QUO VADIS HISPANIA?


 

No tengo mucho que decir, más bien nada, sólo lo que vengo denunciando perseverantemente pese a que nadie se hace especialmente consciente de ello, ni me apoya, ni lo rebota. Por lo general, después de un post como este, se producirá una pérdida de seguidores, sobre todo en Redes Sociales (facebook y demás).
 
El titular de este artículo firmado por Jordi Sevilla en El Periódico de Barcelona del pasado 29 de Julio de 2018, debería ser tal como:
 

“El 22% de la población española está por debajo del umbral de la pobreza”

 
Pero él ha preferido titularlo “Problemas Económicos de España“, supongo para que alguien lo leyera; con seguridad de haber utilizado mi propuesta no lo hubiera leído nadie o casi. Se preguntaba un novelista belga –Jeroen Olyslaegers– que acaba de publicar un libro demoledor, Voluntad, “¿Cómo es que la población del mundo, de Europa, no increpamos a los políticos por sus comportamientos irresponsables, por el desastre medioambiental, por traicionar nuestro futuro? El barco se hunde y no nos damos cuenta de que nos hundimos con él“. Él mismo, poco antes, durante la entrevista había respondido a esa pregunta, casi sin darse cuenta: “Tomamos una decisión o hacemos algo por no perder el trabajo, para proteger a alguien , por no buscarse problemas…” Su decisión, lector de este post, será la de borrarse como seguidor o como amigo virtual pero ya le advierto desde ahora mismo que, en España seguirán habiendo:
 
¡¡¡22 españoles de cada cien que está por debajo del umbral de pobreza, algunos amigos, conocidos o familiares suyos que ni tan solo sospecha!!!
 
Su silencio, mi querido amigo virtual, borrarme de su vida, no lo va a resolver, ni callar tampoco. Y ahora vamos con el artículo, impagable, de Jordi Sevilla
 
“Los problemas de España siguen intactos desde el reciente cambió de Gobierno aunque ahora hay algo diferente: se reconocen y se proponen soluciones. Cuatro asuntos sintetizan nuestros males económicos: baja productividad, excesiva desigualdad social, atracción fatal por el endeudamiento e insuficiente impulso en la transición hacia una sociedad sostenible. Ninguno es nuevo, ninguno se resuelve solo y ninguno es compatible con un país abierto a la globalización y a la transición digital, pero dispuesto a mantener un elevado nivel de bienestar social.
 
España mantiene una importante brecha de productividad horaria con Alemania, mientras la productividad total de los factores apenas crece desde hace 20 años y está muy por debajo de la media de países más avanzados. No es, pues, un problema de ahora, pero es un problema grave que la actual recuperación no está resolviendo.
 
Conocemos los factores que explican esta “diferencia española”: baja intensidad en innovación productiva (gastamos en I+D, en términos de PIB, la mitad que los países avanzados); un mercado laboral precario (abuso de contratos temporales, mal pagado, escasa formación profesional) y un tejido empresarial en el que las empresas con menos de 10 trabajadores ocupan al 40% de la fuerza laboral, pero solo aportan el 26% del valor añadido bruto.
 
HORAS Y PRODUCTIVIDAD
 
Nuestra renta per cápita está más relacionada con las horas trabajadas que con la productividad por hora, lo cual es un indicador de país tecnológicamente poco avanzado en el que coexisten empresas totalmente punteras a nivel internacional, rodeadas de un mar de microempresas con baja productividad.
 
La preocupación por la desigualdad social se ha convertido en uno de los ejes de la ultima reunión de Davos o de informes del FMI que observan cómo la suma de globalización más robotización está depauperando a las clases medias y con ello, afectando negativamente al crecimiento económico y al propio proceso democrático.
 
VULNERABILIDAD SOCIAL
 
Entre nosotros, el Banco de España ha señalada que la crisis ha golpeado con mayor dureza a las capas mas bajas y que la actual recuperación no esta corrigiendo este hecho. Solo como ejemplo, mientras que el 22% de la población está por debajo del umbral de la pobreza, el número de súpermillonarios ha crecido un 24% en los últimos cinco años, dibujando un país donde la desigualdad en la riqueza es, incluso, mayor que en la renta. A ello ha contribuido de manera especial tres cosas: un elevado paro (casi) estructural y sin cobertura; una reforma laboral que ha debilitado la capacidad negociadora de los trabajadores (predistribucion), así como un Estado que no cumple de manera eficaz su tarea de redistribución ya que no contribuye más quien más tiene, ni recibe más quien más lo necesita.
 
