Cómo conseguir una Organización Brillante: A quienes no debemos irritar


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En el post anterior que se refería a Liderazgo -Cómo conseguir una Organización Brillante: Obtener el Consenso-, advertía de que

Se van a irritar

Y así será si usted aplica mis propuestas -casi seguro que , al final, desistirá de hacerlo y preferirá seguir como siempre; sucede en el 60% de los casos- irritará a muchas personas pero eso, lejos de preocuparle, debería satisfacerle porque es la prueba más evidente de que tomó el camino adecuado. Esto es, mala comparación, como el alcohol cuando se lo aplicamos a nuestros hijos después de una caída. ‘El Alcohol cura y si pica es que te está curando’ les decimos  nuestros hijos que protestan entre lloriqueos. Si se irritan unos cuantos o unos muchos, que tanto da cuantos sean, es que vamos en la dirección adecuada.

Ahora bien, usted gerente, jefe de equipo o propietario, líder en cualquiera de los casos, con un equipo que se dispone a afrontar el mercado global, debería ser muy cauto y perspicaz a la hora de irritar o molestar a sus colaboradores.

A quiénes no debemos irritar?

  • A los que se ajustan a lo planeado
  • A los que cumplen lo prometido
  • A los que son capaces de tomar iniciativas
  • A los que se equivocan por ‘hacer’, por probar, por aportar…
  • A los que aportan ideas
  • A los comprometidos
  • A los que aportan conocimiento
  • A los que innovan

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Yo sé que muchos creerán que eso ya no se estila, que nado contracorriente cual salmón amoratado pero no es así, sobre todo si nos fijamos porqué los salmones, en su mayoría, son anádromos palabra que proviene del griego anadromous y cuyo significado es “correr hacia arriba“, por esa razón y por ninguna otra es por la que yo no nado contracorriente  sino que corro hacia arriba, para conseguir los mejores resultados dentro de la organización. Como diría el Dr. House, me resulta más fácil pensar que los demás son los que están equivocados, aunque sean muchos; esto no es un juego de demócratas.

D&D

Diferenciar y Distinguir, ese sería el eslogan que sirviera de paraguas a nuestras decisiones y el PIN que todos nuestros colaboradores deberían llevar en la solapa o en la camisa, para recordarnos constantemente nuestra obligación hacia ellos y así valorarlos adecuada y acertadamente.

Recompensa

  • Los que cumplan con las expectativas deberán ser refirmados
  • Los que superen las expectativas previstas serán compensados de la forma más adecuada
  • Los que incumplan con el nivel exigido tendrían que ser revisados, re-ubicados o, según cada caso, tal vez, despedidos

Irritar puede ser bueno para la organización. Si se van, es casi seguro que la organización se beneficiará de ello. Pero en el caso de que no se vayan, serán los buenos quienes lo hagan y la organización lo acabará pagando

Como decía Collin Powell,

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A estas alturas del post, ya hay quien me estará despellejando vivo, quien incluso se habrá descargado una imagen mía del Blog para utilizarla de diana de sus dardos más afilados…¡en los ojos, diana en los ojos y ganarás! se escucha comentar entre los compañeros mientras se toman unas cañas de cerveza

Lo comprendo, es lógico que nadie quiera escuchar lo obvio, lo evidente. Y lo digo porque, si usted me sigue leyendo, o tiene mucho interés profesional en el tema o está pasando por una etapa de gran dificultad. Siendo así, ¿porqué se niega a aceptar que las cosas se pueden hacer de otra manera y esa no es a base de componendas y medias tintas?

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Indagando por Internet, descubrí que estos tres personajes indiscutibles del management moderno (Steve Ballmer, de Microsoft; Scott  McNealy, de Sun Microsytem; y Jack Welch, de General Electric) disponían de una misma y única visión. Los tres coincidían en su convencimiento de tres cosas:

  • Ofrecer Recursos y Oportunidades a todos

  • Otorgar las Mejores Recompensas a los Mejores Participantes

  • Asegurarse que las Personas con Desempeño Crónico Malo serán Despedidas

Eso me acabó de convencer de que no estar de acuerdo con todas esas nuevas teorías  de la relativización de las actuaciones malas y crónicamente malas (hasta la desesperación) de una porcentaje no significativo del personal, pero de consecuencias incalculables para la organización, me situaba en el lado más próximo al acertado. Miren, yo he sido sindicalista de base, incluso llegué a ostentar algún cargo relativamente significativo, y dejé de serlo al descubrir cómo muchos asalariados se aprovechan de la buena de fe de unos cuantos para trabajar menos -escaquearse, en lenguaje coloquial- y que no siempre la organización estaba equivocada.

