidad del Departamento de Cambio Social de la Universidad Complutense de Madrid

[3]Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él.

[4] Floyd Allport, psicólogo, considerado el fundador de la psicología social como disciplina científica y Gordon Allport, psicólogo social estadounidense, estudioso y uno de los fundadores de la psicología de la personalidad

[5] Greg Maio se unió a University of Bath en 2016 como Jefe del Departamento de Psicología y supervisa la docencia, la investigación y la planificación estratégica. Sus intereses incluyen el comportamiento, los valores y las actitudes socio-cognitivas.

[6] El profesor James Olson se licenció en derecho por la Universidad de Iowa. Es profesor de práctica en la Bush School, donde imparte cursos de inteligencia y contrainteligencia. Se desempeñó durante más de treinta años en la Dirección de Operaciones de la Agencia Central de Inteligencia y fue Jefe de Contrainteligencia en la sede de la CIA en Langley, Virginia.

[7] Josiah Royce. La Universidad Johns Hopkins, de reciente creación le concedió en 1878 uno de sus primeros cuatro doctorados en filosofía. Enseñó esta materia, primero en Berkeley y más tarde en Harvard desde 1882 hasta su fallecimiento en 1916 

[8] Carlos Díaz Llorca, Profesor Titular, Profesor Consultante y Profesor Emérito en la Facultad de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Habana. Doctor en Ciencias Económicas y Doctor en Ciencias. Fue Vicepresidente del Tribunal Nacional que otorga el grado de Doctor en Ciencias Económicas para las Ciencias Económicas Aplicadas. Tiene publicado 32 libros, algunos de ellos relativos a los Valores y las Estrategias de Valores en las organizaciones.

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