Baja productividad más escasa redistribución de renta y riqueza han construido un modelo de crecimiento donde familias, empresas y Estado recurren al crédito bancario en mayor medida que en otros países de nuestro entorno. La tasa de ahorro de los hogares (5% de la renta bruta disponible) se sitúa en esta recuperación por debajo del promedio histórico (9,5%) y muy por debajo de la zona euro (12%). Además, el ahorro se concentra en vivienda (crédito hipotecario) y hasta el actual repunte del consumo tiene una elevada dependencia del crédito bancario. Por ello, aunque hemos hecho un proceso acelerado de desapalancamiento privado desde el 200% del PIB que alcanzó la deuda de empresas y familias en 2010, todavía estamos en un 140%, cifra a la que se debe sumar el 100% del PIB de deuda pública existente y que no ha bajado a pesar de la recuperación.
 
La vulnerabilidad de nuestro país en un escenario alcista de tipos de interés e inflación baja es, pues, muy elevada.vTambién nos hace vulnerables el retraso con que abordamos la transición hacia una economía descarbonizada, en una sociedad baja tanto en emisiones de CO2 (renovables) como en generación de residuos (economía circular). La sostenibilidad medio ambiental es ya en un elemento fundamental de competitividad como reconocen los departamentos de riesgo de las entidades financieras y, en eso, no vamos por buen camino ya que ni hemos reducido emisiones, ni dependencia del petróleo o del carbón y la acumulación de basuras sin tratamiento, es ya un serio problema.
 
Cuatro grandes retos de país, en busca de un Gobierno decidido, tras constatar la herencia recibida, a impulsar las reformas necesarias mediante amplios consensos políticos y sociales. Porque la fuerza de un Gobierno democrático no es su capacidad para imponerse de forma unilateral, sino para sumar apoyos.”
Anuncios

Siete recomendaciones prácticas para salir de la crisis


crisis-oportunidad_ok

El Profesor Domènec Melé, profesor titular de Ética en los Negocios, nos regaló esta artículo en su Blog, semanas atrás, que por su transcendencia reproduzco íntegro para que podáis debatirlo o reflexionar sobre su contenido.

La crisis en la que nos encontramos se deja notar cada vez más y, lo que es peor, se está haciendo larga. Los expertos auguran que saldremos de ella, pero lentamente. Es una previsión, pero su realización tendrá lugar, como la entera historia humana, con actos de libertad. La solución a la crisis no depende sólo de la ahora famosa “troika”: Banco Central Europeo, Unión Europea y Fondo Monetario Internacional. Depende también de todos nosotros. No debemos esperar pasivamente soluciones venidas de “arriba” o “logros sociales” por repetidas y molestas huelgas o por sonadas manifestaciones.

Creo que es importante tomar conciencia de que debemos poner algo de nuestra parte; cada uno lo que tenga a su alcance. Puede contribuir a ello asumir y difundir buenos valores; ya sean valores contrarios a aquello que está en el origen moral de la crisis, ya sean valores refrescantes y animosos que puedan ayudar a superar la situación actual. Una reflexión sobre esta base me lleva a recomendar siete valores. Puede haber más, pero me parece que los que siguen no deberían faltar.

1. Ver el mundo con objetividad y no dejarse hundir por las dificultades. En la crisis faltó objetividad en las posibilidades de endeudarse y un optimismo ilusorio. Ahora se trata de no quedarse con ver el vaso medio vacío, ni tampoco medio lleno, aunque esto último es preferible. Más bien ver lo que hay dentro del vaso y tomar conciencia de su valor. Se puede haber perdido el trabajo, los ahorros, la casa… o quizá no tanto, pero puede seguir habiendo familia, amigos de verdad, sentido de la vida e incluso de eternidad. Valorar lo que se tiene es capital. Los recursos materiales son necesarios, pero insuficientes para una vida buena.