Como tampoco soy un estúpido, no negaré la gran responsabilidad que tienen los mandos intermedios en la actitud de los colaboradores a su cargo; ni la poca formación ni la falta de humildad de los altos ejecutivos que cometen continuadamente desatinos con gran desprecio por la organización, de la que se creen propietarios con todos los empleados que hay en su interior. Las cosas no son así y, de hecho, creo que a los primeros que deberíamos formar es a las más altas instancias de cualquier organización, antes de empezar a formar a sus colaboradores de base.

La época del esclavismo acabó, las leyes Taylorianas ya no son tales leyes y no son más que un puñado de normas revisables y discutibles. Todo cambia menos una cosa, la exigencia por el respeto y el amor por las personas y por como se deben hacer las cosas. Y eso nos incluye a todos los que estamos dentro de cualquier organización y que nadie se llame a engaño, cuando digo que hay que “Asegurarse que las Personas con Desempeño Crónico Malo serán Despedidas“, me estoy refiriendo a todas, ocupe el lugar que ocupe dentro del organigrama.

¿Cómo conseguir una Organización Brillante? Resumen

  • Hacer de los Resultados y del Cambio las máximas prioridades de la organización
  • Escuchar a la organización, tomar en cuenta sus iniciativas y sus aportaciones
  • Definir el nuevo juego, explicar sus reglas y conseguir que todos participen
  • Estar seguros de que los mejores estén más satisfechos que los que no lo son
  • Deshacerse de los mediocres
  • Consideren la posibilidad de que si nadie se irrita, tal vez no se está presionando lo suficiente

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Cómo conseguir una Organización Brillante: Obtener el Consenso


Definamos, mejor, que no es el consenso

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Pues no, lamento defraudarle estimado lector-seguidor que ahora se siente mal por haber intentado en tantas y tantas ocasiones tratar de ser contemplativo con sus colaboradores más íntimos, siguiendo las pautas más modernas del manual del buen líder. El consenso no implica un debate interminable hasta alcanzar un acuerdo que, seguramente, resultaría de mínimos tratando de ceder para que todo el mundo se sienta integrado, participante y satisfecho su ego. Pues no.

Ayer, estaba visionando una serie de televisión que no creía fuera a dar mucho de sí (Halt and Catch Fire) y que, realmente empieza a entusiasmarme. En el tercer capítulo de la primera temporada -desconozco si hay más publicados o previstos- el ingeniero jefe de una compañía informática que trata de crear el primer portable, que no portátil, para competir con el monstruo azul IBM,  se acaba cansando de la postura de su ayudante más próximo que frena, una y otra vez, cualquier avance innovador por tratar de alcanzar un consenso imposible entre alguien que no es capaz de ser creativo y otro que sólo busca soluciones a cada problema. Acaban de tener un accidente de tráfico y la decisión del despido es fulminante. Se acabó.

Alcanzar el Consenso es positivo siempre y cuando se den una serie de circunstancias. Vamos con ello. Para ésto necesitamos:

  • Expresar con claridad cuál es el propósito
  • Facilitar los recursos necesarios para obtener los resultados señalados
  • Escuchar y aprender
  • Involucrar a los afectados

Falta una, que ahora presentaré pero repasemos con detenimiento cada una de las anteriores. Son funciones propias de cualquier líder: Claridad (no generar dudas de ningún tipo, saber dónde estamos, qué buscamos y con qué contamos), Facilitar Recursos (para eso están los líderes, no para mandar, sí para tomar decisiones y facilitar a los demás su trabajo, principal, básicamente y por encima de cualquier otra), Escuchar y Aprender (¿Cuántos no son los líderes que piensan, erróneamente, que si los colaboradores que le rodean les ven dudar, rectificar o aprender de ellos, perderán autoridad? ERROR) e Involucrar (les necesitamos, somos un equipo o no alcanzaremos los objetivos)

