Lo que nos enseña Edmund Phelps


Para todos aquellos que vengan siguiendo las opiniones y pensamientos de Edmund Phelps, premio Nobel de Economía 2006, he recogido unas frases de la entrevista que le hacen en el diario La Vanguardia de Barcelona a este catedrático de Política Económica en la Universidad de Columbia, el pasado sábado 27 de de Mayo de 2017. Son para tratar de profundizar en cada una de ellas y reflexionar con mucha calma. Vamos con la primera.

Todo dirigismo económico y planificación centralizada de los empeños humanos desembocará ¡siempre! en el fracaso, porque el individuo necesita un margen para actuar, intentar cosas, equivocarse, arriesgar, innovar, producir algo distinto… En definitiva, para imaginar y crear. Y si esto se coarta, ¡todo se estancará y se pudrirá!

Cierto es que esta respuesta lo era a una afirmación del periodista que le entrevistaba sobre el fracaso soviético, pero el lo generalizó y lo hizo extensivo a cualquier tipo de organización, tuviera el tamaño que tuviera. Da lo mismo que estemos hablando de un estado como de una empresa. Las empresas y organizaciones de cualquier tipo que se empeñen en planificar y dirigir hasta el último extremo de su desarrollo tienden a su autodestrucción por putrefacción.

El único filtro natural que tienen las aguas de las que beben la supervivencia de las organizaciones lo constituyen sus propios empleados, el factor humano tantas veces denostado y casi siempre obviado hasta el punto de convertirlo en un ‘recurso’ como otro cualquiera. A ellos les corresponde purificar esas aguas para que la empresa se mantenga viva y duradera.

Desde hace dos o tres generaciones estamos educando a la gente para que busque el empleo mejor  pagado. Y no para explorar lo desconocido, arriesgarse a perder todo, experimentar, innovar, probar, crear

A mayor abundamiento, en España, les educamos para que  opositen para trabajar en la Administración Pública, en entidades monolíticas tales como financieras, eléctricas, gasistas, de comunicaciones o se queden en las universidades impartiendo formación teórica, cualquiera que les garantice una economía ni que sea moderada, pero siempre largoplacista. Y, por si fuera poco, a los que no alcanzan su objetivo los etiquetamos de perdedores; por el contrario, los que sí han logrado esos, vamos a llamarles limitados, objetivos, son los grandes triunfadores de nuestra caduca sociedad.

Nuestra hipócrita sociedad cristiano-catolicista, al final, basa el éxito de sus integrantes en la obtención de bienes materiales por encima de los intelectuales o de su desarrollo personal. Mientras, el mundo se mueve y avanza gracias a los que desafían estas máximas y la misma sociedad, entonces, los tilda de aprovechados, afortunados, capitalistas y explotadores (ver los ejemplos de Bill Gates, Amancio Ortega, etc., sin ir más lejos). Para hacérselo mirar..

Esta es mi receta: que las escuelas fomenten la innovación, que cortemos todo tentáculo del poder que entorpezca la competencia…¡y que leamos a todos los grandes!

Por la lectura alcanzaremos el conocimiento, empezando en las escuelas donde no se enseña economía, innovación, valores, empresa, emprendimiento… ni nada que ayude al individuo a discernir por sí sólo, inculcando nada más lo que nos da la lógica (ciencias) y lo que nos permita la memoria (letras). Nuestros maestros, acceden a sus puestos después de haber superado una licenciatura generalista de Magisterio, en bastantes casos probablemente incluyan en su currículo una licenciatura de especialización en matemáticas, física y química, literatura, historia, etc… ¿para cuándo la de Economía, la de Administración de Empresas o la experiencia de los propios emprendedores, repartidos a partes iguales entre los que alcanzaron su sueño y quienes no lo alcanzaron o lo perdieron?

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Amor por lo que hacemos


amor por lo que haces

En búsqueda de la excelencia…


Aristóteles, infatigable pensador y suministrador sin igual de acertados aforismos de aplicación personal y empresarial, nos obsequió con éste que viene como anillo al dedo para mi Reflexión Despeinada de esta mañana: “Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito

A lo largo de mis años impartiendo cursos y conferencias a empresarios y comerciantes no me he encontrado nunca, todavía, con ninguno que haya sido auto crítico y me haya reconocido que, tal vez, no estuviera haciendo bien las cosas o no atendiendo adecuadamente a sus clientes. Y es que todos pensamos que hacemos las cosas bien.

De hecho sólo hay tres maneras de hacer las cosas: Bien, Mal y Excelente, algo que pocos se plantean. La inmensa mayoría cree que las hace bien y no escucha las alarmas que le indican que es así pero sólo bajo su perspectiva, cuando la que verdaderamente importa es la del cliente. Como ya he explicado no conozco a nadie que abiertamente reconozca que lo hace mal. Pero, lo que de verdad me sorprende, es que nadie se plantee hacerlas de modo Excelente.

Tiene su cierta parte de lógica. Hacerlo implica mantenernos en un continuo estado de auto revisión, lo cual se nos hace difícil. Es algo así como imaginarte siempre que vas segundo –aunque vayas el primero y destacado- en persecución de un primero que va delante de ti. Implica un gran esfuerzo personal, de análisis, de crítica, de escuchar, de analizar pero, aplicado cada día, como nos decía Aristóteles, se acaba convirtiendo en un hábito que nos conduce a la diferenciación con la gran mayoría que ‘sólo’ lo hace bien.