2. Aprender a vivir con austeridad y laboriosidad. Hay gran consenso en que, por lo general, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, influidos por una sociedad consumista en la que se incita a disfrutar de todo tipo de bienes aun cayendo en el despilfarro. Al mismo tiempo, se ha fomentado poco una cultura del esfuerzo y del trabajo o se ha visto únicamente como un medio para el consumo y no en su valor personal y social.

3. Compartir deberes más que reivindicar derechos. Muchos tiene plena conciencia de sus derechos subjetivos y quizá no tanto de sus deberes. El estado del bienestar, junto a grandes logros, puede haber contribuido a crearla. Durante la crisis, nadie se quejó ni se preocupó demasiado de que los políticos se endeudaran hasta extremos insospechados. Derecho a recibir, sí, pero también deber de contribuir y controlar. También ahora, cada grupo se queja de los recortes que le afectan; cada quien busca su interés, sin reconocer el deber de todos de asumir la situación y ayudar a superarla.

4. Actuar con magnanimidad y espíritu emprendedor. Lo contrario a esperar pasivamente o resignarse a situaciones insostenibles es tener “grandeza de ánimo”, proporcionado por la virtud de la magnanimidad, y espíritu emprendedor. La magnanimidad no es soñadora sino realista, pero con sentido positivo, altura de miras y creatividad. No se queda en la queja sino que mira cómo afrontar la situación y, si puede, mejorar su entorno y el de otros. Una persona magnánima reacciona así: si no encentro trabajo en mi oficio, voy a ir pensando en otro; si me falta preparación, me dispongo a conseguirla; si no hay trabajo aquí, trato de crearlo o me voy a otro país.

5. Ser solidarios con los más necesitados. Mientras salimos de la crisis, existe el riesgo que muchos se queden en la cuneta. Probablemente, todos saldremos económicamente más empobrecidos de la crisis, pero estas pérdidas pueden llevar a necesidades extremadamente básicas. Es necesario considerar que otros pueden estar peor que nosotros y necesitar nuestra generosidad. Las necesidades pueden ser perentorias: alimentación, servicios básicos, vivienda,… pero no es sólo eso: también hay personas pobres en afecto, en bienes culturales, en esperanza, en confianza y otros valores espirituales que llenen sus vidas.

6. Fomentar una cultura de cooperación. Entre las causas morales de la crisis, subyacía un marcado individualismo egoísta y una despreocupación por las consecuencias sociales de la búsqueda desenfrenada del propio interés. Ahora se trata de superar esta visión fomentando una cultura de cooperación, generadora de capital social. Estamos en el mismo barco y las acciones de uno repercuten en otros. Nadie es independiente de los demás; de algún modo, todos somos interdependientes. En la crisis, hubo “contagio” de uno sector a otro y entre países. La voluntad de cooperación ha de ser también contagiosa; y todo es empezar.

7. Gobernar con sabiduría y coraje y contribuir a conseguirlo. No se ha hecho durante la crisis. Ha habido irresponsabilidad por parte de la banca, de los supervisores y reguladores y de los gobiernos. Ha faltado prudencia y han sobrado deseos de ganar dinero o votos, y de no complicarse la vida buscando lo más ético. Ahora, más que nunca, se requiere sabiduría práctica para acertar en las medidas oportunas y coraje para aplicarlas. Esto parece que sólo afecta a quines gobiernan instituciones, públicas y privadas, pero no es así. También los gobernados deben participar y contribuir al buen gobierno. Con su voz, su voto y otras acciones pueden influir en gran manera sobre los que están al frente de las instituciones.

Ya sé que a muchos no les va a gustar ésta receta… Siete ingredientes, pero que siete ingredientes. Algunos, para localizarlos tendremos que esforzarnos bastante en encontrarlos. No basta con la lista del supermercado… más bien me recuerda la odiesa de En Busca del Arca Perdida, pero bueno, ahí están. Pruébenlo ¡¡¡

Siete ideas para luchar contra la corrupción en nuestra sociedad


DomenenchMele

Reproducción íntegra del texto recogido en el Blog del profesor Domènec Melé del IESE, a quien tuve la oportunidad de realizar una entrevista telefónica el pasado jueves 24 de Enero de 2013, y que nos dejó a todos la impronta de su humanidad y sencillez desgranando dos problemas de la manera más sencilla y clara posible: Cómo Afrontar la Crisis y Cómo Afrontar la Corrupción.