¿Se imaginan la situación de un cirujano que le vaya a intervenir a usted, a corazón abierto, y le dijera algo así como: “Bueno, vamos a ver que encontramos por aquí dentro” o “Estoy pendiente de que me llegue la válvula que le tengo que implantar en su aorta y, la verdad, es que tenemos poco tiempo para volver a cerrarlo”. Que desoyera los consejos del anestesista diciéndole “Ya asumo yo la responsabilidad, póngale sólo tantos mililígramos…” de lo que sea que se tenga que poner. O, para acabar de redondearlo, tratara de cualquier manera a las enfermeras que le colaboran? Claro, es imposible que esto, así tal cual se dé, no deja de ser una recreación absolutamente exagerada aunque, alguna que otra vez me haya topado con cosas muy parecidas.

Y les decía que me faltaba una y no menor

  • Tomar decisiones. Gusten o no gusten

Entonces, ¿para qué me pides tu opinión si luego vas a hacer lo que te de la gana?” Un clásico. Es así, mi obligación como líder, para eso me dieron el encargo, es tomar una decisión lo más documentada que se pueda y cualquier colaborador puede disponer de una información sensiblemente importante para alcanzar el objetivo que sea en el que nos hallemos inmersos. Ninguno, y entiéndanlo bien, ninguno de los colaboradores es menos importante que otro a la hora de poder manejar información sensible. No obvie a ninguno de ellos si, algún día, quiere ser un gran líder. Luego, haga lo que le de la gana, tome la decisión que considere más oportuna, incluso equivóquese pero sea capaz de entender cuál fue el proceso que le llevó a la toma de decisión. Si fue errónea, le ayudará a evitar repetirla y si fue acertada busque si había un medio mejor, no se entretenga en felicitarse, eso ya lo hará con su pareja durante la noche del próximo sábado con una botella de cava si eso le satisface. Ahora toca resolver el siguiente teorema o lo que sea que se le presente.

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Trabajar así comporta ‘ciertos desajustes‘ por cuanto usted va a tener que estar mucho más encima de sus colaboradores, atendiéndoles, entendiéndoles, preguntándoles, escuchándoles, pidiéndoles un sobre esfuerzo que -a algunos- puede que no les guste y decidiendo. Usted mismo se va  ver obligado a una actitud mucho más activa y proactiva de la que mantiene en la actualidad, se acabó la comodidad:

Sus rendimientos quedarán controlados
Sus agendas adaptadas y cambiadas
Los resultados determinarán quien es eficaz y quien no lo es
Vamos a mover su silla
y… al fin…

Se van a irritar

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Próxima entrega de “Cómo conseguir una Organización Brillante, ¿A quiénes no debemos irritar?”

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En 1455 vivimos la primera revolución del conocimiento de la mano de Johann Gutemberg (inventor de la imprenta); en 1927 (unos quinientos años después), Philo Taylor Farnsworth, inventó el tubo disector de imágenes (culpable directo de la televisión); a principios de los 90 (sólo sesenta años después) pusimos a disposición del público, Internet; ahora, en lugar de quinientas cadenas de televisión, disponemos de millones de páginas web

¿Qué está pasando?

El 90% de los científicos que han nacido, permanecen vivos hoy en día; en Vietnam, sólo un 15% de los soldados eran universitarios. En la ‘Operación Tormenta del Desierto’, el 93% lo habían conseguido; En los ’60, en las escuelas británicas se formaban 5000 estudiantes de MBA. Hoy son 75000; en los ’60, España contaba con el 1,68% de la población con estudios universitarios. Hoy representa el 25,57% (mujeres 12,96% y hombres 12,61%)

¿Qué está pasando?

Presión en el entorno empresarial

–Decía David Vice, presidente de Northern Telecom:

En el futuro habrá dos clases de empresas: las rápidas y las muertas.

Presión de los consumidores

–La lealtad ha muerto. Ya no nos comprometemos de por vida a una institución

BUSCAMOS, COMPARAMOS COMPRAMOS

 

 “Los militares están más asustados de perder que deseosos de ganar”

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LOS EMPRESARIOS consagrados, TAMBIÉN

¿Qué está pasando?

Más Información + Más Formación + Cambio de Hábitos + Más Competencia + Globalización + Menos Capacidad de Gasto = Cambio de Paradigma

Y algunos no se han enterado. Estamos desnudos frente al mundo…

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¿Cómo lo haremos?