¿Qué obtengo haciéndolo bien? Nada. No hay diferenciación. Es lo que nuestros clientes, las personas con las que nos relacionamos esperan. Forma parte del acuerdo y/o contrato. Pero muchos esperan ver y encontrar la excelencia para quedarse con quién es capaz de ofrecerla. Mientras, aquellos que creen hacerlo bien, se justifican, se excusan, alegan que lo hacían bien pero que el mercado…, los clientes…, los grandes grupos…, y un largo etcétera de lamentaciones que precede al cierre de operaciones de negocios, comercios, relaciones, etc.

¿Está usted satisfecho? Pues tiene un problema… importante.

La Excelencia es la única salida que nos queda en este mundo de competencia.

 

 

Por qué Apple es diferente?


Más allá de lo simpática e imaginativa que nos pueda resultar la fotografía superior, no nos dejemos engañar por lo que nos pueda sugerir y centrémonos en la realidad que subyace y sobre la que versa la reflexión despeinada de hoy.

En 1988, la revista International Management reflejaba una declaración del Doctor Edward de Bono, prolífico escritor, en la que afirmaba que: “En general, nuestra cultura es una cultura de cadáveres, de muertos. Toda la fuerza de nuestra interconexión con el pensamiento está planteada en términos históricos” Posiblemente, hoy en día, con Internet en el espacio su afirmación iría acompañada de matices pero no seré yo quien vaya a rectificarle ni quitarle un ápice de razón en los fundamentos de su aforismo.  De ello, la imagen que ilustra este post es una buena prueba.

No ha habido, no han existido, dos Steve Jobs o, por lo menos, sólo existe un Apple. ¿Por qué?

Siendo tantas las compañías que tratan de hacerse con el mercado, porqué sólo una ha sido capaz de absorber el alma de sus clientes. La única capaz de hacer que les compres un teléfono o un tablet, que una computadora o un portátil. La única capaz de congregar a cientos de miles de personas pendientes de la salida al mercado de un nuevo producto de su factoría, sea cual fuere.

¿Qué como lo hacen? Pensando en el cliente en lugar de hacerlo en el producto. Como decía E. de Bono, todos lo sabemos pero, en el fondo, no dejamos de ser unos cadáveres sujetos a los dictámenes de la historia. Y es que, el tren del éxito, si lo reconoces cuando pasa, es que has hecho tarde para tomarlo. Nuestros líderes son cadáveres con más miedo a perder que deseosos de ganar, sujetos siempre al status quo que les mantiene ahí, en sus despachos de cristal. Así no se avanza y, en este mundo que vuela tan deprisa, el que no avanza, retrocede y se queda atrás.

También les dejo un link muy interesante en el que se explica con bastante detalle la gran diferencia entre Appel y otras compañías del mercado informático. Para aprender. El ponente es Simon Sinek, popularizador del Círculo de Oro. El escenario TED. A fecha de hoy, sólo lo había visionado unos 6,978,483 de personas.

Clicar encima del enlace Simon Sinek y accederán a la página de TED. A continuación, posicionando el cursor sobre la pantalla que les aparecerá, podrán acceder a la barra de control que les permitirá elegir el idioma en el que quieran ver los subtítulos (de entre 39 diferentes), si el inglés se les resiste como a mí.

Simon Sinek

Ahora o nunca ¡¡¡


Don King, un estrafalario y exitoso promotor de boxeo dejó ir de su boca una perla que recogió el The Daily Telegraph el 7 de Septiembre de 1977: “Hay que creer en lo increíble y sacar una oportunidad de lo imposible

Ahora, hoy, más que nunca los españoles, como media Europa, nos enfrentamos a una situación que nadie nos ha acabado de explicar en toda su dimensión por miedo a lo que pudiera suceder a continuación. Nuestros políticos se muestran tan cautos como los empresarios de mayor influencia, todos, unos y otros están atemorizados. Saben que la verdad es muy dura, muy cruda y nos van dando la información con cuenta gotas. Tienen miedo, en realidad, de perder sus prebendas, sus privilegios, sus puestos prominentes que les permite mantener un status quo ventajista. Pero eso ya no es nada nuevo para nadie y si no que se lo pregunten a griegos, portugueses e irlandeses.

Pero la buena noticia es que dependemos de nosotros mismos para revertir esta situación y no estoy llamando a nadie a una revolución, que con la corriente independista que estamos viviendo en Catalunya ya tenemos suficiente. Solamente estoy exponiendo algo que todos sabemos y no nos atrevemos a poner en marcha: Creer en lo increíble y sacar una oportunidad de esta situación.

Necesitamos a gente con vocación de cambio, con ilusiones y anhelos que ya lo no tengan miedo a perder nada. Necesitamos a gente joven, a gente con experiencia, dispuestos a hacer cosas nuevas, imaginativas, originales, distintas, que saquen provecho de la inmensidad de oportunidades que se generan en nuestro entorno porque, a veces no hay próxima vez, no hay una segunda oportunidad, no hay tiempo de espera. A veces, es ahora o nunca. Ésta es una de ellas.

En una pequeña población catalana, Martorell, un grupo de emprendedores están haciendo el cambio al amparo de un proyecto llamado VilaEmprèn y donde habían tiendas cerradas, están abriendo nuevos proyectos con resultados interesantes, demostrando que, a partir de la Sociedad Civil, con el apoyo más moral que económico que les presta el Ayuntamiento, la Diputación, la Cámara de Comercio y el Consorcio de Comercio, Artesanía y Moda, se pueden hacer cosas increíbles como revertir una tendencia de cierre y darle la vuelta a la situación como a un calcetín. Gente joven, negocios diferentes, oportunidades y el público responde. Martorell puede. Catalunya puede. España puede.

Hemos de aprender a leer las situaciones, las circunstancias, y ellos han sabido hacerlo. A veces, es ahora o nunca. En todos los órdenes de la vida.