Además de facilitar el link del profesor Melé en éste Blog, me permito reproducir estas dos entradas suyas (hoy la primera) con su autorización. Empezaremos con la que está más de ‘moda’: Siete ideas para luchar contra la corrupción en nuestra sociedad

“Son numerosos los casos de corrupción que han aflorado en diversas comunidades autónomas españolas en los últimos años. Han causado una abrumadora percepción de corrupción en todo el país. En ellos están involucrados políticos de diversos partidos, pero también empresarios y profesionales. La Vanguardia del 20 de enero publicaba una encuesta online – sin valor científico pero significativa – en la que el 91% afirmaba que la corrupción es ahora el principal problema de España. La corrupción y el fraude también ha aumentado en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en su valoración como problema nacional. Su percepción ha pasado de 9,5 puntos en noviembre a 17, 2 en diciembre de 2012. Los políticos y los partidos políticos como problema sigue siendo alto (sólo superan a estos dos problemas, la preocupación por el paro y la situación económica).

Es evidente que la corrupción hace mucho daño: crea desconfianza, incentiva nuevas conductas abusivas, detrae dinero de finalidades sociales, desanima el esfuerzo y rompe el principio de legalidad. Es, pues, necesario luchar con energía contra la corrupción. Pero, ¿cómo? Pienso que en varios frentes, incidiendo en las causas de la corrupción, tomando medidas disuasorias a actuaciones corruptas y persiguiendo enérgicamente la corrupción. Se puede actuar:

  1. Asumiendo y fomentando la sensibilidad hacia la defraudación y la corrupción, tomado conciencia de los daños que ocasionan y de la importancia de eliminar estas prácticas. Los partidos políticos suelen utilizar la corrupción como arma arrojadiza contra sus adversarios, pero la reacción pública contra la corrupción es todavía demasiado débil Fomentar la sensibilidad social pasa por afinar el sentido de responsabilidad por el dinero público, tanto en su recaudación como en su distribución. Responsabilidad que se extiende al deber moral de pagar impuestos y a la preocupación por el buen uso de los caudales recaudados.
  2. Promoviendo transparencia en las instituciones, sobre todo en los partidos políticos y las instituciones públicas. Cuando las cuentas son claras y comprensibles y se dan a conocer, el riesgo que hacer trapas o actuar con favoritismo disminuye, si más no, por el riesgo de que se descubra.
  3. Implementando medidas disuasorias de comportamientos corruptos. Junto a la transparencia, pueden contribuir a disuadir actuaciones corruptas leyes exigentes, códigos de conducta bien elaborados y que se hagan cumplir, y adecuados medios de vigilancia y control, incluyendo grabaciones conocidas por todos. 
  4. Consiguinendo una mayor eficiencia en la administración de justicia y en la actuación de otros poderes públicos. No basta con tener leyes, sino que deben hacerse cumplir. La lucha contra la corrupción exige inspecciones bien programadas y una actuación decidida de inspecciones o de la fiscalía y aun creando potenciado fiscalías específicas, como ya se ha hecho en diversos lugares. La justicia, además de responder a su nombre, que es lo primero,  tiene que se rápida y eficiente. No es de recibo que un proceso judicial por corrupción tarde 14 años en ser resuelto, como ocurrió en la “Caso Pallerols”.
  5. Eliminando estructuras o políticas que incentiven la corrupción. Es lo que ocurre con una mala regulación de la financiación de los partidos políticos, la cual puede incentivar alternativas irregulares de financiación. También con subvenciones poco claras o faltas de un control efectivo, que favorecen los sobornos.
  6. Aumentando el control social sobre las instituciones. Pueden hacerlo instituciones de con observatorios específicos, los medios de comunicación, o bien organismos específicos. Este control exige evitar conflicto de intereses, y en concreto que el controlador tenga intereses sobre quien lo controla.
  7. Educando en la honradez. Lo más importante a largo plazo. Según una encuesta reciente, el 42% de los jóvenes de 16 a 24 años justifica la evasión de impuestos y el fraude, si bien están en desacuerdo con los recortes sociales. La pregunta es, ¿se educa suficientemente en la honradez? ¿Qué medidas tomas las escuelas ante las copias en los exámenes y los plagios en los trabajos? ¿Cómo se presenta y ejemplifica el valor de la honradez?