Reinventar:  Innovar o morir!

Este es un ensayo sobre lo que es necesario hacer para crear algo sobresaliente. Es una súplica en favor de la originalidad, pasión, audacia. Una forma de entender una teoría, consiste en observar y entender en lo que trabaja el mundo y determinar que tienen en común los éxitos alcanzados por los demás. Pero,

¿qué tienen en común ….

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Usted, mientras ha ido visionando estos nombres y estos establecimientos habrá ido pensando en qué pueden tener todas están compañías en común.

Y habrá tenido diferentes pensamientos, ideas, potenciales respuestas incluso o no habrá entendido para qué le propongo este estúpido (a priori) juego.  Sea como fuere, la respuesta es rápida:

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No tiene nada que ver ni con la facturación, ni con el tamaño, ni con los beneficios, ni con los disgustos que les deben dar al CEO de turno los miles de empleados a los que se enfrentan cotidianamente. La razón , o mejor la explicación, es otra:

Todas las anteriores imágenes responden a distintas organizaciones fueras de serie y están en las franjas extremas: Muy Rápido o Super LentoMuy Exclusivo o Muy BaratoMuy Grande o Muy Pequeño. La razón por la cual resulta tan difícil seguir a un líder es porque son líderes exactamente porque hicieron algo sobresaliente, ninguno hizo lo mismo que otro líder y cada cuál lidera su segmento. Y cuando usted decide hacer lo mismo ya no es tan sobresaliente porque no fue el primero —Seth Godin, Fast Company/02.2003

Pero, permítanme jugar un ratito más con ustedes. Les propongo un último ejercicio mental en época de crisis para los pensadores. La siguiente imagen tiene una serie de afirmaciones -concretamente siete- con un espacio en negro que falta completar y que responde a un adjetivo común para cada uno de ellos. Ese adjetivo es el secreto mejor guardado de porque fracasamos las compañías en los momentos de crisis, en los momentos actuales en los que abunda la información, la competencia, la globalización, la formación, etc…

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¿No lo ha descubierto todavía?¿Lo ha hecho pero no sabe si coincide con la respuesta adecuada?

Bien, pronto la solución, al final de este artículo, lo justo para que siga pensando un poquito más. Hasta ese momento, recuerde que mientras su compañía, su empresa o su organización siga cumpliendo a rajatabla el contenido de la imagen anterior + el dichoso adjetivo de marras, ustedes tienen un problema y, déjenme que se lo diga con todo el cariño,  grave además. Van a acabar cerrando su empresa o, por lo menos, van a pasarlo muy mal, francamente mal. Y como no se lo deseo de ningún modo, le invito a esa reflexión que no están haciendo por falta de Liderazgo Objetivo.

Tomen decisiones, que para eso nacieron, para saber que algún día se morirían y también para tomar decisiones

Ahí va la respuesta, espero que la entiendan pero, sobre todo, que busquen la manera de paliar sus consecuencias. Sí, porque su empresa adolece de ese mal, como el 99’98% de las organizaciones en el mundo, no es que seamos adivinos, es la tiranía de la costumbre y si la suya no lo sufriera, usted estaría en una isla paradisíaca sin hacerle puñetero caso ni a este invento infernal llamado Internet, ni a este Blog -como el que hay miles de mejores y más originales- en la nube, ni a este profesor pedante que esta cansado de ver como estamos destruyendo el entorno laboral y profesional en el que nos venimos moviendo durante los últimos cien años, todo por falta de claridad en las ideas y en los planteamientos. Es muy fácil una vez conocida la respuesta:

Tome decisiones o váyase a su casa 

desde el mayor de los respeto, por descontado.

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Sea diferente y dejará de ser mediocre. Tal vez se arruine, no le voy a engañar, pero por lo menos no seguirá arrastrándose por el mercado de la mediocridad y se lo pasará mejor. Y si funciona, envíeme su Caso de Éxito, para poder publicarlo y ponerme yo la medalla que sólo a usted le corresponde. Gracias, estaré por aquí por si me necesita.

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¿Popularidad o Notoriedad?