Siete ideas para pensar, y seguro que hay más. Con todo, pienso que lo más importante, en último término, son las personas y sus motivaciones para actuar bien. ¿Qué puede motivar tal comportamiento?”

Pobre no es el que tiene poco…


Cuando escuchas o lees discursos, explicaciones, escritos y pensamientos como el de D. José Mujica, presidente de Uruguay, y, además, alguien como él, en su situación de status quo político, social y presidencial, se atreve a exponerlo públicamente ante todos los grandes mandatarios del Planeta, se expone a dos cosas: que le traten de excéntrico o que se le tome como modelo a seguir.

No conocía este discurso del Presidente de la Nación Uruguaya hasta esta mañana. Táchenme de ignorante si quieren pero trato de seguir lo menos posible a políticos, chorizos y mangantes del Planeta, sean de donde sean. Hasta ahora reconocía abiertamente mi admiración sólo por uno y no le podía votar porque estaba en otra comunidad autónoma, se trata de D. Miguel Ángel Revilla, ex presidente de Cantabria. Ahora declaro públicamente mi admiración por este presidente – D. José Mújica-, en este caso de una pequeña nación, por tamaño, como es Uruguay pero de una grandeza sólo al nivel de su máximo mandatario.

Tampoco quiero decir que todos sean iguales en su condición de chorizos y mangantes, que Dios y la justicia me libren de ello, obviamente no los conozco a todos y las generalizaciones nunca fueron buenas, pero sí que he acabado desconfiando de casi todos, como casi todos los españoles ahora mismo al ver como su Gobierno, y el anterior también, incumple todas y cada una de sus promesas electorales; excepto, claro, aquellos que siguen manteniendo algún cargo de confianza o puesto dentro del aparato. Sólo digo que con líderes así, los países, las naciones, los ciudadanos, pueden ir con la cabeza muy alta por todo el mundo diciendo con legítimo orgullo, como en este caso: soy uruguayo. Qué envidia siento y cuanta vergüenza ajena hemos de seguir soportando. Suerte que el noble deporte del balón lo salva todo (es una ironía, por si no había quedado suficientemente claro).

Disfrútenlo, es una lección de economía, de humanismo, de civilización, de cordura y de ética universal.

“Autoridades presentes de todas las latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias, nuestro agradecimiento al pueblo de Brasil y a su señora Presidenta. Y Muchas gracias a la buena fe que seguramente han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de acompañar todos los acuerdos que, ésta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir. Sin embargo, permítasenos hacernos algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha estado hablado del desarrollo sustentable, de sacar a inmensas masas de la pobreza ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo es el actual de las sociedades ricas?

Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

Más claro, ¿el mundo tiene los elementos hoy, materiales, como para hacer posible que siete mil u ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible?

¿O tendremos que darnos un día otro tipo de discusión? Porque hemos creado una  civilización en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia, que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.

Pero lo que fue economía de mercado, ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización que significa mirar, por todo el ¡planeta!

¿Y estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros?

¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

Nada de esto lo digo para negar la importancia de este evento. No, es por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es ¡política!

El hombre no gobierna, hoy, las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre. Y la vida, porque no venimos al planeta para desarrollarnos en términos generales, venimos a la vida intentando ser ¡felices! Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es elemental.

Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un plus y la sociedad de consumo es el motor porque, en definitiva, si se paraliza el consumo o si se detiene, se detiene la economía y si se detiene la economía, es el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese híper consumo, a su vez, es el que está agrediendo al ¡planeta!