En un momento en que estamos inmersos en España y en Catalunya en una crisis total y absoluta de liderazgo político creíble y sostenible, entender porqué votamos a unos o a otros puede resultar sintomático de a lo que nos arriesgamos. No obstante, esta píldora sobre liderazgo institucional o empresarial sólo trata, al menos en parte, de situar en el contexto organizacional el valor de la popularidad vs la notoriedad, algo que, en ocasión anterior, ya traté de resaltar.

La importancia que le doy a este tema no es baladí porque, al final, podría resultar que por simpatías o por antipatías, acabáramos dejando en manos de incompetentes simpáticos el futuro de nuestros bolsillos, de nuestros hijos y hasta el de nuestro país.

(Extraído del curso sobre liderazgo impartido por Antonio Pascual para la Dirección Comercial de FundEmi, Universitat Ramón Llull)

Le voy a hacer una pregunta a usted lector que está teniendo a bien seguirme en este Blog. Trate de ser honesto con usted mismo, nada que pueda responder quedará grabado ni estamos nosotros al otro lado para censurarle, ni tampoco se trata de una pregunta trampa, es muy sencilla y directa.

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Sólo podrá haber respondido o SI o NO. ¿Qué sucedió en el caso que hubiera elegido la primera opción?

Fácil…

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pero no se desanime por esto que todo tiene arreglo y, por supuesto, sus excepciones. Ahora vamos a explicar porque cuestionamos que su popularidad le convierta en un buen líder. Su propia respuesta nos da pistas al respecto. Claro que nadie estará dispuesto a aceptar, sin reticencias y sin resistirse, que no mantiene una buena relación con sus compañeros o con subalternos. Ni ellos nos dicen siempre -casi nunca- lo que verdaderamente piensan de nosotros. Tampoco creo que nuestro ego lo fuera a resistir  sin una descarga de adrenalina maliciosa y perversa que, a buen seguro, nos haría sentir bastante mal durante un par de horas, por lo menos. Pero a lo que vamos…

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Efectivamente, esto no es un concurso de Popularidad, ser líder es algo muy serio y siempre saldrán los reconcentrados que digan que se puede ser una cosa y la otra a la vez. Pues va a ser que no. Nunca se ha conseguido quedar exonerado de los detractores a la labor de liderazgo. Los mejores han sido cuestionados o ¿acaso olvidan al Santo Job que después de una vida  de rectitud absoluta fue cuestionado por sus propios amigos?

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Pero vamos a lo importante, para ser un buen líder hay que orientarse a los resultados…

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Vamos  a establecer la diferencia básica entre la Notoriedad y la Popularidad, base de partida de muchos de lo errores que cometen los líderes en el desarrollo de sus competencias

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Así es, la Notoriedad es la verdadera característica que eleva al rango de líder a los que el universo necesita para que les guíe y les acompañe

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Cuántos líderes se ha perdido este mismo Universo nunca lo sabremos pero si queremos fomentar un entorno de éxito organizacional, comencemos por posicionar en los lugares de liderazgo a aquellos que no cayendo tan simpáticos, están preparados, disponen de conocimiento, etc. y, por descontado, cuentan con valores personales entre los que se encuentran el compañerismo, el respeto, el amor por el prójimo, la humildad, el espíritu de colaboración y una actitud de servicio y apoyo a su equipo.

Sólo un ejemplo que nunca debería repetirse: Sir Winston Churchill

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Un personaje para la historia, capaz de llevar en volandas a su país a la victoria durante la IIª  Guerra Mundial, de inigualable audacia, conocimiento e inteligencia. Notorio entre todos pero, desafortunadamente para él y para su país, poco hábil con las relaciones sociales y, por ende, poco simpático y poco popular. Perdió las elecciones. Gran Bretaña habría sido muy distinta hoy, eso seguro ¿mejor o peor? ya nunca lo sabremos.

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Calumnia, injuria y difamación


calumniaHace, por lo menos, no menos de tres años que escribí este capítulo de mi primer libro  (San Benito y el Management Moderno) remarcando la existencia de este tipo de actitudes a cargo de personajillos endebles, emocionalmente débiles en consecuencia, y de dudosa actitud moral cuando menos.

Lo recojo de nuevo y lo publico en mi blog, y no es oportunista pero sí oportuno, en la certeza de que a muchos les podrá servir como reflexión y a otros tantos que me conocen les servirá para entender que mi actitud ante circunstancias provocadas por los sujetos descritos es terminante: ni los quiero cerca de mí, ni permito que hagan ‘su trabajo’ perjudicando a quien no se lo merece y menos si son amigos míos. El perdón, sí; la convivencia, no. Ahora, vamos a lo que vamos.

San Benito nos advierte, expresamente, sobre dos maneras de perjudicar a terceros en las que hace especial hincapié: la calumnia y la difamación. Evidentemente, calumniar, según nuestra perspectiva actual, se asemeja a difamar ya que en ambas reside intrínsecamente el interés de causar mal a un tercero, sea persona física, jurídica o entidad de cualquier otro tipo. El término calumnia queda recogido ya en las Leyes de las XII Tablas[1] si bien algunos le otorgan orígenes etruscos, bastante anteriores o, por lo menos, sí al ascendente etimológico.

La calumnia comparte categoría legislativa en sus orígenes con la injuria y la difamación, siendo consideradas del tipo penal básico y que las tres persiguen lesionar el honor de las personas. Quedaba encuadrada, pues, en las afrentas que se pudieran hacer contra el honor (y dignidad) que antes hemos comentado.

Con todo y no ser lo más extendido en estos días a nivel empresarial, no dejaremos de ver casos en los que alguien es culpado ignominiosamente de un proceder inadecuado, a sabiendas que esto no es así, buscando algún tipo de beneficio propio. Y si, como leeremos en breve, difamar me resulta algo inaceptable por parte de quien lo ejerce de manera habitual y con absoluto conocimiento de lo que hace, y aunque fuere con dudas sobre la veracidad de sus palabras, la calumnia me resulta uno de los crímenes sociales más execrable que se puedan dar en un entorno profesional. No en vano, para que una atribución falsa pueda encontrar un buen campo de cultivo, es necesario que la persona afectada carezca de defensa o justificación y se den, probablemente, circunstancias que permitan que la idea cuaje de manera firme en la mente de quienes disponen de poder decisorio. Abusar y aprovecharse en beneficio propio de la debilidad de alguien –inexistencia de protección– resulta del todo punto despreciable.

Hay que tener en cuenta que quien calumnia puede estar buscando objetivos mucho más perversos que la simple lesión del honor de su víctima o hacerlo sin mayor pretensión que la de causar el mal por el mal, debido a envidias u otros manejos mentales de quien la profiere. No es difícil imaginar en un entorno laboral el interés por conseguir que alguien pierda su puesto en beneficio de quien calumnia o de un tercero, por quien se sienta predilección o sobre el que se tenga algún tipo de ascendente. Hacer correr un rumor a través de los canales adecuados dentro de una organización, permite generar un estado de opinión contrario a una persona suficientemente importante como para acabar convirtiéndose en verosímil, con el adjetivo de ‘presunto’. El saber popular ayuda con su si el río suena, agua lleva y la mayor parte de ejecutivos no quieren correr riesgos innecesarios.

Lo que ya no es tan corriente, pero si puede generar consecuencias, es la derivación de apertura de expedientes y procedimientos contra las personas calumniadas, pudiéndose llegar a que pierdan su condición laboral e, incluso, su puesto de trabajo y aquí, ya no sólo nos encontramos ante un acto de mala fe contra el honor de un/una compañero/a, sino que se está atentando contra la propia compañía que puede decidir la destitución o el despido, injustamente, de una persona que, a partir de ese momento, dejará de aportar valor añadido a la entidad con las consecuencias derivadas.

Y todo ello sin olvidar, y me parece mucho más grave y trágico todavía, que se está abonando un terreno que puede llegar a destruir un entorno familiar –el del calumniado– por perder su fuente de ingresos, incluso llegando a crear la duda entre sus más directos en cuanto a su integridad personal y/o profesional o, peor todavía, afectando al propio individuo que no disponga de la suficiente fuerza y entereza moral para soportar una situación injustificable que le ha condenado al fracaso profesional y quién sabe si personal. El equilibrio psicológico y mental de las personas dista de ser homogéneo y se ve sometido a muchas circunstancias que cada cual resuelve de maneras bien diferentes y, desde caer en una depresión, hasta caerse desde la azotea de su casa, hay un amplio abanico de posibilidades en las que ambas entran y alguien acaba cayéndose. Las consecuencias de la maldad pura y simple o de la maldad por interés son difícilmente previsibles y no se tiene en cuenta que, detrás de cada hecho que tiene repercusión en un ser humano, caben unas reacciones imprevistas que no se tuvieron en consideración más allá del interés personal que nos movió a actuar de una determinada manera.