Y tiene que generar ese híper consumo cosas que duren poco, porque hay que vender ¡mucho! y una lamparita eléctrica, no puede durar más de mil horas prendida ¡Pero hay lamparitas eléctricas que pueden durar cien mil… doscientas mil horas! Pero esas no se pueden hacer, porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que tener una civilización de “uso y tire” y estamos en un círculo vicioso.

¡Estos son problemas de carácter político! que nos están diciendo la necesidad de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos volver al hombre de las cavernas, ni de tener un monumento del atraso. Que no podemos, indefinidamente, continuar gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado.

Por ello digo que el problema es de carácter político… en mi humilde manera de pensar. Porque… los viejos pensadores definían, Epicúreo, Séneca, los Aymaras: pobre no es el que tiene poco sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea, y desea… y desea más y más. Esta es una clave de carácter cultural

Entonces… voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen. Y lo voy acompañar, como gobernante. Porque sé que algunas cosas de las que estoy diciendo rechinan.
Pero tenemos que darnos cuenta… que la crisis del agua… que la crisis de la agresión al medio ambiente,  no es una causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay tres millones de habitantes, poco más… tres millones doscientos pero hay unos trece millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos ocho o diez millones de ovejas estupendas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura, casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las ocho horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo seis horas. Pero el que se consigue seis horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la motito que compró, el autito que compró, y pague cuotas, y pague cuotas y cuando  quiere acordar, es un viejo reumático como yo y ¡se le fue la vida!

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?

Estas cosas son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad.
¡Tiene que ser a favor de la felicidad humana! ¡Del amor…arriba de la tierra! ¡De las relaciones humanas! ¡De cuidar a los hijos! ¡De tener amigos! ¡De tener lo elemental!

Precisamente, porque eso es el tesoro más importante que tienen. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana.

Gracias

Rio de Janeiro (Brasil). 26 Junio 2012 Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible

En búsqueda de la excelencia…


Aristóteles, infatigable pensador y suministrador sin igual de acertados aforismos de aplicación personal y empresarial, nos obsequió con éste que viene como anillo al dedo para mi Reflexión Despeinada de esta mañana: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito

A lo largo de mis años impartiendo cursos y conferencias a empresarios y comerciantes no me he encontrado nunca, todavía, con ninguno que haya sido auto crítico y me haya reconocido que, tal vez, no estuviera haciendo bien las cosas o no atendiendo adecuadamente a sus clientes. Y es que todos pensamos que hacemos las cosas bien.

De hecho sólo hay tres maneras de hacer las cosas: Bien, Mal y Excelente, algo que pocos se plantean. La inmensa mayoría cree que las hace bien y no escucha las alarmas que le indican que es así pero sólo bajo su perspectiva, cuando la que verdaderamente importa es la del cliente. Como ya he explicado no conozco a nadie que abiertamente reconozca que lo hace mal. Pero, lo que de verdad me sorprende, es que nadie se plantee hacerlas de modo Excelente.

Tiene su cierta parte de lógica. Hacerlo implica mantenernos en un continuo estado de auto revisión, lo cual se nos hace difícil. Es algo así como imaginarte siempre que vas segundo –aunque vayas el primero y destacado- en persecución de un primero que va delante de ti. Implica un gran esfuerzo personal, de análisis, de crítica, de escuchar, de analizar pero, aplicado cada día, como nos decía Aristóteles, se acaba convirtiendo en un hábito que nos conduce a la diferenciación con la gran mayoría que ‘sólo’ lo hace bien.

¿Qué obtengo haciéndolo bien? Nada. No hay diferenciación. Es lo que nuestros clientes, las personas con las que nos relacionamos esperan. Forma parte del acuerdo y/o contrato. Pero muchos esperan ver y encontrar la excelencia para quedarse con quién es capaz de ofrecerla. Mientras, aquellos que creen hacerlo bien, se justifican, se excusan, alegan que lo hacían bien pero que el mercado…, los clientes…, los grandes grupos…, y un largo etcétera de lamentaciones que precede al cierre de operaciones de negocios, comercios, relaciones, etc.

¿Está usted satisfecho? Pues tiene un problema… importante.

La Excelencia es la única salida que nos queda en este mundo de competencia.