Lo que sí puedo afirmar rotundamente por haber vivido una situación similar en primera persona es que, cuando esto sucede, nadie concede al afectado el beneficio de la duda. Probablemente, no se adopten medidas en su contra porque no existen pruebas flagrantes que sustenten la acusación y se trate de mantener el statu quo de manera que no se vea afectado el día a día de la compañía, pero la malvada idea maquinada por un envidioso, un mezquino o un despechado, prosigue en su avance de manera implacable cual si fuera un virus que, más tarde o más temprano, se cobrará su pieza. Es decir, desgraciadamente, salvo integridad absoluta por parte de quien le corresponde tenerla y adoptar decisiones, el éxito siempre acompañará al calumniador porque no se actúa con la presunción de inocencia y porque los latinos somos muy dados a aceptar todo tipo de comentarios perversos, dándoles pábulo sin prueba alguna que los sustente. Otra cosa fuera el rechazo sistemático hacia cualquier comentario, denuncia o insinuación que no se pudiera demostrar y sostener de una manera efectiva y, aún y así, se deberían meditar mucho los motivos que llevaron a la persona denunciada a actuar de una determinada manera.

Aquellos que ven sometido su honor y su dignidad a debate, sin causa alguna que lo sustente, y sólo por la actuación de terceros desconsiderados que responden a intereses espurios y controvertidos, saben lo que se llega a sufrir en el proceso, pero ignoran lo más importante, y es que, aunque la razón les asista, el resultado será el mismo. Por eso es tan importante que decapitemos cualquier intento y cualquier intencionalidad dentro de la organización en la que ejercemos responsabilidades de todos aquellos comentarios, chismes y denuncias que no hayamos visto, escuchado o seamos capaces de comprobar por nosotros mismos. De nuestra determinación hoy dependerá, en muchas ocasiones, la efectividad y los resultados de mañana. Acostumbrémonos a no prestar nuestros oídos y nuestro tiempo a maquinaciones extrañas, seamos sensatos e invitemos a quienes tengan algo que decir, que sean capaces de hacerlo en público con demostraciones manifiestas o que se mantengan en el más profundo de los silencios con sus conjeturas evitando, de esta forma, cualquier malentendido o calumnia.

Y, con aquellos en los que percibamos un manifiesto interés por perjudicar a través de la calumnia a terceros, seamos inflexibles con la respuesta que no puede ser otra que mostrarles la puerta de salida. No necesitamos de ellos en nuestra organización, son como las sanguijuelas que nos absorben energías muy necesarias para centrarnos en la consecución de los objetivos principales de la compañía.”

Lo dicho, tolerancia cero con calumniadores, injuriadores y difamadores en cualquier ámbito de la vida, ya sea profesional, social, familiar o vecinal. Son uno de los peores cánceres que atormentan a nuestra sociedad, a nuestras sociedades y agrupaciones que, además, tienen la rara habilidad de camuflarse con una y mil prendas distintas y justificativamente creíbles. Para muestra un botón, la última ocurrencia para justificar lo injustificable ha sido aducir la dislexia del difamador. Y yo creía que lo había visto y escuchado todo…

Confío en que, en los próximos cinco años o más, sea capaz de explicarles, a los que tienen a bien leer y seguir mis artículos, la relación entre dicha disfunción -la dislexia- y la afición por injuriar, difamar o calumniar del personaje en cuestión y es que, en los tiempos que corren, vemos de todo y cada día más y más raro, aunque el pan siga siendo pan y el vino… pues, preferiblemente tinto y de barrica.

[1] Texto legal para normalizar las relaciones de convivencia entre los romanos muy discutidas por los patricios y los pontífices romanos, toda vez que suponía la desacralización del derecho, tal y como se entendía hasta entonces, y ponía los cimientos de lo que luego hemos conocido como el Derecho Romano, antecesor de nuestras actuales bases jurídicas. Estas leyes permitieron que los plebeyos accedieran al conocimiento de las mismas y se reconocieran las relaciones entre unos y otros, permitiendo la creación de unas estructuras sociales hasta entonces de facto (Roma 450 a.C.).